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Hace tres décadas la producción de desechos sólidos
significaba entre 0,2 y 0,5 kg/día/per, mientras que actualmente
es de aproximadamente 0,92 kg/día/cápita. En 1995 la población
urbana de la región generó 330.000 toneladas de desecho
sólido por día (CELADE 1999, Acurio y otros 1997). Tan solo
Buenos Aires, la Ciudad de México y San Pablo generan aproximadamente
51.000 toneladas de basura al día (véase el gráfico).
Si bien la recolección de desechos sólidos tiene una cobertura
de casi el 90 por ciento, no hay un mecanismo de eliminación adecuado
para el 43 por ciento de estos desechos (PAHO 1998).
El aumento de los desechos sólidos no se puede justificar sólo
por el crecimiento urbano. Los cambios en los patrones de estilos de vida
representan un papel importante, de ahí que la generación
de desperdicios es significativamente más alta en las partes más
ricas de las ciudades. El problema con los desechos urbanos no sólo
es la cantidad, sino también la composición: basura densa
y casi completamente orgánica ha pasado a ser voluminosa y cada
vez menos biodegradable. Los hogares y las industrias desechan cantidades
cada vez más grandes de plástico, aluminio, papel y cartón.
Cuando se manejan inadecuadamente los desechos peligrosos, como los de
los hospitales, medicamentos caducos, productos químicos, baterías
y lodos residuales contaminados, surgen riesgos potenciales para la salud
humana y el medio ambiente por igual. Aunque algunos países cuentan
con un marco legal para el control de desechos, casi todos carecen de
la infraestructura física y los recursos humanos necesarios para
ponerlo en práctica (UNEP 2000).
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