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La variabilidad del clima y las inundaciones y sequías que le
están asociadas aumentan el riesgo de pérdida de cosechas,
reducen en consecuencia la seguridad alimentaria, y provocan incidencias
más altas de malnutrición y de enfermedades. En Etiopía,
por ejemplo, la sequía de 1984 afectó a 8,7 millones de
personas, un millón de las cuales murieron y muchos millones padecieron
de malnutrición y de hambre. Esta sequía también
causó la muerte de casi 1,5 millones de cabezas de ganado (FAO
2000). La sequía de 1991-92 en África Meridional causó
la pérdida del 54 por ciento de la cosecha de cereales y expuso
al riesgo de inanición a más de 17 millones de personas
(Calliham, Eriksen y Herrick 1994). Más de 100.000 personas murieron
como consecuencia de la sequía que afectó a la región
del Sahel en los años setenta y ochenta (Wijkman y Timberlake 1984).
Las cosechas deficientes y la pérdida de ganado condujeron a una
mayor dependencia de bienes importados y ayuda extranjera, reduciendo
así el rendimiento económico y la capacidad de enfrentar
desastres ambientales futuros.
| Variabilidad del clima en África |
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En los últimos 30 años África ha experimentado por lo menos un
caso de sequía mayor por decenio. En África Oriental hubieron sequías
serias en 1973-74, 1984-85, 1987, 1992-94 y 2000 (DMC 2000). La
última sequía en el Sahel duró un decenio, de 1972-73 hasta 1983-
84. Se registraron sequías severas en África Meridional de 1967
a 1973, en 1982-83, 1986- 87, 1991-92 y 1993-94 (Chenje y Johnson
1994).
Las islas del Océano Índico Occidental están sometidas a un promedio
de diez tormentas tropicales entre los meses de noviembre y mayo.
Se ha relacionado la Oscilación Meridional de El Niño (ENSO), que
afecta a gran parte de África, con las fases de calor más frecuentes,
persistentes e intensas que se han producido en los últimos 30 años
(IPCC 2001a). El fenómeno de El Niño de 1997-98 causó aumentos de
temperatura en la superficie del agua en el Océano Índico, así como
inundaciones y deslizamientos de tierra a través de la mayor parte
de África Oriental (Ogallo 2001).
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En 1997 y 1998, partes de África Oriental padecieron grandes precipitaciones
e inundaciones debido a las perturbaciones de la ENSO, y en 1999 y 2000
África Meridional y las islas del Océano Índico Occidental
sufrieron ciclones e inundaciones devastadores. El agua de inundaciones
es un hábitat ideal para bacterias y mosquitos. En Uganda, las
inundaciones provocadas por la ENSO en 1997-98 causaron más de
500 muertes por cólera, y otras 11.000 personas debieron ser hospitalizadas
(NEMA 1999).
Se piensa que el aumento de entre 1 °C a 1,5 °C en la temperatura
del mar causado por las perturbaciones de la ENSO es la causa del descoloramiento
de hasta el 30 por ciento de los corales en Comoros, del 80 por ciento
en Seychelles (PRE/COI 1998) y del 90 por ciento en Kenya y Tanzania (Obura
y otros 2000).
La vulnerabilidad de la región a los desastres
naturales se agrava por los efectos anticipados de los cambios climáticos
mundiales. Según el IPCC, África es la región más
vulnerable a la disminución prevista de la seguridad de los alimentos
y del agua, porque la pobreza generalizada limita su capacidad de adaptación
(IPCC 1998). Los cambios en materia de lluvias tendrán también
consecuencias importantes para las partes de África que dependen
de energía hidroeléctrica.
La subida anticipada del nivel del mar, que es resultado de los cambios
climáticos mundiales, puede amenazar muchos asentamientos costeros
e islas, particularmente las islas del Océano Índico Occidental.
No se sabe todavía con exactitud cuál será la magnitud
de tal incremento, pero los últimos cálculos de IPCC (2001a)
la sitúan entre los 10 y 94 cm para el año 2100. Aunque
las emisiones antropógenas de gases de efecto invernadero se estabilizaran
de inmediato, el nivel del mar continuaría subiendo por muchos
años. El IPCC pronostica también que aumentará probablemente
la intensidad de los ciclones, precipitaciones pluviales y vientos (IPCC
2001a), y la zona de ciclones en el Océano Índico Occidental
podría extenderse hasta abarcar las Seychelles (UNEP 1999).
Los cambios en el régimen de precipitaciones pluviales y en el
régimen de temperaturas podrían alterar también la
diversidad biológica, pues muchas especies no serían capaces
de adaptarse o de emigrar a zonas más propicias. El WWF pronostica
que la disminución del 5 por ciento de precipitaciones pluviales
previstas para África Meridional afectará a las especies
que dependen del pastoreo, como el antílope hartebeest, el ñu
y la cebra, amenazando así a la fauna y la flora silvestres del
Parque Nacional Kruger en Sudáfrica, el delta Okavango en Botswana
y el Parque Nacional Hwange en Zimbabwe. También se teme que el
paludismo pueda extenderse a zonas antes no contaminadas, tales como el
este de Namibia y el norte de Sudáfrica (WWF 1996).
La capacidad de la región para adaptarse a los cambios climáticos
dependerá de varios factores, entre los que se cuentan el crecimiento
de la población y las pautas de consumo, que afectarán la
demanda de alimentos y de agua, y la locación de las poblaciones
y la infraestructura con relación a las zonas costeras vulnerables,
lo cual determinará la magnitud de las pérdidas económicas
debidas a la subida del nivel del mar. Muchos países tendrán
que cambiar sus prácticas agrícolas, particularmente para
reducir la dependencia respecto de la agricultura de secano, y evitar
cultivos en zonas marginales. Las comunidades rurales que dependen actualmente
de la biomasa como fuente de energía podrán verse forzadas
a buscar fuentes alternativas si los cambios climáticos modifican
el tipo y distribución de la vegetación.
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