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El ecosistema terrestre antártico es estructuralmente simple y
posee un pequeño número de especies. La biomasa marina en
el Océano Antártico puede ser inmensa, pero la riqueza en
especies es generalmente baja (Wynn Williams 1996). La fauna de peces
bentónicos (del fondo del mar) de los taludes superior y continental
de la Antártida incluye 213 especies limitadas a 18 familias (Eastman
2000). Focas, ballenas y aves marinas dominan en los niveles superiores
del Océano Antártico. El conocimiento que se posee de la
diversidad biológica marina del Océano Antártico
está limitado en gran medida a las plataformas y taludes continentales.
Poco es lo que se conoce acerca de la fauna abisal de los mares que rodean
la Antártida.
En el pasado, las actividades de caza de focas y ballenas tuvieron consecuencias
serias sobre las poblaciones de estas especies, al punto que se temió
la extinción de algunas de ellas. Actualmente, hay estrictos acuerdos
internacionales referidos a la captura de focas antárticas (Convenio
para la conservación de las focas antárticas) y de ballenas
(Convenio Internacional para la regulación de la caza de ballenas,
que también ha designado grandes extensiones del Océano
Antártico como refugio para ballenas). Sólo se captura un
número limitado de focas con fines de investigación científica,
y se matan aproximadamente 440 ballenas Minke por año.
| Zonas protegidas en el Ártico |
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Número de zonas
|
Área total (km2)
|
% del área ártica del país
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| Canadá |
61 |
500 842 |
9,5 |
| Finlandia |
54 |
24 530 |
30,8 |
| Groenlandia |
15 |
993 070 |
45,6 |
| Islandia* |
24 |
12 397 |
12,0 |
| Noruega** |
39 |
41 380 |
25,3 |
| Federación de Rusia* |
110 |
625 518 |
9,9 |
| Suecia |
47 |
21 707 |
22,8 |
| Estados Unidos (Alaska) |
55 |
296 499 |
50,2 |
| Total |
405 |
2 505 943 |
17,0 |
 |
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Nota: *incluye grandes componentes marinos; ** la mayor parte de
la zona protegida está situada en Svalbard, sólo 7
por ciento de la zona continental ártica está protegida.
Fuente: CAFF 2001.
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Los peces y el krill (crustáceos planctónicos minúsculos)
son el foco principal de la explotación humana en el Océano
Ártico. Desde 1969-70, fecha en que se comenzó a mantener
registros de pesca comercial, hasta fines de 1998, se habían capturado
8.739.800 toneladas de krill y peces en el Océano Antártico
(CCAMLR 2000a). En 1982 se adoptó la Convención sobre la
conservación de los recursos marinos vivos de la Antártida
(CCAMLR) con el objetivo de promover la conservación y el uso racional
de los recursos marinos vivos al sur del frente polar o línea de
convergencia antártica. La gestión de todas las actividades
de pesca en el Océano Antártico se hace ahora dentro del
marco de la CCAMLR.
Aunque hay un cierto grado de incertidumbre en sus evaluaciones, la CCAMLR
considera que el nivel de pesca ilegal, no reglamentada y no documentada,
conocida por su sigla en inglés IUU (illegal, unregulated and
unreported), que por decenios constituyó uno de los mayores
problemas ha disminuido en 1998 pero ha vuelto a crecer firmemente a partir
de entonces, a pesar de las medidas más severas tomadas por la
CCAMLR para combatirla. El alto nivel de captura ilegal de merluza negra
(Dissostichus eleginoides) en el Océano Índico Austral
es motivo de gran preocupación, pues amenaza la sostenibilidad
de las poblaciones de merluza (CCAMLR 2000a). Para resolver el problema
de la pesca IUU, la CCAMLR adoptó en 1999 un Esquema para la documentación
de capturas, en el que se exige que todo desembarque, trasbordo o importación
de merluza que se haga en el territorio de cualquiera de las partes signatarias
vaya acompañado de un documento de captura debidamente completado.
En 2000, la CCAMLR tomó medidas adicionales para combatir la pesca
IUU, urgiendo a todas las partes que evitaran dar bandera o autorización
a navíos que tuvieran antecedentes de prácticas ilícitas
(CCAMLR 2000b).
La reglamentación impuesta por la CCAMLR ha logrado que se reduzca a
niveles bajos la captura incidental de aves y mamíferos marinos en actividades
pesqueras legales, pero la pesca ilegal continúa haciendo estragos. Para
algunas poblaciones de aves marinas la pesca con palangre representa una
amenaza importante. Esto hizo que todas las especies de albatros se incluyeran
en la lista de especies protegidas de la Convención sobre la conservación
de las especies migratorias de animales silvestres (CMS). Las especies
de albatros y de petreles, como el albatros errante (Diomedea exulans)
y el petrel gigante de la Antártida (Macronectes giganteus), han
sido también incluidas como especies vulnerables en la Lista Roja de UICN
(Hilton-Taylor 2000). Recientemente se terminó de redactar en la Ciudad
de El Cabo, África del Sur, la versión preliminar del Acuerdo sobre la
conservación de albatros y petreles.
En los tres últimos decenios se han observado varios cambios en
la distribución y composición de la flora y fauna terrestres
que pueden ser atribuibles al calentamiento registrado recientemente en
la Antártida. Además se espera que la composición
y distribución de las especies marinas sufran cambios como resultado
de los cambios de clima. Se ha señalado que el pronunciado aumento
en el número de pingüinos Adelie (Pygoscelis adeliae)
en la zona del Mar de Ross durante los años 1980 coincidió
de manera muy notable con la variación del clima en esa misma zona
(Taylor y Wilson 1990), Blackburn y otros 1990). Se sabía que los
pingüinos Adelie hacían sus nidos en la Estación Palmer
de la Isla Anvers desde antes de los años 1950, pero ahora también
los pingüinos Gentoo y Chinstrap se están reproduciendo en
ella y en los últimos 50 años han extendido hacia el sur
de la Península el área en que habitan, fenómeno
que está en correlación con el pronunciado calentamiento
de la región (Emslie y otros 1998).
Los cambios en la extensión y espesor del hielo afectan el momento,
la magnitud y la duración del pulso estacional de la producción
primaria en las regiones polares. Se ha sugerido que la extensión
del hielo marino afecta la disponibilidad de krill, lo que a su vez afecta
a los depredadores de krill. El calentamiento regional y la disminución
de la abundancia de krill pueden afectar por consiguiente la red alimentaria
marina (Loeb y otros 1997). Se ha observado que tanto la densidad como
la abundancia de ballenas Minke han disminuido, posiblemente como resultado
de la menor disponibilidad de presas, en las estaciones en que la temperatura
de la superficie del mar es más templada, las intrusiones de agua
fría son menos numerosas, y la extensión del hielo marino
es más reducida (Kasamatsu 2000).
A lo largo de la costa occidental de la Península Antártica,
el agotamiento de la capa de ozono en primavera puede causar que la radiación
UV-B biológicamente efectiva se duplique (Day y otros 1999). La
exposición a rayos UV afecta al fitoplancton, inhibiendo incluso
la producción primaria. Esto es motivo de gran preocupación,
teniendo en cuenta la función clave del fitoplancton en la corta
cadena alimentaria del ecosistema marino antártico. El florecimiento
de fitoplancton en la primavera coincide con el agujero de la capa de
ozono que se produce en primavera y con el periodo de alta radiación
UV-B que le sigue. Se calcula que la reducción de producción
de fitoplancton relacionada con el agujero de ozono asciende al 6-12 por
ciento (Smith y otros 1992).
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