|
La deforestación, la degradación y los incendios de bosques
tienen por efecto la pérdida permanente de la capacidad de los
recursos forestales para generar beneficios económicos (CDEA 1992).
En algunos países este efecto es más severo que en otros.
Los países del Caribe, en su mayoría, han agotado sus recursos
forestales al punto de que se ven ahora obligados a importar productos
forestales, lo cual crea una necesidad adicional de divisas extranjeras.
En países con grandes recursos forestales, como Brasil, la deforestación
ha tenido efectos menos generalizados, pero en el nivel local el impacto
puede ser muy importante.
| Los incendios de bosques en América Latina
y el Caribe |
|
Los incendios son una herramienta que se ha utilizado tradicionalmente
para abrir nuevas tierras a la agricultura y facilitar la caza.
Pero los incendios de bosques incontrolados son ahora un motivo
de gran preocupación ya que pueden destruir hasta el 50 por
ciento de la biomasa forestal de superficie, lo que tiene consecuencias
graves para la fauna de los bosques.
Los bosques fueron particularmente vulnerables a los incendios
durante el período 1997-1999 a causa de las sequías
estacionales asociadas con El Niño y de la disminución
de la calidad de los bosques. En América Central se incendiaron
más de 2,5 millones de hectáreas de tierras boscosas
en 1998, y las mayores pérdidas se registraron en Honduras,
Guatemala, México y Nicaragua (Cochrane, en prensa). Tan
sólo en México hubieron 14.445 incendios separados
(FAO 2001a). Ese mismo año, incendios de grandes proporciones
afectaron también a muchos países sudamericanos.
Los elevados costos sociales y económicos de los incendios
aparecen en toda su magnitud cuando se tienen en cuenta los costos
médicos, los cierres de aeropuertos, las pérdidas
de bosques maderables y la erosión. Se ha calculado grosso
modo entre 15.000 y 20.000 millones de dólares el costo de
los daños causados por los incendios de 1998 en América
Latina. El Primer Seminario Sudamericano sobre el Control de Incendios
Forestales tuvo lugar en Brasil en 1998, y los responsables de políticas
están comenzando a darse cuenta de que las respuestas a casos
de emergencia deben estar acompañadas de mejores prácticas
del uso de la tierra. En México, por ejemplo, las dependencias
federales relativas a la agricultura y silvicultura han estado colaborando
desde 1998 para reducir la amenaza de la quema de bosques con fines
agrícolas (FAO 2001a).
|
|