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Se ha admitido ampliamente que la tala y la degradación de los
bosques tienen efectos negativos y muchos gobiernos han implementado leyes
y programas forestales que tienen por finalidad la conservación
y la forestación. Algunos países han optado también
por controlar la tala de bosques incluso fuera de las zonas protegidas
y de conservación. Hay actualmente 10 millones de hectáreas
donde está prohibida la tala, pero esas prohibiciones han tenido
un éxito parcial. La implementación en países como
Camboya, Indonesia y Tailandia ha sido inadecuada, mientras que las prohibiciones
en Nueva Zelandia y Sri Lanka, donde se ha pasado de la tala a las fuentes
alternativas, han sido eficaces (FAO 2001b). Tailandia y Malasia han adoptado
políticas de prohibición total de la quema. Algunos países
han recurrido a instrumentos económicos para promover la conservación
de recursos forestales. Por ejemplo, en China se han establecido impuestos
y licencias de forestación, con el fin de fortalecer el cultivo,
protección y gestión de los bosques. En la República
Democrática Popular Lao las cuotas de explotación forestal
se otorgan y distribuyen a las provincias como cuotas provinciales (ADB
2000b). El mejor ejemplo del compromiso gubernamental con la protección
de los bosques está dado por Bhután, donde se declaró
obligatorio, en 1995, que el país conservara por lo menos el 60
por ciento de su superficie bajo cubierta forestal.
La región contiene el 60 por ciento de las plantaciones de bosques
del mundo. Aunque los bosques plantados son habitualmente un pobre sustituto
de los bosques naturales en lo que se refiere al mantenimiento de la diversidad
biológica, pueden sin embargo suplementar o sustituir a los bosques
naturales como fuentes de madera y otros productos forestales, aliviando
así las presiones y las perturbaciones de que son objeto estos
últimos. También pueden prestar muchos de los servicios
ambientales que prestan los bosques naturales, entre ellos el secuestro
de carbono, la protección de las cuencas hidrográficas y
la rehabilitación de la tierra, así como la generación
de ingresos y empleos. Varios gobiernos están aumentando las plantaciones
con el objeto de cosechar esos beneficios (véase el recuadro).
| Plantación de bosques: Asia y el Pacífico |
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El gobierno chino emprendió programas de forestación
en la década de los setenta. La cubierta forestal aumentó
de 13,9 por ciento en 1993 a 17,5 por ciento en 2000. En 2001, el
total de la superficie forestada en China había alcanzado
46,7 millones de hectáreas.
Varios países tienen ambiciosos planes para el futuro:
- Viet Nam se fijó la meta de crear 5 millones de hectáreas
de superficie forestada adicional en los próximos 10 años;
- según el plan de desarrollo forestal de Filipinas, en
ese país se plantarán 2,5 millones de hectáreas
entre 1990 y 2015;
- China planea plantar 9,7 millones de hectáreas entre
1996 y 2010, y
- Australia piensa triplicar la superficie forestada a fin de
alcanzar 3 millones de hectáreas en 2020.
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| Fuentes: Chan y otros (2001), FAO (2001a), UNESCAP
y ADB (2000) |
La participación de la comunidad en la gestión de los bosques
no ha dejado de crecer desde fines de los años setenta. En Nepal
se dictaron reglamentos en 1974 para transferir ciertas zonas forestales
a grupos de usuarios de los bosques. Estos grupos de usuarios de bosques
protegen, administran y usan la zona forestal, compartiendo los beneficios
entre todos los usuarios, y poseen derechos exclusivos sobre los ingresos
generados por el bosque (ADB 2000a). El 36 por ciento de la inversión
total de Nepal en el sector forestal está reservado para la silvicultura
comunitaria. En la India se introdujo la gestión forestal conjunta
en 1990, y aproximadamente 45.000 comunidades de aldeas en 21 estados
participan en la gestión de más de 11 millones de hectáreas
de bosques degradados (MoEF 1999). La comunidad aporta la mano de obra
necesaria para mejorar las zonas degradadas y protege el bosque mientras
se regenera. Con el tiempo, el estado gana un bosque revitalizado y los
ingresos provenientes de la venta de sus productos. La comunidad recibe
una parte de los ingresos de la venta de madera además del derecho
de recoger productos no madereros (FAO 2001b).
En Viet Nam más de 500.000 hectáreas de bosques nacionales
con abundantes recursos han sido transferidos a comunidades locales, en
su mayoría de pueblos indígenas, y en Filipinas existe un
sistema de áreas protegidas integradas, cuya finalidad es proteger
la diversidad biológica y hacer participar a las comunidades en
la gestión forestal como partes interesadas.
Los países insulares del Pacífico también han puesto
énfasis en el establecimiento de zonas de conservación de
base comunitaria, pero algunos países carecen todavía de
legislación formal o de programas institucionalizados que prohíban
la tala de árboles y de bosques fuera de las zonas protegidas.
En algunos de los países insulares del Pacífico, donde se
sigue aplicando el sistema consuetudinario de gestión forestal,
hay prácticas tradicionales que protegen las zonas contra el desmonte.
Tanto Australia como Nueva Zelandia se han comprometido a la gestión
sostenible de los bosques. Estos compromisos se formalizaron en la Declaración
de Política Forestal Nacional de Australia en 1992, y en la Ley
de manejo de recursos de Nueva Zelandia en 1991. En ambos países
una evaluación y una aprobación formales previas son obligatorias
para proceder a la tala de árboles y al desmonte en cualquier zona.
En Nueva Zelandia, más del 99 por ciento de la tala anual de rollizos
en 1997 provino de plantaciones, y varios bosques han sido certificados
por el Consejo de Buena Gestión Forestal (FAO 20001a).
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