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Los problemas relativos a la tenencia de tierras abarcan la concentración
de la propiedad en una minoría de la población y la falta de títulos de
propiedad que tiene su origen histórico en el sistema colonial de propiedad
de tierras y la existencia simultánea de latifundios y minifundios agrícolas.
Cerca del 38 por ciento de la población rural son pequeños agricultores
y administran el 35,1 por ciento de las tierras permanentemente cultivadas
(van Dam 1999). Los tamaños promedios de las fincas oscilan entre 0,41
hectáreas en Ecuador y un poco más de 1,5 hectáreas en Brasil y Perú.
Pese a las numerosas reformas agrarias y regímenes de distribución de
tierras puestos en práctica en América Latina, la tenencia de tierras
no cambió notablemente; existe tanto una tendencia a fusionar fincas para
obtener latifundios más grandes como a aumentar el número de minifundios
(van Dam 1999). Ambos procesos tienen repercusiones ambientales desfavorables.
En las grandes fincas, la tierra sufre erosión y compactación debido a
la mecanización, así como salinización por causa del riego inadecuado
y la contaminación química. Los minifundios aumentan la deforestación
y conducen a la erosión y pérdida de fertilidad en el suelo porque se
utilizan en forma intensiva sin permitir que transcurran los suficientes
periodos de barbecho (Jazairy, Alamgir y Panuccio 1992).
El Programa de Acción Subregional de Desarrollo Sostenible de la Puna
Americana, a cargo de la secretaría de la Convención de las Naciones Unidas
para la Lucha contra la Desertificación, está elaborando un plan de acción
para una zona donde los recursos naturales son limitados y existen problemas
de pobreza, migración y marginalidad en aumento (UNEP/ROLAC 1999). La
cuestión de la tenencia de tierras, los reglamentos deficientes relativos
a las tierras y la eliminación de incentivos para la expansión agrícola
inspiraron el programa.
| Repercusión ambiental del régimen de tenencia
de tierras en las condiciones del suelo de Jamaica |
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Al igual que en el resto de América Latina y el Caribe,
el régimen de tenencia de tierras en Jamaica no es equitativo
y, tanto para los grandes latifundios como para los minifundios,
se utilizan pocos métodos de conservación y recuperación
de tierras.
En el decenio de los setenta, la reforma agraria benefició
los latifundios en forma de cooperativas, basada en el uso intensificado
de cultivos, la mecanización, el aumento de la superficie
de regadío y los monocultivos. Entre los impactos ambientales
cabe mencionar la erosión del suelo y su compactación
a causa de la mecanización, la salinización causada
por sistemas de riego deficientes y la contaminación química.
En el decenio de los ochenta, se cultivaba una cuarta parte del
territorio jamaicano y más del 90 por ciento de las fincas
abarcaban 4 hectáreas o menos. Esos minifundios estaban concentrados
en zonas montañosas ecológicamente frágiles
y de baja fertilidad. La agricultura se basaba en métodos
tradicionales, como el cultivo de corta y quema. Faltaban la infraestructura
física y los servicios básicos; los agricultores recibían
poco o ningún tipo de crédito y apenas si tenían
educación.
La expansión continua de los latifundios agrícolas
y la marginalización de los agricultores campesinos se traduce
en que ahora existen menos periodos de barbecho y rotación
de cultivos. La deforestación de las laderas montañosas
continúa y se ha reducido el número de animales de
tiro. En las zonas con minifundios, la degradación del suelo
tiende a aumentar, especialmente la pérdida de fertilidad
debido a la erosión, y eso se refleja en una caída
marcada en la producción.
Fuentes: van Dam 1999 y Library of Congress
1987.
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