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Los avances de los últimos 30 años en materia de protección
del medio marino y costero se han limitado por lo general a relativamente
pocos países, en su mayoría desarrollados, y a relativamente
pocos temas ambientales. En su totalidad, la degradación del medio
marino y costero no sólo continúa, sino que se ha intensificado.
Persisten las amenazas más serias para los océanos reconocidas
en 1972, como la contaminación marina, la sobreexplotación
de los recursos biológicos marinos y la pérdida de hábitat
costeros, a pesar de las medidas nacionales e internacionales tomadas
para resolverlas.
Sin embargo, se han dado cambios de perspectiva significativos y han
surgido nuevas inquietudes. La explotación de los recursos biológicos
y la pérdida de hábitat son consideradas ahora como una
amenaza tan grave para el océano como la contaminación marina.
Las perspectivas de los países en desarrollo se incluyeron en el
Informe Founex sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, que precedió
a la Conferencia de Estocolmo (1972). La respuesta de estas naciones en
1972 fue que la degradación era un problema de los países
en desarrollo; para ellos, el problema era la pobreza y no la contaminación
(Brenton 1994, Caldwell 1996).
La degradación marina y costera es producto de la creciente presión ejercida
sobre los recursos naturales tanto terrestres como marinos y sobre el
aprovechamiento de los océanos como depósito de desechos. El crecimiento
demográfico y el incremento cada vez mayor de la urbanización, la industrialización
y el turismo en zonas costeras son causas fundamentales de esta presión
que va en aumento. En 1994, aproximadamente 37 por ciento de la población
mundial vivía en un radio de 60 km de la costa, más habitantes que los
que poblaban la Tierra en 1950 (Cohen y otros, 1997). La pobreza y las
pautas de consumo humano multiplican los efectos demográficos.
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