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La vulnerabilidad representa la interfaz entre la exposición a
amenazas físicas para el bienestar humano y la capacidad de las
personas y comunidades para controlar tales amenazas. Las amenazas pueden
surgir de una combinación de procesos físicos y sociales.
Así, en la vulnerabilidad humana se integran muchos problemas ambientales.
Ya que todos somos vulnerables a las amenazas ambientales, en cierto modo,
la cuestión concierne tanto a poblaciones ricas como a pobres,
tanto urbanas como rurales, tanto del Norte como del Sur, y puede llegar
a socavar el proceso completo de desarrollo sostenible de los países
en desarrollo. Reducir la vulnerabilidad implica detectar los puntos en
donde se puede intervenir en la cadena de causas entre la aparición
de un peligro y sus consecuencias humanas (Clark y otros 1998).
Muchos fenómenos naturales representan amenazas, que incluyen
acontecimientos extremos, como inundaciones, sequías, incendios,
tormentas, tsunamis, deslaves de tierras, erupciones volcánicas,
temblores y enjambres de insectos. Las actividades humanas han aumentado
la lista con amenazas de explosiones, contaminación química
y radiactiva, así como otros incidentes tecnológicos. El
riesgo radica en la probabilidad de exposición a cualquiera de
estos sucesos, lo que puede ocurrir con una gravedad que varía
según diferentes escalas geográficas, repentina e inesperadamente
o de manera gradual y predecible, y según el grado de exposición.
Sin embargo, con una población creciente cuya distribución
cada vez se extiende más en el mundo, los desastres naturales están
aumentando los daños, la pérdida de vidas y el desplazamiento
de las poblaciones. Además, los cambios al medio ambiente provocados
por el ser humano han reducido su capacidad para absorber los impactos
de los cambios y para ofrecer los bienes y servicios que satisfacen las
necesidades humanas.
El análisis del impacto ambiental presentado en el Capítulo
2 reveló muchos ejemplos en donde los individuos, las comunidades
y hasta los países se encuentran vulnerables frente a las amenazas
de su medio ambiente físico. Los cambios ambientales y la vulnerabilidad
social a éstos no son algo nuevo. Hace más de 9.000 años
los sumerios de la Mesopotamia comenzaron a irrigar la tierra con el fin
de satisfacer el aumento en la demanda de alimentos derivado del crecimiento
de la población, pero su civilización terminó por
derrumbarse en parte debido al anegamiento y salinización resultantes.
La civilización maya se derrumbó alrededor del año
900 A.C. principalmente como consecuencia de la erosión del suelo,
la pérdida de la viabilidad de los agroecosistemas y el embanque
de los ríos. El fenómeno de Dust Bowl que se dio en las
praderas de Estados Unidos en el siglo XX fue el resultado de la erosión
masiva del suelo y condujo a comunidades enteras al desarraigo y la pobreza
extendida. Durante los tres días de la «Gran Niebla»
de Londres, ocurrida en 1952, cerca de 4.000 personas murieron como consecuencia
de una combinación letal de aire cargado con materia particulada
y SO2, originada en la extendida quema de carbón y una inversión
térmica ocasionada por condiciones anticiclónicas sobre
la ciudad (Met Office 2002).
Algunas personas viven en lugares de riesgo inherente para los humanos,
por ejemplo, zonas con temperaturas demasiado elevadas, demasiado secas
o muy expuestas a riesgos naturales. Otras, como Rosita Pedro, están
en riesgo debido a que una amenaza existente se ha hecho más severa
o extensa con el tiempo. Los lugares o las condiciones que alguna vez
fueron seguros se han alterado de tal modo que ya no salvaguardan adecuadamente
la salud y el bienestar humano. Muchos de los niños de menos de
cinco años de edad que mueren cada año de enfermedades diarreicas
las contraen por beber agua contaminada (véase el Capítulo
2, «Agua dulce»).
La mayor parte de los ambientes se encuentra en un estado de cambio constante
debido a causas naturales y modificaciones humanas destinadas a la producción
de alimentos, la creación de asentamientos e infraestructura o
la producción y venta de mercancías. Los cambios intencionales
tienen en su mayoría como propósito la utilización
del medio ambiente en beneficio de la humanidad. La domesticación
de la tierra para la producción intensiva de alimentos es un ejemplo;
otro es la utilización de los recursos fluviales para proveer agua
dulce, energía y transporte. Dichos cambios también pueden
alterar involuntariamente la calidad o cantidad de recursos ambientales,
situación que puede ser difícil de controlar.
Analizando las antiguas y nuevas amenazas a la seguridad humana se puede
ver que la vulnerabilidad de los humanos a las condiciones ambientales
tiene dimensiones sociales, económicas y ecológicas. La
manifestación de esta vulnerabilidad más reconocida y difundida
tiene lugar cuando las personas resultan repentina y violentamente afectadas
por peligros ambientales, como la erupción del Nyiragongo, que
ocasionó la devastación del pueblo de Goma, en la República
Democrática del Congo (véase el recuadro). Estos sucesos
se convierten en desastres cuando las comunidades locales carecen de la
capacidad para controlar sus efectos. Sin embargo, los factores ambientales
que contribuyen a la vulnerabilidad son variados y variables y además,
no se limitan a sucesos desastrosos sino que se extienden por todo el
espectro del desarrollo sostenible.
| Vulnerabilidad en una zona en crisis: El Nyiragongo |
| El Nyiragongo, localizado en la República Democrática
del Congo, ha hecho erupción más de 50 veces en los
pasados 150 años. A pesar de su peligro potencial, resulta
atractivo para nuevos pobladores debido a la fertilidad de la zona
circundante, con sus ricos suelos volcánicos y su proximidad
al lago. La erupción del Nyiragongo del 17 de enero de 2002
afectó una zona ya devastada por años de conflictos
civiles, lo que disminuyó severamente los recursos del pueblo
para hacer frente a la situación. Los residentes recibieron
pocas advertencias sobre la erupción inminente. El pueblo de
Goma, situado a 18 km del volcán, fue devastado por ríos
de lava de entre uno y dos metros de altura que lo sepultaron y que
destruyeron otros 14 pueblos cercanos. Por lo menos 147 personas murieron
y hubo un número mayor de heridos. Aproximadamente 350.000
personas resultaron afectadas, de las cuales 30.000 personas fueron
desplazadas y 12.500 hogares quedaron destruidos.
Fuentes: USAID 2002 y ETE 2000.
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