Desastres naturales
Los efectos de los riesgos naturales, combinados con condiciones climáticas
extremas en los polos (bajas temperaturas, veranos cortos, capas extensas
de hielo y nieve en invierno), y la vulnerabilidad de los ecosistemas
y la infraestructura pueden fácilmente terminar en desastres en
el Ártico. Por ejemplo, durante el periodo quinquenal de 19962001,
se produjeron dos inundaciones catastróficas en el río Lena
que superaron todos los registros anteriores. En el invierno de 2001,
las temperaturas llegaron a un mínimo sin precedentes, algunos
ríos se congelaron por completo y, por lo tanto, tardaron más
en descongelarse y los bloques de hielo obstruyeron el flujo natural.
Por otra parte, en ese mismo año, la caída de nieve fue
particularmente severa. Los niveles de agua en la parte central del Lena
superaron la media normal en 9 metros o más. Las pérdidas
económicas y la devastación ambiental fueron graves (Kriner
2001a, b). Debido a que el cambio climático probablemente aumente
las precipitaciones en las cuencas hidrográficas de los ríos
del Ártico (IPCC 2001a), es posible que se produzca un aumento
correspondiente en la frecuencia y magnitud de las inundaciones.
El aumento de la temperatura observado en las masas continentales árticas
en los últimos años trae como resultado el deshielo del
permafrost en numerosas áreas. En las zonas desarrolladas del Ártico,
se necesitarán esfuerzos para disminuir los efectos del deshielo
en las edificaciones y la infraestructura del transporte (IPCC 2001b).
La zona del permafrost abarca el 58 por ciento de la Federación
de Rusia. Es posible que el borde de la zona se desplace 300400
km hacia el norte para el año 2100 (Interagency Commission 1998).
Otro desastre natural que afecta al ecosistema del Ártico es la
invasión de plagas, que pueden devastar una zona forestada y perjudicar
las actividades económicas conexas. Los brotes de plagas son un
problema grave en los bosques de la tundra. El escarabajo del abeto (Dendroctonus
rufipennis) causó una gran destrucción y muerte en los
bosques de abeto de Alaska. En Escandinavia, el lepidóptero Epirrita
autumnata causa la defoliación masiva de los bosques de abedules
a intervalos de alrededor de 10 años. Esos bosques no se recuperan
durante siglos debido a la lenta tasa de recuperación de la vegetación
en el Ártico (CAFF 2001).
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