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A pesar de los logros mencionados, una mayor población mundial (de más
de 6.000 millones de habitantes y aún en aumento) está exacerbando la
demanda de recursos y servicios, y aumentando la generación de desechos
al satisfacer a muchas de esas demandas. Por lo general, las medidas normativas
no han sido adecuadas para contrarrestar las presiones impuestas por el
crecimiento de la pobreza y el consumo descontrolado. Las secciones precedentes
del Capítulo 2 demuestran indiscutiblemente la degradación continuada
y extendida del medio ambiente.
- Los recientes impactos de las acciones humanas sobre la atmósfera
han sido enormes; las emisiones antropógenas son una causa primordial
de los problemas ambientales. Las emisiones de casi todos los gases
de efecto invernadero continúan en aumento.
- El ozono a nivel del suelo, la niebla urbana y las partículas finas
han surgido como riesgos importantes para la salud, al desencadenar
o exacerbar trastornos respiratorios y cardíacos, en especial entre
las personas más vulnerables, como los niños, los ancianos y los asmáticos,
en los países desarrollados y en desarrollo por igual.
- La explotación excesiva de gran parte del los recursos de aguas de
superficie y grandes acuíferos de los que dependen la agricultura de
irrigación y el abastecimiento doméstico ha dado como resultado que
cada vez más países enfrenten problemas de estrés hídrico o escasez
de agua. Cerca de 1.200 millones de personas aún carecen de acceso al
agua potable y unos 2.400 millones de personas no cuentan con servicios
sanitarios. Como consecuencia, las muertes provocadas por enfermedades
relativas al agua alcanzan entre 3 y 5 millones al año.
- La diversidad biológica de la Tierra está bajo amenaza creciente.
El ritmo de extinción de especies, según se estima, se está acelerando.
La destrucción y/o modificación del hábitat son la principal causa de
pérdida de diversidad biológica, seguidas de la presión provocada por
las especies invasoras.
- Se ha verificado una marcada tendencia hacia la explotación y agotamiento
cada vez mayores de las poblaciones de peces silvestres. Numerosas pesquerías
se han derrumbado y otras están amenazadas por la explotación excesiva.
- La degradación de las tierras sigue empeorando, especialmente en los
países en desarrollo, donde los sectores pobres son desplazados hacia
tierras marginales con ecosistemas frágiles, ubicados en zonas donde
las tierras son crecientemente explotadas a fin de satisfacer las necesidades
alimentarias y agrícolas, sin que se cuente con un adecuado apoyo económico
o político para adoptar prácticas apropiadas en la agricultura.
- Muchos de los ecosistemas forestales que aún existen han sido degradados
o fragmentados. Desde 1972 se han establecido extensos monocultivos
de bosques en el mundo en desarrollo, que no sustituyen la complejidad
ecológica de los bosques naturales.
- La producción agrícola y pecuaria ha contribuido al gran aumento del
nitrógeno reactivo en toda la biosfera, facilitando la acidificación
y eutrofización de los ecosistemas.
- Considerando que casi la mitad de la población mundial vive en los
países menos desarrollados, en zonas urbanas y megalópolis, la infraestructura
y los servicios municipales resultan inadecuados para satisfacer a los
millones de pobres urbanos. La contaminación atmosférica urbana y el
deterioro de la calidad del agua están produciendo efectos sanitarios,
económicos y sociales de consideración.
- Un aumento en la frecuencia e intensidad de los desastres naturales
durante los últimos 30 años ha colocado a más personas en situación
de grave peligro, y la carga mayor recae en las comunidades más pobres.
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