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La diversidad biológica mundial está cambiando
a un ritmo sin precedentes (Pimm y otros 1995). Los motores más
importantes de este cambio son la conversión del uso de las tierras,
los cambios del clima, la contaminación, la explotación
no sostenible de recursos naturales y la introducción de especies
foráneas (Sala y otros 2000). La importancia relativa de estos
motores varía según los ecosistemas. Por ejemplo, la conversión
del uso de las tierras es más intensiva en los bosques tropicales
y menos intensiva en las zonas templadas, boreales o árticas; la
deposición de nitrógeno atmosférico es mayor en las
zonas templadas del norte cercanas a ciudades; la introducción
de especies foráneas está en relación con las pautas
de actividad humana: las zonas más alejadas de actividades humanas
reciben generalmente menos especies foráneas. Las causas fundamentales
de la pérdida de diversidad biológica son el crecimiento
de la población humana, las pautas de consumo no sostenibles, el
aumento de la producción de desechos y contaminantes, el desarrollo
urbano, los conflictos internacionales, y las desigualdades constantes
en la distribución de la riqueza y los recursos.
Durante los tres últimos decenios, la disminución
y la extinción de especies se han afirmado como problemas ambientales
de la mayor importancia. El índice actual de extinción es
varias veces superior al que le sirve de antecedente, es decir al que
prevaleció durante largos periodos geológicos. Los cálculos
basados en restos fósiles sugieren que el índice de extinción
de mamíferos y aves precedente era de una especie perdida cada
500-1.000 años (May, Lawton y Stork 1995).
La información sobre la situación de las
especies, en lo relativo a conservación, se encuentra en las «listas
rojas» de especies que se consideran amenazadas de extinción
que publica regularmente la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN).
La última Lista Roja de la UICN (Hilton-Taylor 2000) señala
que cerca del 24 por ciento (1.130) de las especies de mamíferos
y 12 por ciento (1.183) de las de aves del mundo se consideran actualmente
amenazadas (véase el cuadro). Desde la evaluación hecha
en la Lista Roja de 1996, el número de especies en peligro crítico
ha aumentado de 169 a 180 en el caso de los mamíferos y de 168
a 182 en el de las aves (Hilton-Taylor 2000). Los análisis sugieren
que en los próximos 100 años el índice de extinción
de los grupos de vertebrados podría ascender al 15-20 por ciento
(Mace 1995). Sin embargo, las tendencias de las especies que se pueden
inferir de los datos de la Lista Roja deben ser interpretadas con precaución,
porque los criterios utilizados para establecer las listas han cambiado
a lo largo del tiempo y algunos de los cambios de categoría son
resultado de revisiones taxonómicas (May, Lawton y Stork 1995).
No se dispone de suficiente información para determinar
con precisión cuántas especies se han extinguido en los
tres últimos decenios. Sin embargo, la base de datos del Comité
sobre organismos recientemente extinguidos (CREO 2001), registra 58 especies
de peces y una especie de mamíferos como extinguidas desde 1970;
las evaluaciones de BirdLife International señalan que 9 especies
de aves se extinguieron durante ese mismo periodo (BirdLife International
2000).
Gran parte de la información relativa a la situación
de las especies es cualitativa o anecdótica, razón por la
cual es difícil establecer un panorama cuantitativo de las tendencias
mundiales. Para evaluar tendencias sobre pérdida o disminución
de especies se necesitan indicadores que provean cálculos cuantitativos
de cambio durante periodos de tiempo, así como metodologías
coherentes en materia de muestreo y análisis. Idealmente, tales
indicadores deberían basarse en datos obtenidos explícitamente
con ese propósito. Pocos son los programas de monitoreo de este
tipo que se han establecido hasta ahora.
| El Índice del Planeta Viviente: un indicador
mundial de la diversidad biológica |
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El sistema del Índice del Planeta Viviente se basa en cálculos
del tamaño de la población de especies silvestres
individuales presentados en la literatura científica. El
índice se calcula como un porcentaje del tamaño de
la población estimado en 1970; el valor medio del índice
se calcula como el promedio de todas las especies incluidas en la
evaluación en cada intervalo de tiempo (Groombridge y Jenkins
2000, Loh 2000, UNEP-WCMC 2000). Se ha calculado el índice
de los ecosistemas forestales, marinos y de agua dulce (véanse
los diagramas).
El índice forestal, basado en poblaciones de 319 especies
templadas y tropicales (principalmente aves), muestra una disminución
de aproximadamente 12 por ciento durante el periodo 197099.
El índice para especies de zonas templadas manifiesta sólo
poco cambio durante ese periodo (la mayor deforestación de
estas zonas tuvo lugar antes del siglo XX). Pero la muestra tropical
manifiesta una tendencia descendente, que es coherente con la continua
deforestación que ha tenido lugar en muchas zonas tropicales.
El índice marino, basado en poblaciones de 217 especies
de animales marinos, muestra una disminución de cerca del
35 por ciento durante el mismo periodo.
Las especies de aguas interiores y humedales, representadas por
una muestra de 194 poblaciones, han sufrido una disminución
del 50 por ciento. Esto sugiere que los ecosistemas de aguas interiores
y humedales están más degradados que los otros tipos
de ecosistemas, hallazgo que es coherente con otras pruebas.
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| Fuente: Loh 2000. |
Un enfoque es el del Índice del Planeta Viviente establecido
por el PNUMA-WCMC en cooperación con el WWF (véase el cuadro). El índice
se deriva a partir de las tendencias registradas en el tamaño de las poblaciones
silvestres de especies en tres hábitat: los ecosistemas forestales, los
de agua dulce y los marinos. La tendencia predominante de todos estos
índices es descendente.
| Especies de vertebrados amenazadas
mundialmente, por región |
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Mamíferos |
Aves |
Reptiles |
Anfibios |
Peces |
Total |
 |
| África |
294 |
217 |
47 |
17 |
148 |
723 |
| Asia y el Pacífico |
526 |
523 |
106 |
67 |
247 |
1 469 |
| Europa |
82 |
54 |
31 |
10 |
83 |
260 |
| América Latina y el Caribe |
275 |
361 |
77 |
28 |
132 |
873 |
| América de Norte |
51 |
50 |
27 |
24 |
117 |
269 |
| Asia Occidental |
0 |
24 |
30 |
8 |
9 |
71 |
| Polar |
0 |
6 |
7 |
0 |
1 |
14 |
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Nota: Entre las Especies Amenazadas
se incluyen las clasificadas por la UICN en 2000 como en peligro
crítico, en peligro, y vulnerables (Hilton-Taylor 2000).La
suma de los totales de cada región no da el total global
porque una especie puede estar amenazada en más de una región.
Fuente: recopilación a partir de la base
de datos Lista Roja de UICN (Hilton-Taylor 2000) y de la base de
datos sobre especies del PNUMA-WCMC (UNEP-WCMC 2001a).
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Las consecuencias de la disminución o pérdida
de especies sobre la prestación de servicios ambientales son difíciles
de evaluar porque la relación entre la diversidad de las especies
y la función de un ecosistema no ha sido todavía establecida
con claridad. Se sabe que ciertas especies cumplen una función
más significativa que otras; a ellas se las ha denominado especies
«clave», pues la pérdida de cualquiera de ellas tiene
un efecto particularmente perjudicial (Vitousek y Hooper 1993). La reducción
del número de especies afecta la prestación de todos los
servicios de un ecosistema porque la captación de recursos (de
energía, agua y nutrientes) es mayor en los sistemas más
diversificados. Algunos ecosistemas, como los de las zonas áridas
y árticas, parecen ser particularmente vulnerables a las intervenciones
humanas. En estos sistemas, relativamente pocos organismos comparten funciones
ecológicas comunes (UNEP 1995). La diversidad de especies puede
tener también una función amortiguadora contra los efectos
de la actividad humana sobre los ecosistemas (UNEP 1995).
Los últimos tres decenios han sido marcados por
el surgimiento de una respuesta concertada a la crisis en materia de diversidad
biológica. La sociedad civil, especialmente a través de
una red enormemente diversa y cada vez más sofisticada de ONG,
ha sido la principal fuerza promotora de esta respuesta. Se ha puesto
de manifiesto una tendencia hacia la mayor participación de las
partes interesadas en las actividades de conservación, tal como
lo ejemplifica el surgimiento de asociaciones entre las ONG, los gobiernos
y las empresas privadas.
Se han establecido varios acuerdos internacionales que
tratan de manera específica de la conservación de especies
amenazadas. Entre los más notables cabe mencionar la Convención
sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora
silvestres (CITES) de 1973, y el Convenio sobre la conservación
de las especies migratorias de animales silvestres (CMS), también
llamado Convenio de Bonn, establecido en 1979 con la finalidad de conservar
las especies de aves terrestres, marinas y migratorias en toda su extensión.
Los instrumentos principales para la implementación de este Convenio
son los acuerdos intergubernamentales tales como el Acuerdo sobre la Conservación
de las Aves Acuáticas Migratorias de África-Eurasia (AEWA),
cuya finalidad es establecer las medidas estratégicas sobre cuestiones
transfronterizas que sean necesarias para conservar la red de zonas críticas
de humedales de las que dependen las aves acuáticas migratorias.
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