El decenio de los setenta: la creación del ambientalismo
El decenio de los ochenta: definición del desarrollo
sostenible
El decenio de los noventa: la implementación del desarrollo
sostenible
2000 en adelante: una revisión del programa

Si bien el medio ambiente ha sido siempre
esencial para la vida, las preocupaciones acerca del equilibrio entre
la vida humana y el medio ambiente alcanzaron dimensiones internacionales
recién en la década de 1950. Durante los años siguientes, se comenzaron
a ensamblar las piezas, supuestamente inconexas, de un rompecabezas mundial
para revelar la imagen de un mundo con un futuro incierto.
Libros y artículos que comenzaron a quebrar paradigmas, tales como La
Primavera Silenciosa de Rachel Carson (Carson 1962) y «La tragedia de
los espacios colectivos» de Garrett Hardin (Hardin 1968), motivaron a
los países y a la comunidad mundial a entrar en acción. Una serie de catástrofes
aumentó el interés por el medio ambiente; entre ellas se destacaron las
deformidades congénitas en bebés causadas por la talidomida, el derrame
de petróleo del Torrey Canyon a lo largo de la pintoresca costa norte
de Francia y la declaración de científicos suecos de que la muerte de
miles de peces y otros organismos en los lagos de su país era resultado
del largo alcance de la contaminación atmosférica en Europa Occidental.
| La tragedia de los espacios colectivos |
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La tragedia de espacios públicos como fuente de alimentos se anula
con la propiedad privada o algo que formalmente se le parezca. Pero
el aire y el agua que nos rodean no se pueden cercar de manera fácil,
por lo que la tragedia de los espacios colectivos como cloaca se
debe prevenir por diferentes medios, con leyes coercitivas o impuestos
que hagan que al contaminador le resulte más barato tratar sus contaminantes
que desecharlos tal cual.
Fuente: Hardin, 1968.
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Para finales de los años sesenta, la voz de
la preocupación ambiental sólo se escuchaba en Occidente.
Dentro del mundo comunista, la destrucción incansable del medio
ambiente en nombre de la industrialización continuó sin
freno. En los países en desarrollo, las preocupaciones ambientales
se consideraban lujos occidentales. «La pobreza es la peor forma
de contaminación», afirmó la Primer Ministro de India,
Indira Ghandi, quien desempeñó un papel clave al orientar
la agenda de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano
celebrada en Estocolmo en 1972 hacia las preocupaciones de los países
en desarrollo (Strong 1999). El líder de la delegación china
a la conferencia de Estocolmo declaró: «Sostenemos que de
todo lo que existe en el mundo, lo más valioso es su gente»
(Clarke y Timberlake 1982).
A principios del decenio de los setenta, la atención se centró
primero en el ambiente biofísico, por ejemplo, en asuntos de manejo
de la fauna y flora silvestres, conservación de los suelos, contaminación
del agua, degradación de la tierra y desertificación, considerándose
a las personas como la causa fundamental de tales problemas. En Occidente
convivían (y hasta cierto punto todavía lo hacen) dos importantes
escuelas de pensamiento con opiniones divergentes sobre las causas de
la degradación del medio ambiente. Una culpaba a la ambición
sin medida y a la búsqueda incansable del crecimiento económico,
mientras que la otra responsabilizaba al crecimiento demográfico.
Un comentarista afirmó que una contaminación que no se combate
y una población que no se estabiliza constituyen verdaderas amenazas
a nuestro modo de vida y a la vida misma (Stanley Foundation 1971).
Estas opiniones se concentraron en el estudio más famoso de la
época, el modelo computarizado del futuro mundial creado por el
Club de Roma, que atrajo la atención del orbe. El Club de Roma
era un grupo de cerca de 50 autocalificados «sabios» (y sabias),
quienes se reunían con frecuencia para tratar de enderezar el mundo,
muy al estilo del grupo Pugwash de científicos especialistas en
la Guerra Fría. El modelo del Club de Roma, que se publicó
con el nombre de Los límites al crecimiento, analizó cinco
variables: tecnología, población, nutrición, recursos
naturales y medio ambiente. Su conclusión principal fue que si
las tendencias continuaban, el sistema global se sobrecargaría
y colapsaría para el año 2000. Para evitarlo, tanto el crecimiento
demográfico como económico tendrían que detenerse
(Meadows y Meadows 1972). A pesar de que Los límites al crecimiento
recibió serias críticas, hizo público por primera
vez el concepto de límites externos, reflejando que el desarrollo
podría estar condicionado por la limitación de los recursos
de la Tierra.
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