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Por lo visto, muchos de los logros de Estocolmo fueron traducidos en
acciones concretas. A pesar de que gran parte de sus 109 recomendaciones
todavía no se cumplen, constituyen, ahora como entonces, importantes
metas. Igualmente importante fue el éxito de la Conferencia en
reducir la brecha entre la visión de las naciones desarrolladas
y aquella de los países en desarrollo. El primer intento se había
llevado a cabo en una conferencia en Founex, Suiza, en 1969. El Informe
Founex de junio de 1971 identificó al desarrollo y al medio ambiente
como «dos caras de la misma moneda» (UNEP 1981). El Comité
de planificación y redacción de la Conferencia de Estocolmo
mencionó en su informe de abril de 1972 que la «protección
ambiental no debe servir de excusa para disminuir el progreso económico
de las naciones emergentes».
Un mayor progreso se concretó en 1974, cuando se celebró
en Cocoyoc, México, un simposio de expertos presidido por Barbara
Ward. Dicho simposio, organizado por el PNUMA y la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), identificó
los factores económicos y sociales que conducen al deterioro del
medio ambiente (UNEP/UNCTAD 1974). La Declaración de Cocoyoc (declaración
oficial que emanó del simposio) influyó en el cambio de
actitud de los principales pensadores ambientales. Lo que se dijo en Cocoyoc
sirvió de antecedente para el primer párrafo de la Estrategia
mundial para la conservación que se publicó en 1980 (véase
más adelante) y se volvió a enunciar en el Geo-2000 en 1999:
«El impacto destructor combinado de aquella mayoría de seres
humanos pobres que luchan por subsistir, y de aquella minoría rica
que consume la mayor parte de los recursos del globo, está socavando
los medios que permitirían a todos los pueblos sobrevivir y florecer.»
(UNEP/UNCTAD 1974).
Otras afirmaciones de la Declaración de Cocoyoc ilustran la conciencia
de la dificultad de satisfacer las necesidades humanas de forma sostenible
en un medio ambiente bajo presión:
- El problema básico de hoy en día no es el de la escasez material,
sino el de la mala distribución y tratamiento, desde las perspectivas
social y económica.
- La labor de los estadistas es guiar a las naciones hacia un nuevo
sistema más capaz de satisfacer los límites internos de las necesidades
humanas básicas de todas las personas del mundo, sin violentar los límites
externos de los recursos del planeta y del medio ambiente.
- Los seres humanos tienen necesidades básicas: alimento, vivienda,
vestimenta, salud y educación. Cualquier proceso de crecimiento que
no conduzca a su satisfacción, o peor aún, que la impida, constituye
una parodia del concepto de desarrollo.
- Todos tenemos la necesidad de redefinir nuestras metas, nuevas estrategias
de desarrollo o nuevos estilos de vida que incluyan pautas de consumo
más modestas entre los ricos.
La Declaración de Cocoyoc termina:
El camino hacia adelante no reside en la desesperanza del fracaso
ni en el optimismo fácil de sucesivas soluciones tecnológicas. Reside
en la evaluación cuidadosa y objetiva de los «límites externos», a través
de la búsqueda mancomunada de formas de alcanzar los «límites internos»
de los derechos humanos fundamentales, a través de la construcción de
estructuras sociales que expresen esos derechos, y por medio de todo
el trabajo paciente de diseñar métodos y estilos de desarrollo que conserven
y mejoren nuestra herencia planetaria.
La visión del rumbo a seguir se reflejó en las nuevas y
detalladas imágenes del planeta que aparecieron en el decenio de
1970 como resultado del lanzamiento del satélite Landsat por Estados
Unidos en julio de 1972. Estas imágenes fueron determinantes en
el cambio de las actitudes humanas hacia el estado del medio ambiente
mundial. El registro de treinta años que ofrece Landsat también
demuestra que, lamentablemente, tales actitudes no se han modificado lo
suficiente (véanse las imágenes satelitales).
En cuanto al cambio climático, la preocupación creciente
acerca del calentamiento mundial (el científico sueco Svante Arrhenius
ya había advertido en 1896 acerca del «efecto invernadero»),
originó la primera Conferencia Mundial sobre el Clima, que tuvo
lugar en Ginebra en febrero de 1979 (Centre for Science and Environment
1999). Esta conferencia concluyó que las emisiones de dióxido
de carbono antropógeno pueden tener un efecto a largo plazo sobre
el clima. Al año siguiente se estableció el Programa Mundial
sobre el Clima (PMC), proporcionando el marco de referencia para la cooperación
internacional en investigación y la plataforma para identificar
las cuestiones climáticas más importantes de los años
ochenta y noventa, entre las que cabe mencionar el agotamiento del ozono
y el calentamiento mundial.
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