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La contaminación atmosférica es un problema común,
especialmente en las ciudades de los países en desarrollo, debido
al creciente número de vehículos automotores y el incremento
en la actividad industrial. En países como India, Indonesia, Nepal,
Malasia y Tailandia, los vehículos con motor de dos tiempos, por
ejemplo las motocicletas y los taxis de tres ruedas, que constituyen más
de la mitad de todo el tráfico de vehículos automotores,
producen gran contaminación, lo que se incrementa además,
por el mantenimiento deficiente de los vehículos, la baja calidad
de los combustibles y las malas condiciones de las carreteras. La quema
de biomasa, como la leña y los desechos agrícolas, es una
fuente más de contaminación en muchas zonas pobres (World
Bank 2000).
Los vehículos automotores también causan graves problemas
ambientales en países desarrollados. En Australia y Nueva Zelanda
existe una gran dependencia de los vehículos automotores privados,
lo que produce tanto la necesidad de ocupar tierras para construir carreteras,
como crecientes emisiones de dióxido de carbono, zinc y cobre (Hughes
y Pugsley 1998, MoE New Zealand 1997).
Con el fin de mejorar la calidad del aire urbano se está introduciendo
una serie de medidas políticas y tecnológicas que incluyen
el uso de convertidores catalíticos, combustible sin plomo y combustibles
alternativos, como el gas natural comprimido. Las nuevas plantas de energía
activadas con carbón en muchos países asiáticos ahora
utilizan precipitadores electrostáticos que pueden reducir las
emisiones de materia particulada en más del 99 por ciento. Asimismo,
se destinan subsidios para el uso de tecnologías renovables, como
las turbinas de viento y la fotovoltaica solar. En China, la ciudad de
Beijing ha implantado 68 medidas para la prevención de la contaminación
atmosférica que han dado como resultado importantes reducciones
en los niveles de SO2, NO2 y partículas en suspensión (SEPA
1999).
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