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Las zonas urbanas no sólo tienen un impacto ambiental local, sino
que también provocan enormes consecuencias de las llamadas «huellas
ecológicas» (WWF 2000). Las ciudades ejercen una gran variedad
de efectos en sus alrededores: conversión de la tierra agrícola
o forestal para usos e infraestructura urbanas; rescate de humedales;
explotación de canteras y excavaciones para la obtención
de arena, grava y materiales de construcción en grandes cantidades;
y en algunas regiones, actividades de deforestación para satisfacer
la demanda de combustible. El uso de combustibles de biomasa también
ocasiona contaminación atmosférica interior y exterior.
Otros efectos pueden percibirse en lugares distantes, como es el caso
de la contaminación de vías fluviales, lagos y aguas costeras
por efluentes no tratados. La contaminación atmosférica
de las ciudades tiene un impacto en la salud de sus residentes así
como en la vegetación y suelos de lugares ubicados a una distancia
considerable. El transporte urbano contribuye a la contaminación
atmosférica y la gran concentración de automóviles
y fábricas en las ciudades ocasiona la mayor parte de emisiones
urbanas de gases de efecto invernadero en todo el mundo.
Las ciudades a menudo se encuentran ubicadas en suelos agrícolas
de elevada calidad. Si esta tierra se destina a usos urbanos, se agrega
más presión a las zonas circunvecinas, que pueden ser menos
adecuadas para la agricultura. La urbanización en zonas costeras
con frecuencia ocasiona la destrucción de ecosistemas importantes
y también puede alterar la hidrología de las costas y sus
características naturales tales como manglares, arrecifes y playas
que sirven como barreras contra la erosión y conforman importantes
hábitat para algunas especies.
Las zonas residenciales de una densidad baja a media (con una expansión
urbana) alrededor de los centros urbanos son un elemento común
en el mundo desarrollado. La infraestructura bien desarrollada y el uso
creciente del automóvil han facilitado esta tendencia. Este fenómeno
en expansión tiene un efecto especialmente dañino para el
medio ambiente derivado del aumento en el uso de transporte motorizado
privado. Además, el desarrollo de baja densidad ocupa proporcionalmente
áreas más extensas de tierra per cápita.
| Datos sobre las ciudades |
- l En las ciudades del mundo en desarrollo uno de cada cuatro
hogares se encuentra en la pobreza; el 40 por ciento de los hogares
urbanos de África y el 25 por ciento de los hogares urbanos
de América Latina vive por debajo de la línea de
pobreza definida en cada país.
- Menos del 35 por ciento de las ciudades del mundo en desarrollo
cuenta con tratamiento de aguas residuales.
- No se recolecta entre una tercera parte y la mitad de los desechos
sólidos generados en la mayoría de las ciudades
pertenecientes a países con ingresos medio y bajo.
- El 49 por ciento de las ciudades del mundo cuenta con planes
para el medio ambiente urbano.
- El 60 por ciento de las ciudades del mundo involucran a la sociedad
civil en un proceso de participación formal antes de la
puesta en marcha de proyectos públicos importantes.
- Los autobuses y los minibuses son el medio de transporte más
común en las ciudades (utilizado por la mayoría);
los automóviles ocupan el segundo lugar y caminar el tercero.
- El 5,8 por ciento de los niños en ciudades del mundo
en desarrollo muere antes de alcanzar los cinco años de
edad.
- Cerca del 75 por ciento de los países del mundo tienen
constituciones o leyes nacionales que promueven el ejercicio total
y progresivo del derecho a una vivienda adecuada.
- Uno de cada cuatro países del mundo en desarrollo tiene
constituciones o leyes nacionales que impiden que las mujeres
posean tierras o tengan hipotecas a su propio nombre.
- El 29 por ciento de las ciudades en el mundo en desarrollo cuenta
con áreas consideradas inaccesibles o peligrosas para la
policía.
Fuentes: GUO 2001 y Panos 2001
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| Las huellas ecológicas de las ciudades |
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Una huella ecológica es el área de tierra productiva
y ecosistemas acuáticos requeridos para producir los recursos
utilizados y para asimilar los desechos producidos por una población
definida con un nivel de vida esencial especificado, dondequiera
que se encuentre.
El cofundador de London Trust, Herbert Giardet, calculó
que la huella ecológica de Londres en donde reside
el 12 por ciento de la población del Reino Unido en un área
de sólo 170.000 ha llega a cerca de 21 millones de
hectáreas o 125 veces la superficie de la ciudad misma, lo
que equivale a toda la tierra productiva del Reino Unido.
William Rees, Profesor de Planeación de Comunidades y Regiones
en la Universidad de Columbia Británica, realizó un
análisis de la huella ecológica de Vancouver, Canadá,
ciudad en la que reside. Éste reveló que Vancouver
acapara la producción de un área de tierra casi 174
veces más grande que su propia jurisdicción para sostener
su estilo de vida. Otros investigadores han encontrado que el consumo
total de madera, papel, fibra y alimentos de 29 ciudades de la cuenca
fluvial del Mar Báltico se apropia de un área 200
veces más extensa que las ciudades mismas.
Los científicos han calculado que una ciudad típica
de América del Norte con una población de 650.000
habitantes requiere 30.000 km2 de tierra, superficie aproximada
al tamaño de la isla de Vancouver, Canadá, para satisfacer
sus necesidades internas sin considerar las demandas ambientales
de la industria. En contraste, una ciudad de un tamaño similar
en India requerirá sólo de 2.900 km2.
Fuentes: Global Vision 2001 y Rees 1996.
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El agua es un elemento básico en las zonas urbanas. La intensidad
de la demanda en las ciudades puede exceder rápidamente el abastecimiento
local. Normalmente el precio del agua es más bajo que el costo
real que implica su obtención, tratamiento y distribución,
en parte gracias a los subsidios gubernamentales. Como consecuencia, los
hogares y las industrias muestran poco interés en conservarla (UNEP
2000). La contaminación proveniente de escorrentías, aguas
residuales y descargas industriales no tratadas ha afectado muchas masas
de agua, por lo que se ha dejado a muchas ciudades sin un suministro seguro
de agua.
Si bien ciertos problemas ambientales locales tienden a disminuir cuando
aumentan los niveles de ingresos, otros tienden a empeorar (McGranahan
y otros 2001). Los más evidentes son los altos niveles en el uso
de energía y los niveles crecientes en el consumo y en la producción
de desechos. Los habitantes de las urbes utilizan en gran medida los combustibles
fósiles y la electricidad y son las ciudades más ricas las
que tienden a utilizar más energía y producir más
desechos.
La recolección de desechos y los sistemas inadecuados de su manejo
de son la causa de la grave contaminación urbana y los peligros
para la salud, especialmente en ciudades de países en desarrollo.
En la actualidad, ciudades de países industrializados están
enfrentando también las consecuencias de técnicas de producción
dañinas para el medio ambiente y un manejo inadecuado de desechos
en el pasado. Esta negligencia ha ocasionado varias formas de contaminación
y, en particular, la aparición de terrenos contaminados en antiguas
zonas industriales actualmente abandonados, desocupados o parcialmente
aprovechados, en donde el nuevo desarrollo se ve impedido por problemas
ambientales y falta de información adecuada sobre el manejo de
tierras contaminadas (Butler 1996). Otro problema que se presenta en los
países desarrollados es la falta de vertederos sanitarios para
satisfacer la demanda creciente de lugares para eliminación de
residuos sólidos.
Con el empeoramiento de las condiciones ambientales
se pueden presentar efectos graves en la salud y bienestar humanos, especialmente
para los sectores de la sociedad menos favorecidos (Hardoy, Mitlin y Satterthwaite
1992). Los servicios sanitarios deficientes ocasionan riesgos ambientales
y para la salud, en particular debido a la exposición directa a
las heces fecales y a la contaminación el agua potable. La contaminación
atmosférica y del agua ocasiona enfermedades respiratorias crónicas
e infecciosas, enfermedades transmitidas por el agua, como la diarrea
y las infecciones por parásitos intestinales, así como tasas
de mortalidad mayores, particularmente entre niños, y muertes prematuras,
en especial entre los sectores más pobres (OECD-DAC 2000, Listorti
1999, Satterthwaite 1997, McGranahan 1993, Hardoy, Cairncross y Satterthwaite
1990). No obstante, la información epidemiológica y demográfica
mundial sugiere que los índices de supervivencia son mejores en
las ciudades que en las zonas rurales gracias a un mejor acceso a los
servicios de salud (UNCHS 2001b). Los sectores urbanos más pobres
están particularmente expuestos debido a su ubicación y
a la limitación de sus recursos para la compra de agua potable,
para acceder a atención médica o protegerse de inundaciones,
como forma de contrarrestar tales problemas.
Hay muchos otros efectos ambientales menos cuantificables aunque igualmente
importantes, como ser la pérdida de áreas verdes en las
zonas urbanas, la destrucción de ecosistemas locales característicos,
la contaminación acústica, así como otros elementos
desagradables para la vista y el olfato. Éstos constituyen no sólo
una auténtica pérdida del bienestar, sino que pueden afectar
el orgullo cívico y bajar la moral, lo que genera actitudes locales
de indiferencia y cinismo, así como una imagen externa negativa.
La huella ambiental urbana relativamente desproporcionada es aceptable
hasta cierto grado debido a que, en algunas cuestiones, el impacto ambiental
per cápita de las ciudades es menor que el que generaría
un número similar de personas en un ambiente rural. Las ciudades
concentran poblaciones en un modo que reduce la presión a la tierra,
generan economías de cierta escala y facilitan la proximidad de
la infraestructura y los servicios (Hardoy, Mitlin y Satterthwaite 2001).
Por lo tanto, las zonas urbanas mantienen la promesa de un desarrollo
sostenible gracias a su capacidad de albergar a un gran número
de personas al tiempo que limitan sus efectos per cápita en el
medio ambiente natural (UNCHS 2001b).
Los problemas ambientales surgen debido a la concentración de
efectos negativos para el medio ambiente. La buena planeación urbana
puede reducir estos efectos. Los asentamientos bien planeados y densamente
poblados pueden reducir la necesidad de cambio en el uso de la tierra,
ofrecer oportunidades de ahorro de energía y efectuar el reciclaje
con una mayor eficiencia de costos. Si las ciudades están bajo
una administración adecuada, con la suficiente atención
puesta en el desarrollo social y el medio ambiente, se pueden evitar los
problemas generados como consecuencia de una urbanización rápida,
particularmente en las regiones en vías de desarrollo. Un primer
paso para avanzar en esta dirección sería que los gobiernos
de cada país incorporen expresamente un componente urbano en sus
políticas tanto económica como de otra naturaleza.
El éxito en la ordenación del medio ambiente urbano implica
el aumento de la eficiencia de los recursos, la reducción en la
generación de desechos, el mejoramiento de la infraestructura urbana
para suministro de agua, la gestión y conservación de los
recursos hídricos en zonas urbanas mediante un mejor tratamiento
de aguas residuales y una legislación acorde que establezca esquemas
de reciclado, desarrollo de sistemas más efectivos para la recolección
de desechos, una reglamentación estricta para el tratamiento de
desechos peligrosos, recolección de desechos a cargo de sociedades
de cooperación pública y privada, aplicación de tecnología
energética, tanto en el ámbito industrial como en el doméstico,
y restauración de terrenos industriales contaminados.
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