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América del Norte es una región altamente urbanizada. Entre
1972 y 2000 el porcentaje de la población urbana aumentó
de 73,8 a 77,2 por ciento (United Nations Population Division 2001). La
urbanización se relaciona con muchos de los temas ambientales destacados
en este informe, tales como la transformación de tierras agrícolas,
la degradación del hábitat y la pérdida de diversidad
biológica, la contaminación atmosférica regional,
el cambio del clima en el mundo, la degradación de los litorales,
un mayor vínculo entre la vida urbana y la fauna y flora silvestres
y la contaminación del agua.
Para los años setenta el éxodo de la posguerra de las ciudades
más importantes llevó a un modelo de asentamiento caracterizado
por suburbios de baja densidad en torno a los centros urbanos, que resultó
en una expansión urbana descontrolada. Muchas municipalidades en
América del Norte tienen como prioridad la solución de los
múltiples problemas derivados de esta expansión. La población
urbana utiliza altos niveles de energía y otros recursos, además
de eliminar grandes cantidades de desechos. Debido a su importante contribución
a la contaminación regional y mundial, y a la disminución
de los recursos naturales de la Tierra, las ciudades de América
del Norte cuentan con «huellas ecológicas» desproporcionadamente
grandes.
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