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En su mayoría las personas apoyan estos esfuerzos y se muestran
confiadas y pacientes con sus dirigentes. Existe tensión, sin embargo,
habida cuenta que muchos de los ciudadanos dan por sentado equivocadamente
que los cambios pueden llevarse a cabo de manera que no alteren en lo
esencial su estilo de vida en cuanto a comodidad, movilidad y otras ventajas.
Además, algunas personas protestan contra los costos directos y
ocultos más elevados que se ven forzadas a pagar para llevar a
cabo los cambios. Otras se muestran impacientes con el tiempo que toma
realizar los cambios drásticos que consideran necesarios. Aparece
la frustración al no evolucionar los sistemas social, económico
y natural al mismo ritmo que los cambios institucionales en marcha.
Surgen probables conflictos de intereses al tratar de alcanzar las metas
deseadas. Un ejemplo es el esfuerzo por satisfacer las crecientes demandas
de alimentos de poblaciones que crecen en tamaño y recursos, sin
afectar la diversidad biológica o la fertilidad de la tierra. Este
dilema estimula los reclamos de una nueva Revolución Verde mundial,
aunque las desventajas sociales y ambientales del movimiento anterior
aún son evidentes. Se plantean interrogantes sobre los riesgos
que entraña la biotecnología, incluida la ingeniería
genética, en la que tendrá que basarse cualquier movimiento
de esa naturaleza. Las cuestiones ambientales, médicas, sociales,
económicas y éticas en torno a estas tecnologías
suben el tono del debate público a niveles no vistos desde la era
del debate nuclear.
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