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La oferta y producción de madera continúan siendo el foco
de atención de la mayoría de los inventarios forestales.
Más de un tercio de la biomasa leñosa de superficie se encuentra
en América Latina, el 27 por ciento de la cual está sólo
en Brasil. Los cálculos de FAO (2000) muestran que la producción
mundial de rollizos alcanzó 3 335 millones de metros cúbicos
en 1999. Un poco más de la mitad de la misma era leña, 90
por ciento de la cual se producía y consumía en los países
en desarrollo. Por otra parte, la producción de rollizos industriales,
que ascendía a 1 550 millones de metros cúbicos en 1999,
provenía predominantemente de países desarrollados que,
juntos, contaban por el 70 por ciento de la producción total mundial.
La tendencia general de la producción de rollizos industriales
fue relativamente uniforme durante los años noventa, lo que contrasta
con el rápido crecimiento que la caracterizó en los años
anteriores a 1990.
Los métodos de explotación forestal comercial son a menudo
destructivos y contribuyen, directa o indirectamente, a la deforestación.
En África Occidental se calculó que para obtener un metro
cúbico de madera se destruyen dos metros cúbicos de árboles
en pie (Serageldine 1990). La explotación forestal es particularmente
dañina en las cuestas empinadas o en ecosistemas sensibles como
los bosques en transición y manglares (véase el recuadro).
Aun cuando se seleccionen ciertas especies, también se causa daño
a especies no seleccionadas. La tala de bosques tiene consecuencias muy
graves sobre las poblaciones locales, las cuales pierden fuentes vitales
de alimentos, combustibles, materiales de construcción, medicinas
y zonas para el pastoreo del ganado. También expone los suelos
y las especies que viven en la sombra a los vientos, la luz solar, la
evaporación y la erosión, acelerando el embanque de los
diques, ríos y zonas costeras y causando también inundaciones
severas.
| Donde el bosque y el mar se encuentran |
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Bandada de aves en un manglar en Orissa,
India.
Fuente: PNUMA, Van Guissen, Topham Picturepoint
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Los bosques de mangles prosperan en las zonas
de intermareas de las costas tropicales y subtropicales de África,
Australia, Asia y las Américas. Bordean casi el 25 por ciento
de los litorales tropicales. Los bosques de mangles son, desde el
punto de vista biológico, uno de los sistemas más
diversificados y productivos del mundo. Brindan alimento y refugio
a muchas especies, y nutrientes al medio marino. Los manglares son
también terrenos de cría para peces y mariscos, y
lugares de nidificación y migración preferidos de
cientos de especies de aves (véase la foto). En Belice, por
ejemplo, se han registrado más de 500 especies de aves en
zonas de manglares. Los manglares también ayudan a proteger
los litorales contra la erosión y los daños provocados
por las tormentas y las olas, y protegen los arrecifes de coral
y los lechos de zosteras y algas marinas contra embanques dañinos.
Los bosques de mangles proveen madera de construcción y leña
a las comunidades locales.
Los manglares están amenazados por actividades tales como
la tala excesiva, la desviación de agua dulce, la contaminación,
las inundaciones prolongadas y los niveles fluctuantes del mar.
Además, las industrias del carbón y de la madera,
el turismo y otros proyectos de desarrollo en zonas costeras están
destruyendo los bosques de mangles. La rápida expansión
de la industria de acuicultura de camarones es la amenaza mayor:
casi el 50 por ciento de la destrucción reciente de manglares
se debe a la tala total para instalar centros de producción
acuícola de camarones.
Tailandia ha perdido más de la mitad de sus bosques de mangles
desde 1960. En las Filipinas el área de manglares ha disminuido
de aproximadamente 448 000 hectáreas en los años veinte
a sólo 110 000 hectáreas en 1990. En Ecuador, la región
de Muisne ha perdido casi el 90 por ciento de sus manglares. Posiblemente
se hayan perdido cerca de la mitad de los bosques de mangles en
el mundo.
Fuentes: Quarto 2002, UNDP, UNEP, World Bank
y WRI 2000.
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Hay una tendencia mundial hacia una mayor dependencia de las plantaciones
como fuentes de madera industrial. El desarrollo de plantaciones a gran
escala como propiedades forestales es un fenómeno mundial reciente:
la mitad de las plantaciones en el mundo tienen menos de 15 años.
Asia ha sido el líder mundial en el establecimiento de plantaciones:
en 2000, alrededor del 62 por ciento de las plantaciones forestales estaba
situado en esa región. Entre otros hechos importantes cabe mencionar:
el aumento de las inversiones del sector privado en plantaciones en los
países en desarrollo, la creciente inversión extranjera
en plantaciones y la expansión de esquemas de comercialización
mediante cooperativas en las que pequeños propietarios o comunidades
cultivan árboles para venderlos a empresas privadas (FAO 2001b).
Las plantaciones forestales tienen como característica el hecho
de contener sólo una especie, o muy pocas, lo que las hace menos
diversificadas biológicamente y más vulnerables que los
bosques naturales a las enfermedades y a otras perturbaciones.
Las industrias forestales continúan adaptándose a los cambios
que se producen en las materias primas, a saber la creciente oferta de
madera proveniente de plantaciones y la mayor variedad de especies. Se
han concebido recientemente modos innovadores que permiten el mejor uso
de la oferta disponible, así como de los residuos y desechos. Entre
esas nuevas aplicaciones cabe mencionar los tableros de madera enchapada,
la madera laminada encolada y productos hechos de fibras de madera. Además,
las industrias de procesamiento de la madera disponen actualmente de tecnologías
modernas que disminuyen las consecuencias para el medio ambiente mediante
la reducción de la contaminación y otros medios (FAO 2001a).
Muchos países han impuesto además prohibiciones a la corta
de árboles maderables, ya sea para conservar sus recursos forestales
o en respuesta a calamidades naturales devastadoras (como deslizamientos
de tierra e inundaciones) que se atribuyen, con razón o sin ella,
a la explotación forestal comercial excesiva. Los efectos de las
prohibiciones varían ampliamente según el tipo de políticas,
los productos afectados, las condiciones del mercado, etc. En algunas
situaciones, las prohibiciones pueden trasladar las presiones de la corta
de una región a la otra, afectar las comunidades que dependen de
los bosques, aumentar o disminuir las oportunidades de empleo, o perturbar
los mercados (FAO 2001a). También hay un interés creciente
en la certificación forestal, lo que podría ofrecer incentivos
de mercado a una mejor gestión de los bosques (véase el
recuadro).
| Certificación forestal |
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La certificación de gestión forestal ha sido promovida
intensamente por la sociedad civil durante el último decenio.
El hecho ha sido consecuencia de la desilusión pública
ante el fracaso de los gobiernos y organismos intergubernamentales
en mejorar la gestión de los bosques y poner freno a la deforestación
de manera efectiva, y la falta de discriminación de la industria
con respecto a la fuente de sus productos.
La certificación forestal es un instrumento voluntario y
basado en el mercado que permite a los consumidores identificar
productos forestales que responden a normas ambientales rigurosas.
Al centrar la atención sobre la calidad de la gestión
de bosques más que en la calidad de los productos forestales,
la certificación favorece la tendencia creciente a definir
las normas de producción y procesamiento en relación
con el rendimiento social y ambiental de la gestión de los
recursos.
Hay tres instrumentos principales de certificación en funcionamiento:
- la acreditación otorgada por el Consejo de Administración
Forestal (FSC), sistema internacional que exige a los productores
que cumplan con un conjunto global de principios y normas para
la buena gestión forestal y les acuerda una insignia FSC
con la que pueden etiquetar sus productos;
- la certificación otorgada por el Sistema de Gestión
Ambiental (SGA) como una de las certificaciones de la serie 14.000
de la Organización Internacional de Normalización
(ISO), y
- los esquemas nacionales de certificación, algunos de
los cuales contienen ciertos elementos de los sistemas FSC e ISO.
Hacia fines de 2000 cerca del 2 por ciento de los bosques del
mundo habían recibido certificado de gestión forestal
sostenible. Aproximadamente el 92 por ciento de dichos bosques estaba
situado en Alemania, Canadá, Estados Unidos, Finlandia, Noruega,
Polonia y Suecia. Al mismo tiempo sólo cuatro países
con bosques tropicales húmedos (Bolivia, Brasil, Guatemala
y México) tenían más de 100 000 hectáreas
de bosques certificados, con un total combinado de 1,8 millones
de hectáreas. Un número creciente de grandes cadenas
de comercios minoristas «hágalo usted mismo»
en Estados Unidos y Europa, y algunos de los constructores de viviendas
más importantes de Estados Unidos han anunciado que en adelante
favorecerán productos madereros certificados. También
están en aumento los grupos de compradores y consumidores
que se han comprometido a no comprar sino productos de fuentes certificadas.
Muchos millones más de hectáreas están en
el proceso de obtener certificación, aunque el concepto es
objeto de discusiones vehementes en muchos países. Los países
productores y los grupos de comerciantes tienden a considerarlo
restrictivo, mientras que los países consumidores con fuertes
grupos ambientalistas de presión tienden a poner de manifiesto
sus beneficios. Aunque todavía no hay muchas pruebas sobre
los efectos de la certificación en el nivel local y de mercado,
no cabe duda de que este procedimiento voluntario hace una contribución
positiva en el plano de la buena política. Asimismo, el establecimiento
del sistema creó un foro para que las partes interesadas
debatieran cuestiones más amplias de política forestal.
También ha tenido éxito en despojar de los poderes
de decisión a los grupos minoritarios con intereses personales.
Fuentes: FAO 2001b y 2001b, Mayers y Bass 1999.
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Las tendencias del comercio de productos forestales muestran que una
gran proporción de la producción total de productos madereros se destina
a la exportación, que hay un procesamiento creciente de la madera en el
nivel nacional antes de la exportación, que existe un comercio cada vez
mayor entre los países en desarrollo (particularmente en Asia) y que se
avanza a la liberalización del comercio a escala mundial. Al mismo tiempo
algunos países están imponiendo restricciones a la exportación a fin de
resolver problemas ambientales y de mercado en el nivel nacional. El comercio
de productos forestales y las cuestiones ambientales han sido objeto de
consideración por parte tanto del Comité de Comercio y Medio Ambiente
de la Organización Mundial de Comercio como del Foro Intergubernamental
sobre Bosques. Actualmente un grupo de trabajo de la Convención sobre
el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres
(CITES) está analizando los efectos del comercio sobre algunas especies
de árboles comerciales (FAO 2001a).
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