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El Pacífico Noroccidental es rico en recursos
pesqueros, de los cuales el salmón es de primordial importancia.
Históricamente abundante en las aguas costeras e interiores del
Pacífico, las migraciones de salmón y la diversidad de especies
se han ido reduciendo desde finales del siglo XIX por la construcción
de presas (en particular en Estados Unidos), deslizamientos de rocas,
gestión deficiente y pesca excesiva (DFO 1999a). A finales del
decenio de los ochenta, ambos países impusieron restricciones severas
a la explotación de algunas especies de salmón pero, a pesar
de éstas y otras medidas, la captura y el valor del salmón
disminuyeron significativamente a principios del decenio de los noventa;
para 1999, 24 subespecies del salmón de la costa occidental se
habían incluido en la Ley de Especies Amenazadas de EE.UU., y Canadá
había cerrado o restringido las capturas de algunas especies de
salmón en varios de sus principales ríos (Carlisle 1999,
TU y TUC 1999).
Agravan el problema las dos fronteras internacionales que separan las
aguas de Columbia Británica de las de Alaska y aquellas de la región
noroccidental de Estados Unidos (DFO 1999a, TU y TUC 1999). Durante su
ciclo de vida, el salmón originario de Estados Unidos viaja por
aguas canadienses y viceversa, migración que se ha visto interrumpida
por las actividades pesqueras que alientan la captura no sostenible (DFO
1999a). El Tratado sobre el Salmón del Pacífico de 1985
intentó resolver este problema, pero fracasó en 1992 debido
a discrepancias. Parece más prometedora la modificación
al Tratado hecha en 1999, que se basa en el sostenimiento de las poblaciones
silvestres, con costos y beneficios compartidos y pautas comunes para
evaluar las poblaciones de peces, ejercer su vigilancia y calificar su
desempeño (DFO 1999b, NOAA 1999).
Los efectos combinados de la pesca, del cambio climático (véase
el recuadro) y de las condiciones del hábitat motivaron una serie
de revisiones del estado de la pesca, la renovación de tratados
sobre la pesca y nuevos enfoques a la gestión. Por ejemplo, en
1998, Canadá puso en marcha un programa de ajuste y reconstrucción
de la pesca en el Pacífico para conservar y reconstruir las poblaciones
de salmón del Pacífico y revitalizar allí la pesca
de esa especie. También puso en marcha un enfoque precautorio a
la gestión del salmón, lo que resultó en disminuciones
significativas de la captura para proteger las poblaciones en riesgo (DFO
1999c). En diciembre del año 2000, Estados Unidos emitió
una estrategia federal global de largo plazo para ayudar a restablecer
las 14 subespecies de salmón en la Cuenca del Río Columbia
incluidas en la Ley de Especies Amenazadas.
Mientras que los países cuyos ingresos dependen del salmón luchan por
sobrevivir (véase el gráfico), Canadá y Estados Unidos están tomando medidas
adicionales para ayudar a restablecer estas y otras poblaciones de peces
silvestres en las aguas marinas y costeras, así como para mejorar y mantener
la diversidad biológica mundial. Con la adopción reciente de restricciones
se ha logrado mejorar la supervivencia de algunas poblaciones de salmones
importantes en el océano, pero aún está por verse si repuntan todas las
especies del salmón del Pacífico (DFO 2000a, 2001).
| Los efectos del cambio climático en las
poblaciones de salmón del Pacífico y otras poblaciones de peces silvestres |
| Tanto Canadá como Estados Unidos están preocupados por los potenciales
efectos del cambio climático sobre las poblaciones de salmón y otras
especies de peces silvestres en las aguas costeras y marítimas de
América del Norte. Los estudios llevados a cabo por científicos del
gobierno de Canadá que simularon los cambios esperados a partir de
la duplicación de la carga de CO2 en la atmósfera, indican que el
cambio climático resultante virtualmente eliminaría el hábitat del
salmón en el Océano Pacífico (NRC 1998). Un estudio del Ministerio
de Medio Ambiente de Canadá de 1994 sobre los efectos del cambio climático
sobre el salmón del río Fraser reveló que las alteraciones en el régimen
del caudal, la temperatura del agua, la hidrología y las escorrentías
estacionales intensificarán la competencia entre los usuarios de la
cuenca (Glavin 1996). Un reciente estudio de Estados Unidos sobre
los efectos del cambio climático indicó que la proyectada disminución
de la variación anual en la temperatura del agua en muchos estuarios
puede provocar la emigración de diversas especies e incrementar la
vulnerabilidad de algunos estuarios a las especies introducidas (US
GCRIP 2000). |
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