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La exposición humana a las amenazas ambientales no está distribuida de
manera uniforme. Algunos lugares, como las altas latitudes (véase el recuadro),
llanuras aluviales, riberas de los ríos, pequeñas islas y áreas costeras,
pueden implicar más riesgo que otros. Los usos o modificaciones del medio
ambiente producto de la actividad humana, como la deforestación, un número
mayor de zonas pavimentadas, cubiertas por edificios y carreteras, y la
canalización de los ríos, han creado efectos que con frecuencia repercuten
en zonas alejadas de la fuente del cambio ambiental, como por ejemplo
las situadas aguas abajo.
| Los peligros de vivir en latitudes altas |
| Las personas que viven en latitudes altas son particularmente vulnerables
al melanoma maligno (cáncer de piel). La predisposición
a esta enfermedad ha aumentado de manera preocupante en el siglo XX,
hecho que se atribuye a un incremento en las radiaciones ultravioleta
(UV) como resultado del agotamiento de la capa de ozono, problema
ocasionado principalmente por los países industrializados.
Algunos factores que han contribuido son el cambio de costumbres,
por ejemplo, las actividades desarrolladas cada vez más al
aire libre, o los baños de sol. En 2000 el 78,5 por ciento
de los casos de melanoma y el 73 por ciento de las muertes asociadas
con melanomas registradas en todo el mundo se presentaron en los países
desarrollados (Ferlay y otros 2001). En Estados Unidos ha habido un
aumento de 1.800 por ciento en los casos de melanoma registrados desde
1930. Uno de cada cinco estadounidenses desarrolla cáncer de
piel y cada hora muere un estadounidense a causa de ese padecimiento
(US EPA 1998). |
Las decisiones individuales tienen una gran trascendencia en el lugar
donde la gente vive y trabaja, lo que ocasiona que la vulnerabilidad humana
esté estrechamente relacionada con la densidad y distribución
de la población. Las llanuras aluviales, las zonas costeras bajas
y las zonas volcánicas siempre han sido predilectas para asentamientos
por la fertilidad de sus suelos o la disponibilidad de una tierra plana.
A medida que las poblaciones aumentan y hay más competencia por
la tierra y sus recursos, se están ocupando zonas con mayores riesgos
potenciales, como montañas, laderas escarpadas y lugares cercanos
a fuentes de contaminación. Los ocupantes de esas zonas son vulnerables
a los riesgos asociados en forma individual o combinada, como deslaves,
inundaciones, erupciones volcánicas e intoxicaciones con sustancias
químicas. Nuevamente en este caso, los estratos más pobres
de la sociedad con frecuencia son los más vulnerables debido a
que tienen menos opciones para elegir en dónde vivir.
Por varias razones, hasta las personas más prósperas deciden
vivir o trabajar en zonas propensas a amenazas o peligros ambientales.
Un ejemplo sobresaliente serían los habitantes establecidos en
la falla de San Andrés, zona con predisposición a los terremotos
en California, al igual que los que radican en zonas propensas a huracanes,
en arenales, en litorales erosionados o en pueblos en donde el suministro
de agua es insuficiente para satisfacer la demanda. Resulta claro que
las ventajas de la ubicación (empleo, trabajo, seguridad, instalaciones
de esparcimiento) pesan más que los riesgos conocidos. Se pueden
buscar medidas para mitigar los riesgos, como la contratación de
un seguro o la adquisición de un producto básico como el
agua, pero estas opciones no siempre son adecuadas, están disponibles
o al alcance de todos los miembros de la comunidad.
| Inundaciones ocasionadas por el desmoronamiento
de lagos glaciares |
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Las inundaciones por desmoronamiento de lagos glaciales son descargas
catastróficas de agua originadas principalmente en glaciares
que se derriten.
El calentamiento del planeta en los últimos cincuenta años
ha ocasionado un retraimiento acelerado de los glaciares y un subsecuente
aumento en el tamaño de los lagos glaciares del Kush Índico
y los Himalayas tibetanos. En Bhután, por ejemplo, algunos
glaciares se están contrayendo a una velocidad de 20 a 30
metros por año. Las morrenas inestables están formando
diques en muchos lagos glaciares. En ocasiones estos diques se rompen
y liberan grandes cantidades de agua almacenada, ocasionando severas
inundaciones río abajo y a lo largo de su cauce. Como el
agua contiene una cantidad importante de desechos, ocasiona con
frecuencia daños graves, incluso a grandes distancias del
lugar del fenómeno; en Pakistán se registraron daños
a 1.300 km del desmoronamiento. Dichas crecidas repentinas son un
problema común en países como Bhután, China
(Tíbet), India, Nepal y Pakistán.
En Nepal los registros indican que las inundaciones por desmoronamiento
de lagos glaciales ocurren una vez en cada periodo de entre tres
y diez años. Durante las últimas décadas por
lo menos 12 inundaciones de este tipo han ocasionado daños
severos a la infraestructura. Por ejemplo, el lago glaciar Dig Tsho
de Bhután se desbordó el 4 de agosto de 1985 ocasionando
la pérdida de un número importante de vidas y la destrucción
de la planta hidroeléctrica de Namche, cuya construcción
estaba casi concluida, así como de 14 puentes.
Fuente: WECS 1987, Watanabe y Rothacher 1996.
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En 2002 más de mil millones de habitantes urbanos, principalmente
de África, Asia y América Latina, viven en barrios marginales
o como residentes ilegales (UNCHS 2001). De los mil millones de habitantes
urbanos nuevos que, según los cálculos, habrá para
2010, la mayoría probablemente se albergará en ciudades
de países en desarrollo que ya enfrentan problemas múltiples,
como escasez de vivienda adecuada, infraestructura, suministro de agua
potable, servicios sanitarios apropiados y sistemas de transporte, así
como contaminación ambiental. La población pobre de la ciudad,
sin acceso a otras alternativas, a menudo se ve obligada a vivir en las
zonas con los peores servicios urbanos y las condiciones ambientales más
insalubres, expuesta a múltiples peligros y a un mayor riesgo,
con una vulnerabilidad acentuada por el hacinamiento.
Algunas comunidades se han visto en situaciones de más vulnerabilidad
debido a que la escasez de recursos esenciales, como tierra, agua dulce
y bosques, está contribuyendo a crear conflictos. Esta escasez
del medio ambiente por lo general no causa guerras entre los países,
pero puede generar fuertes tensiones sociales dentro de los países
o a través de las fronteras, fomentando las insurgencias subnacionales,
confrontaciones étnicas o agitaciones urbanas. Este tipo de violencia
civil afecta a las sociedades en desarrollo, particularmente debido a
que, por lo general, dependen más de los recursos ambientales y
tienen menos capacidad para librarse de las crisis sociales provocadas
por la escasez del medio ambiente (Homer-Dixon 1999).
| La cuenca del Lago Victoria en África: dimensiones
múltiples de la vulnerabilidad |
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Cerca de 30 millones de personas dependen del Lago Victoria, cuyos
recursos naturales están bajo creciente estrés. La
población de su costa creció rápidamente durante
el siglo pasado, con el consecuente aumento en la demanda de pescado
y productos agrícolas. Después de que los colonizadores
europeos introdujeron redes de enmalle a principios del siglo XX
se redujo el número de muchas especies de peces autóctonos.
Muchos de éstos se habían adaptado especialmente a
comer algas, plantas en descomposición y los caracoles que
son huéspedes de larvas de esquistosomas, que causan bilharzia
en los seres humanos. El lago comenzó a eutrofizarse, lo
que hizo a los pobladores más vulnerables a la enfermedad.
Cuando la pesca disminuyó, se introdujeron especies de peces
foráneas, lo que aumentó aún más la
presión para los peces autóctonos. El mayor impacto
resultó de la introducción de la perca del Nilo (Lates
niloticus) en la década de los sesenta, como base para la
pesca comercial de agua dulce. Esto trajo repercusiones en la economía
pesquera y la distribución de la riqueza del lugar. Los pobladores
de la localidad, que antes satisfacían la mayor parte de
sus requerimientos proteicos con el lago, comenzaron a sufrir desnutrición
y deficiencia de proteínas. Aunque se exportan 20.000 toneladas
de pescado anualmente a los mercados de Europa y Asia, los pobladores
locales sólo pueden pagar por las cabezas y huesos de pescados
a los que ya se les ha extraído la carne.
Los humedales en torno al lago han sido convertidos para el cultivo
de arroz, algodón y caña de azúcar, perdiendo
así su función como filtros naturales de limo y nutrientes.
Las escorrentías ahora transportan directamente al lago la
tierra y el excedente de nutrientes de las áreas cultivadas.
El crecimiento resultante de algas ensombrece el agua de la superficie
y reduce la disponibilidad de oxígeno, afectando seriamente
el hábitat de las especies endémicas de peces, que
prefieren las aguas claras, en tanto que su depredador, la perca
del Nilo, prospera en aguas así de oscuras. Esta situación
agrava aún más la inseguridad alimentaria de las comunidades
lacustres.
La mayor cantidad de nutrientes, muchos en la forma de aguas residuales,
ha estimulado el crecimiento del jacinto de agua (Eichomia crassipes),
una de las plantas más invasoras del mundo. Esto ha afectado
seriamente el transponte acuático y paralizado muchas actividades
pesqueras de la localidad. Para finales de 1997, el 70 por ciento
de la disminución en la actividad económica registrada
en el puerto Kisumu se atribuyó al hecho de que el jacinto
obstruye el puerto y el desembarque del pescado. La densa capa de
jacinto de agua también estimuló el crecimiento de
otras hierbas secundarias, propiciando así un ambiente adecuado
para los caracoles y mosquitos, todo esto en una zona en donde el
índice de bilharzia y paludismo ya está entre los
más altos del mundo.
Fuente: Fuggle 2001.
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