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Reto en Cancún

 

PATRICIA ESPINOSA CANTELLANO
Ministra de Relaciones Exteriores de México

El cambio climático se ha constituido en una de las cuestiones definitorias de nuestra época. Ningún Estado está inmune a sus impactos, y ningún Estado puede resolver el problema por sí solo. Debemos actuar mu n d i a l me n t e . L a atmósfera es nuestro patrimonio mundial; por ello, debemos ser capaces de superar viejos debates y ofrecer medidas concretas y de fondo, conforme a nuestras respectivas responsabilidades y capacidades.

En un mundo cada vez más pequeño e interconectado, el destino de todos está ligado. La reciente crisis económica nos recuerda de manera contundente que es así. Abordar el cambio climático está en el centro mismo de las estrategias de desarrollo y en la manera en que funciona nuestra economía. No debemos retrasar las decisiones necesarias. Si queremos tener éxito en la construcción de sociedades más justas y equitativas y en la mitigación de la pobreza es indispensable actuar.

En México, calculamos que el 15% de nuestro territorio nacional, más del 68% de nuestra población y más del 70% de nuestro PIB están muy expuestos a los impactos del cambio climático. En 2005 sufrimos la peor temporada de huracanes jamás conocida, cuyos costos económicos alcanzaron el 0,6% de nuestro PIB. En 2009 tuvimos una grave sequía, y en 2010 una temporada de lluvias sin precedentes que produjo la peor inundación de nuestra historia reciente.

La buena noticia es que el cambio climático también representa una oportunidad para revisar nuestra huella de carbono personal, reorientar las inversiones en tecnologías limpias, eficientes y renovables en todos los sectores, y reforzar la cooperación internacional con miras a una economía mundial con bajas emisiones de carbono. Los que se adapten mejor a las exigencias de un mundo con emisiones reducidas de carbono serán los más indicados para aprovechar las nuevas oportunidades de un futuro más limpio y sostenible. El apoyo internacional debe destinarse a las sociedades que más lo necesitan.

México está dispuesto a actuar. Todos los sectores del gobierno y la sociedad mexicanos están coordinando las políticas y medidas de mitigación y adaptación, las cuales, en líneas generales, figuran en nuestro Programa especial sobre el cambio climático. A través de este programa, México pretende alcanzar los objetivos unilaterales de reducción de 51 millones de toneladas de equivalente de CO2 antes de 2012, y hasta un 30% de nuestras emisiones con respecto al nivel habitual, antes de 2020 con el apoyo de financiación externa.

Con respecto a las energías limpias, antes de 2012 más de una cuarta parte de nuestra electricidad procederá de fuentes de energía renovables, incluida la generación de energía solar y eólica. Además, México ha creado programas para sustituir las bombillas tradicionales con bombillas eficientes, y ofrece subvenciones para ayudar a los hogares a cambiar los refrigeradores antiguos por unos que sean mucho más eficientes.

No obstante, las iniciativas nacionales como la nuestra son tan sólo parte del rompecabezas internacional en el que cada nación debe contribuir para poder dar una respuesta frente al cambio climático que sea justa, eficaz y de ámbito mundial. En las negociaciones debemos concertar acuerdos sobre las cuestiones centrales pendientes, y demostrar la capacidad del sistema de las Naciones Unidas para buscar soluciones a los retos mundiales a través de mecanismos eficaces de concertación.

Cancún (México), será anfitrión de la 16º Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y la sexta Reunión de las Partes del Protocolo de Kyoto. En su calidad de próximo Presidente de las Conferencias, México está haciendo un gran esfuerzo para avanzar en las negociaciones de un modo inclusivo. Hemos dado gran prioridad a restablecer la confianza entre las partes y en el proceso.

En Cancún podemos ponernos de acuerdo en una serie de medidas concreta que fortalezca la aplicación de un régimen climático que vele por la continuidad de sus principios básicos. Debemos demostrar nuestra voluntad política y comenzar una nueva era de medidas de alcance mundial, teniendo en cuenta lo que la ciencia dice que es necesario.

Los países desarrollados deben demostrar su claro liderazgo mediante ambiciosos compromisos de reducción de las emisiones a mediano y largo plazo. Según datos del PNUMA, los compromisos actuales de reducción de emisiones para 2020 de los países del Anexo I suman entre un 11% y un 16% de las reducciones a los niveles de 1990. Esta cifra es muy inferior al margen de 25%-40% recomendado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático.

El carácter mundial del cambio climático exige un sentido de responsabilidad compartida. Los países en desarrollo también deberían acordar medidas de mitigación adecuadas y de mayor calado, de conformidad con nuestras responsabilidades y capacidades comunes pero diferenciadas.

Como país en desarrollo, México conoce de primera mano que la financiación es la clave para incrementar las actuaciones serias sobre el cambio climático. El actual sistema financiero tiene un alcance limitado y su estructura administrativa es ineficaz. Por tanto, un acuerdo firme sobre financiación es sumamente importante para lograr grandes progresos en otras esferas del Plan de Acción de Bali.

Debemos facilitar el acceso de los países en desarrollo al apoyo financiero para las políticas y proyectos de mitigación y adaptación, reconociendo la importancia de reducir las emisiones debidas a la deforestación y la degradación de los bosques, y estableciendo un marco dinámico para el desarrollo y la transferencia de tecnología. La labor relativa a la adaptación debe permitir a los países en desarrollo mejorar su resistencia a los efectos perjudiciales.

El régimen exigirá la transparencia que ofrecen los procedimientos claros y simplificados. Ya sea a través de la tarea de medición, presentación de informes y verificación de las intervenciones relativas a la mitigación y financiación por parte de países desarrollados, o de un mecanismo internacional de consulta y análisis para los países en desarrollo, todos estamos de acuerdo en la importancia de fomentar la confianza y consolidar los esfuerzos realizados.

El tiempo apremia. Para lograr avances importantes en Cancún, todos los países deben potenciar sus niveles de ambición. Hacerlo redundará en beneficio de cada una de nuestras naciones.

Podemos y debemos avanzar a un futuro con bajas emisiones, asegurando al mismo tiempo que hay suficientes suministros de energía y crecimiento económico para atender las necesidades de las poblaciones de nuestros países. Las conferencias en Cancún ofrecen una oportunidad única para revertir una tendencia peligrosa. La comunidad internacional no debe fracasar a la hora de producir resultados concretos y creíbles.

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