Numerosos
países, especialmente aquellos ubicados en islas, son vulnerables a los
desastres naturales (véase el cuadro). Entre los principales motivos de
preocupación relativos a las políticas cabe mencionar a los siguientes (UNEP
1999):
- deficiencias en la prevención de desastres, entre las que se incluyen
la falta de zonificación de zonas vulnerables durante el proceso de
planificación del desarrollo;
- mecanismos de mitigación débiles;
- deficiencias y uso limitado de medidas antisísmicas de construcción
al igual que organización administrativa y recursos humanos inadecuados
para asegurar su cumplimiento;
- falta de pólizas de seguro para los hogares con bajos ingresos, y
- sistemas de apoyo inadecuados para las comunidades afectadas.
Es esencial mejorar la gestión para la reducción de desastres, especialmente
las acciones de mitigación no estructurales utilizando mecanismos naturales.
Por ejemplo, los humedales disminuyen las inundaciones, las regiones forestadas,
los deslizamientos de tierra y los manglares atenúan los efectos de las
tormentas de la costa y las mareas extremas. En general, la buena utilización
de la tierra mantiene ecosistemas saludables, proporciona recursos y facilita
las acciones de mitigación no estructurales. La estrategia descrita es
particularmente atractiva en países donde los seguros contra riesgos y
la mitigación estructural son muy costosos.
| Vulnerabilidad de los países
caribeños a los riesgos naturales |
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Huracanes |
Terremotos |
Volcanes |
Inundaciones |
Sequías |
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| Antigua y Barbuda |
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| Bahamas |
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| Barbados |
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| Belice |
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| Cuba |
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| Dominica |
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República
Dominicana |
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| Granada |
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| Guyana |
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| Haití |
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| Jamaica |
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| Saint Kitts y Nevis |
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| Santa Lucía |
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| San Vicente y las Granadinas |
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| Surinam |
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| Trinidad y Tobago |
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= vulnerabilidad elevada
= vulnerabilidad media
= vulnerabilidad baja |
Dada la pesada carga económica, social y ambiental que comprenden los
desastres, se ha prestado considerable atención durante el último decenio
a la preparación, evaluación y mitigación para casos de desastre. Muchas
de las acciones se realizaron en el contexto del Decenio Internacional
para la Reducción de los Desastres Naturales (DIRDN). A nivel regional,
su mandato de promover la cooperación internacional en ese campo recibió
el apoyo de la Conferencia Interamericana sobre la Reducción de los Desastres
Naturales celebrada en Cartagena, en marzo de 1994.
| Vulnerabilidad a los riesgos naturales:
índice georeferenciado para Honduras |
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Las condiciones preexistentes en el medio ambiente, la demografía,
el sistema social y la infraestructura están entre los principales
factores de vulnerabilidad. Los indicadores de sostenibilidad rural
del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), el PNUMA
y el Banco Mundial generaron un índice georeferenciado de
la vulnerabilidad que combina la información geográfica
proveniente de cuatro mapas.
El mapa correspondiente a la vulnerabilidad ambiental destaca las
zonas bajo riesgo de deslizamientos de tierra e inundaciones utilizando
datos sobre bosques, ríos, topografía, pendientes,
permeabilidad del suelo y vegetación. El mapa de la vulnerabilidad
de la población presenta la densidad demográfica por
municipio y el mapa de la vulnerabilidad social agrega datos sobre
ingresos y pobreza. El que corresponde a la vulnerabilidad de la
infraestructura añade datos sobre el tendido eléctrico
y las carreteras.
Luego, se combinan los cuatro mapas (véase el mapa) para
mostrar los 60 municipios con la prioridad máxima para la
prevención de desastres y rehabilitación (los primeros
10 están señalados en rojo, los 15 siguientes, en
naranja y los 35 restantes, en amarillo). La información
suministrada por los mapas responde a preguntas fundamentales tales
como por qué hay municipios más vulnerables que otros,
qué se puede hacer al respecto y dónde deberían
centrarse las intervenciones.
Fuente: Segnestam, Winograd y Farrow 2000.
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Varios países de la región, tales como Brasil, Costa Rica,
Cuba, Chile, Colombia, Guatemala, Nicaragua y Panamá, crearon y
fortalecieron marcos institucionales nacionales en el campo de la gestión
de actividades en casos de desastre. Entre ellos cabe mencionar el Centro
de Coordinación para la Prevención de los Desastres Naturales
en América Central (CEPREDENAC), establecido en 1988, y el Organismo
Caribeño de Respuesta de Emergencia en Caso de Desastre, establecido
en 1991. Bajo los auspicios de la Organización de los Estados Americanos,
se adoptó la Convención Interamericana para Facilitar la
Asistencia en Casos de Desastre en 1991, que entró en vigor en
1996 (PAHO 1998).
La experiencia demostró los efectos positivos de la planificación
y creación de capacidades institucionales. Un elemento fundamental
es fortalecer y normalizar los métodos de producción de
datos a nivel regional, no sólo para evitar la falta de coherencia
durante los casos de emergencia sino también para evaluar las pérdidas.
Son igualmente importantes los esfuerzos para identificar la vulnerabilidad
de los territorios y poblaciones cuando se enfrentan a riesgos naturales
y causados por actividades humanas (véase el recuadro). Las medidas
preponderantes en casos de desastre se dirigen a la gestión de
los riesgos. Cada vez cuentan con mayor participación local y comunitaria
y hacen un uso no centralizado de las organizaciones no gubernamentales
y grupos de ciudadanos. Dentro de ese marco, está surgiendo una
nueva visión: el proceso de desarrollo debe reducir el riesgo al
atenuar la vulnerabilidad social, económica y ambiental de las
poblaciones y territorios.
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