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El premio Nobel de la Paz del año 2001, otorgado al Secretario General
de las Naciones Unidas y a la familia de organizaciones que él encabeza,
subraya el interés renovado por los sistemas de gobierno internacional
y regional. Para empezar, gran parte de ese interés se expresa en actividades
internacionales y alrededor de las mismas, como la WSSD, las reuniones
de los G7 y G8 y las negociaciones de la OMC, así como los acuerdos multilaterales
sobre el medio ambiente. Las protestas y manifestaciones, aunadas a eventos
paralelos de menor confrontación y a consultas más abiertas en las que
participan funcionarios, ONG y público en general, ayudan a renovar el
compromiso con la acción contraído por instituciones formales.
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| «Una característica común de estas iniciativas es un enfoque
altamente estructurado, complementado con el establecimiento de instituciones
formales y de objetivos muy específicos». |
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Este compromiso se traduce en iniciativas que ayudan a comprender y enfrentar
mejor los problemas motivo de preocupación. Una característica
común de estas iniciativas es su enfoque altamente estructurado,
complementado con el establecimiento de instituciones formales y de objetivos
muy específicos. Los esfuerzos para comprender mejor los problemas
se basan en actividades existentes, como el Grupo Intergubernamental de
Expertos sobre Cambios Climáticos, la Evaluación de Ecosistemas
de Milenio y la Evaluación Mundial de las Aguas Internacionales.
A estas actividades se suman una Evaluación del Impacto Climático
en el Ártico y una evaluación mundial del ciclo del nitrógeno.
El establecimiento de objetivos se basa en los esfuerzos de las conferencias
internacionales del decenio de los noventa, los cuales se explican en
la publicación Un mundo mejor para todos (IMF y otros 2000). Después
de este precedente, las prioridades mundiales en materia ambiental y social
se expresan en términos de medidas orientadas a satisfacer necesidades
básicas, como reducir la pobreza extrema, disminuir la mortalidad
infantil, mejorar la salud reproductiva, promover la equidad de género,
mejorar las condiciones ambientales y lograr la educación primaria
universal. Se acuerdan indicadores cuantificables para ayudar a rastrear
el avance hacia el logro de estas metas.
Los objetivos ambientales caen en dos grandes categorías. La estabilización
del clima, el mejoramiento de la eficiencia ecológica y la reducción
de desechos tóxicos requieren que se centre la atención
en actividades industriales y en las demandas del estilo de vida moderno.
Frenar la deforestación y la degradación de la tierra, mantener
la diversidad biológica, sostener las pesquerías y mejorar
el acceso al agua limpia y al saneamiento, requieren que también
se aborden los problemas relativos a la pobreza y al aumento demográfico.
Los objetivos acordados para los países en desarrollo reflejan
la aceptación general de que el proceso de desarrollo e industrialización
debe continuar en estas regiones. De ese modo, aunque la utilización
de los materiales per cápita y las descargas de contaminantes crezcan,
no excederán los niveles registrados en las regiones de la OCDE
y gradualmente convergerán en valores similares.
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