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Se calcula que la tasa anual de cambio del área total forestada
(tierras con un mínimo de 10 por ciento de cubierta de árboles
y un área mínima de 0,5 hectáreas) durante el periodo
1990-2000 de toda África es del -0,74 por ciento, lo que equivale
a la pérdida de más de 5 millones de hectáreas de
bosque por año, el área aproximada de Togo. Esta tasa es
más elevada que la de cualquier otra región. Los países
con tasa anual de deforestación más elevada son Burundi
(9,0 por ciento), Comoras (4,3 por ciento), Rwanda (3,9 por ciento) y
Níger (3,7 por ciento). Sudán, con 9,6 millones de hectáreas,
encabeza la lista en cuanto al área deforestada entre 1990 y 2000,
seguido por Zambia (8,5 millones de hectáreas), la República
Democrática del Congo (5,3 millones de hectáreas), Nigeria
(4.0 millones de hectáreas) y Zimbabwe (3,2 millones de hectáreas).
Sólo siete países aumentaron el área de sus bosques
durante ese mismo periodo (FAO 2001a).
Las estrategias de desarrollo económico y la implementación
negligente de los reglamentos de protección de los bosques constituyen
las principales presiones sobre los recursos forestales. Algunos gobiernos
en África Occidental y en África Central han acordado concesiones
de explotación forestal de especies seleccionadas a empresas privadas.
La madera se exporta principalmente para ganar divisas extranjeras. En
países como Angola, la República Democrática del
Congo y Sierra Leona la inestabilidad política y las guerras han
contribuido aun más a la deforestación. La tala de bosques
tiene consecuencias económicas negativas pues provoca la pérdida
de nuevas oportunidades de exportación, de ingresos provenientes
del turismo y de posibilidades de desarrollos farmacéuticos en
el futuro. Según cálculos conservadores, el costo anual
de la deforestación en Uganda sería de 3 a 6 millones de
dólares (NEMA 2000).
La tala de bosques se ha visto favorecida por políticas débiles
e ineficaces. En África Oriental, por ejemplo, se acordó
poca importancia a los ministerios de asuntos forestales durante los años
ochenta, lo cual dio por resultado políticas, leyes y reglamentos
de gestión forestal débiles o anticuados. En África
Meridional, la mayor parte de las políticas y leyes sobre explotación
forestal se promulgaron en los años setenta y son actualmente obsoletas,
lo cual se manifiesta por las multas pequeñas y no disuasivas que
se imponen por la violación de las mismas. Entre los fracasos de
las políticas que se aplican en África Occidental cabe mencionar
la falta de atención al desarrollo de fuentes alternativas de energía,
la financiación inadecuada de los ministerios de asuntos forestales,
la falta de apoyo a las inversiones privadas en gestión sostenible
de los bosques y reforestación, y los conceptos anticuados que
se utilizan para la conservación de los bosques y la participación
de la comunidad. No obstante, las presiones internacionales, los servicios
de extensión y las ONG han logrado que se tome conciencia de los
problemas forestales con mayor claridad. Varios países están
corrigiendo actualmente esas debilidades institucionales y están
procediendo a examinar, revisar y modificar las políticas forestales.
Las comunidades participan cada vez más en la definición
de políticas y en la implementación de estrategias de gestión
de los bosques. En África Meridional y en África Central
se han lanzado iniciativas internacionales de cooperación (FAO
2001b).
La tala de bosques con fines agrícolas ha tenido un papel importante
en la deforestación. En África del Norte el 13 por ciento
de la cubierta forestal se perdió por esa causa entre 1972 y 1992,
y en Nigeria se calculó que la deforestación de los bosques
ribereños y sabanas con fines agrícolas ascendió
a más de 470 000 hectáreas al año entre 1978 y 1996
(DoF Nigeria 1996). Si se considera África en su totalidad, el
60 por ciento de los bosques tropicales talados entre 1990 y 2000 se han
convertido en minifundios agrícolas permanentes (FAO 2001a).
Se han implementado algunos programas de reforestación en gran
escala, pero en la mayoría de ellos se han utilizado formas de
monocultivo que carecen de la diversidad biológica de los bosques
naturales que se busca remplazar. Aunque en algunos de los países
más áridos se ha logrado aumentar el tamaño de los
bosques, los programas de reforestación no han tenido mucho éxito
en la disminución de las tasas de deforestación, especialmente
en los bosques tropicales húmedos (ADB 2000, FAO 2001a).
Otro tipo de respuesta ha consistido en designar bosques como zonas protegidas.
Aproximadamente 11,7 por ciento de los bosques africanos están
designados como tales (FAO 2001a). Si bien el establecimiento de estas
zonas protegidas ha aumentado la disponibilidad y calidad de la información
sobre recursos forestales, ha promovido una mayor conciencia de los problemas
por parte del público y ha creado refugios para especies en peligro,
dichas zonas no lograrán sus objetivos a menos que se pongan en
ejecución medidas de protección (véase el recuadro).
| Invasión agrícola en Uganda y Kenya |
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En el Parque Nacional del Monte Elgon, situado en la frontera entre
Uganda y Kenya, la invasión agrícola que tuvo lugar
en los años setenta y ochenta dejó al descubierto
más de 25.000 hectáreas de bosque virgen. En el Parque
Nacional Kibale, en Uganda, los invasores talaron más de
10.000 hectáreas de bosque. En la Reserva Forestal de Mabira,
la Sociedad Cooperativa de Agricultores Kanani entró en el
bosque en 1975. La administración del distrito consideró
que se trataba de un proyecto de autoayuda y no de una invasión,
por lo cual acordó permisos de cultivo a 115 miembros de
la Sociedad. Los permisos especificaban que no se podían
talar más zonas forestadas, que las especies de árboles
de madera valiosa debían preservarse, y que no se debían
construir edificios. No se vigiló el cumplimiento de estas
reglamentaciones y para 1981 más de 1.800 personas se habían
instalado en el lugar y más de 7.200 hectáreas de
la Reserva se habían degradado.
En Kenya, la totalidad del bosque autóctono de la Reserva
Forestal Imenti, situada en las laderas del Monte Kenya, fue ilegalmente
transformada en tierras de cultivo entre 1995 y 2000. Las políticas
claramente fracasaron en su objetivo de brindar protección
adecuada, pues desde 1932 ese bosque era zona de reserva forestal,
donde ninguna actividad de tala estaba permitida. Las imágenes
del Landsat muestran (en rojo) la pérdida de bosques; cada
imagen tiene aproximadamente 20 kilómetros de ancho.
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| Fuentes: NEMA 2000, KWS 1999, Landsat TM 17 de
marzo de1995, Landsat ETM 5 de febrero de 2000 |
La dasonomía comercial ha evolucionado hacia una concepción
más sostenible de la gestión de bosques. El centro de atención
de dicha gestión es ahora el ecosistema forestal más que
la extracción de madera, y también se tiene en cuenta el
valor de los recursos forestales no madereros. En África Meridional
hay una conciencia cada vez mayor de la importancia de que los productos
forestales que se comercializan provengan de bosques administrados de
manera sostenible, y una pequeña proporción de bosques en
Namibia, Sudáfrica y Zimbabwe ha sido certificada por el Consejo
de Buena Gestión Forestal (FAO 2001a).
También se están aplicando esquemas de gestión forestal
basada en la comunidad, éstos han sido muy beneficiosos para los
niveles de ingresos de las comunidades y para la conservación de
los bosques. En África Oriental se están introduciendo esquemas
agroforestales con el fin de satisfacer la doble necesidad de los minifundios
en materia de producción agrícola y de productos forestales.
La forestación y reforestación emprendidas en Kenya, tanto
a escala doméstica como comercial, han permitido abastecer la población
de leña, rollizos, madera aserrada, paneles de madera, pulpa de
madera y papel.
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