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Esos avances, junto con los progresos registrados en la medicina y el
cuidado de la salud, mejoran la vida de muchos. Al mismo tiempo, estas
tendencias generan nuevas preocupaciones sociales y ambientales o intensifican
las existentes. Los avances en biotecnología e ingeniería
genética en el combate de vectores patológicos y la creación
de cultivos más resistentes abren zonas de África y de otras
regiones a la explotación intensiva de la agricultura y la ganadería
comerciales de gran escala. Esto pone en peligro tanto la diversidad natural
como la agrobiológica y conduce a una mayor degradación
de la tierra que antes, lo que destruye los cultivos y los medios de subsistencia
y lleva a la pobreza a un mayor número de personas.
Los avances en la tecnología de la información atraen la
atención hacia las enormes diferencias entre las formas de vida
tan distintas de las personas, lo que con frecuencia causa gran frustración
entre los menos favorecidos. En las regiones polares, la explotación
de los recursos aumenta como resultado de los avances tecnológicos
y de un acceso más fácil debido a los cambios climáticos,
lo que pone en un riesgo mayor a los ecosistemas de esas regiones. Se
utilizan más los recursos hidroeléctricos en la región
ártica, así como en Asia y el Pacífico, América
Latina, partes de Europa y África. El agua también se transporta
a través de distancias más grandes a regiones más
secas para satisfacer la altísima demanda. El inicio de proyectos
de gran escala para llevar agua de los Grandes Lagos y del Pacífico
Noroccidental a las áridas regiones del suroeste de América
del Norte en el decenio de 2010 subraya esta tendencia. A estos pasos
les siguen esfuerzos similares en Europa y partes de la región
de Asia y el Pacífico.
En el centro de todas estas preocupaciones orientadas al mercado está
la obligación aparentemente interminable de la sociedad de lograr avances
tecnológicos y estructurales suficientes para satisfacer la desmedida
demanda de bienes y servicios. Mientras tanto, las condiciones ecológicas
cambian constantemente. Los efectos del cambio climático son cada vez
más evidentes, en particular en las regiones polares, en los países más
pobres y a lo largo de las costas del mundo. Ya se están formulando planes
para evacuar algunos pequeños estados insulares. Otros cambios ecológicos,
como el desequilibrio en el ciclo del nitrógeno y la constante dispersión
de contaminantes orgánicos persistentes, también están teniendo impacto,
que evidencian las «mareas rojas» que azotan el Mediterráneo en el decenio
de 2010 y el Océano Índico, en el decenio de 2020.
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| «Los avances económicos que han caracterizado los últimos decenios
empiezan a frenarse de manera notable. Más y más esfuerzos se requieren
tan sólo para mantener los logros alcanzados hasta el momento». |
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El crecimiento demográfico prolongado (aunque a un ritmo menor) en África,
Asia Occidental y partes de Asia y el Pacífico y una creciente urbanización
en casi todas las regiones, agrava problemas como la pérdida de la diversidad
biológica, el estrés hídrico y el desabastecimiento frecuente de los servicios
básicos. Estos problemas se reflejan, a su vez, en conflictos regionales
persistentes y en presiones migratorias. En consecuencia, los avances
económicos que han caracterizado los últimos decenios empiezan a frenarse
de manera notable. Más y más esfuerzos se requieren tan sólo para mantener
los logros alcanzados hasta el momento. Las metas sociales y ecológicas,
que aún rondan en la mente de muchos aunque relegadas a segundo plano
por otras preocupaciones, parecen inalcanzables año tras año.
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