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Aprovechar el viento de cambio

 

CHRISTIANA FIGUERES
Secretaria Ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático

El año pasado se determinó que la voluntad política para abordar la cuestión del cambio climático en los más altos niveles era el principal desafío de nuestro tiempo. Sigue soplando un poderoso viento proveniente de la sociedad, el sector científico y las empresas que impulsa la solución del problema del cambio climático. Ahora los gobiernos deben desplegar las velas para aprovechar este viento de cambio.

Lo cierto es que podrán desplegar aun más velas en Cancún. Podrán unificar las promesas ya realizadas y comenzar a aplicarlas. Es evidente que lo que se acuerde podría no estar al nivel de lo que la ciencia exige. No obstante es el siguiente paso fundamental en la dirección correcta. Así pues, los gobiernos tienen la oportunidad y la responsabilidad de consolidar las iniciativas pasadas en cinco esferas decisivas.

Primero, deben decidir qué hacer respecto de sus compromisos públicos respecto de las emisiones. Todos los países industrializados han prometido reducirlas para 2020, mientras que todos los países en desarrollo de mayor envergadura han presentado planes para limitar su aumento. Una pregunta fundamental que deben responder los gobiernos es cómo unificar esas promesas e incluirlas en un acuerdo internacional vinculante. Aunque se cumplan a tiempo todas las promesas, a largo plazo la respuesta será inadecuada para que el mundo mantenga el aumento de la temperatura global en un valor más seguro. Así pues, no puede demorarse mucho la adopción de medidas más rigurosas para reducir las emisiones; los países industrializados deben ser los primeros en hacerlo.

Los acuerdos internacionales que incluyen mecanismos eficaces para acelerar y ampliar las iniciativas entre las distintas economías indudablemente pueden contribuir a que cada país incremente sus esfuerzos por reducir las emisiones. Para que haya progreso, los gobiernos también deben deliberar seriamente sobre el Protocolo de Kyoto, el único acuerdo internacional vigente que tiene la condición jurídica necesaria para verificar las reducciones de las emisiones, aunque más no sea para aclarar el futuro del mercado del carbono.

Segundo, los gobiernos parecen estar bien encaminados para acordar un conjunto amplio de medios que permitan a los países en desarrollo adoptar medidas respecto del cambio climático. Estas incluyen la adaptación al cambio climático, la restricción del crecimiento de las emisiones, la obtención de financiación suficiente, el impulso al uso de la tecnología, la promoción de la silvicultura sostenible y el fortalecimiento de las competencias y la capacidad para lograr todo esto. Todos los países en desarrollo necesitan ayuda para adoptar estas medidas, aunque los más pobres y vulnerables son los que la necesitan con mayor urgencia.

Tercero, los países industrializados pueden hacer realidad sus compromisos de financiación. El año pasado prometieron 30.000 millones de dólares de los EE.UU. de financiación acelerada para las iniciativas de adaptación y mitigación de los países en desarrollo hasta 2012. Estos países consideran la asignación transparente y efectiva de ese dinero una señal decisiva de que los países industrializados están empeñados en que las negociaciones más amplias progresen. Los países industrializados también prometieron encontrar medios para recabar 100 mil millones de dólares por año para 2020.

Cuarto, los países desean que lo que acuerden entre sí se mida, informe y verifique de forma transparente y responsable. El concepto de medición, presentación de informes y verificación, como se lo denomina en las negociaciones, no es complejo: los países simplemente desean estar seguros de que lo que ven es lo que reciben. El progreso en este ámbito será una medida del avance de los países hacia una posición común.

Por último, los gobiernos están de acuerdo en que las promesas deben englobarse de forma vinculante; solo deben determinar la manera de hacerlo. Los acuerdos vinculantes entre gobiernos pueden ser de nivel internacional o nacional, pueden basarse en el cumplimiento de normas y reglamentaciones o pueden ser una mezcla de esos dos aspectos. Actualmente los gobiernos están examinando todos los medios posibles.

La combinación de los dos últimos elementos, la rendición de cuentas y las medidas vinculantes, es esencial para que las sociedades, el sector científico y las empresas confíen en que se están aplicando estrategias no contaminantes y ecológicas y que estas lograrán beneficios a nivel tanto mundial como local.

Los gobiernos hacen frente a un gran desafío. Está en juego el futuro sostenible a largo plazo de la humanidad. Conocemos los hitos que ha establecido la ciencia, es decir el plazo y la cuantía de la reducción necesaria de las emisiones para que el mundo evite las peores consecuencias. Se necesita nada menos que una revolución energética tanto en la producción como en el consumo.

Los gobiernos han estado construyendo una base común desde el inicio de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Río en 1992, y posteriormente en las reuniones más importantes celebradas en Berlín, Kyoto, Marrakech, Bali y Copenhague, y ahora seguirán haciéndolo en Cancún. La idea de que un único acuerdo mundial mágico resolverá todas las cuestiones del cambio climático no reconoce los logros decisivos ya alcanzados y, lo que es aun más importante, hace caso omiso de la necesidad de seguir innovando. En Cancún los gobiernos podrán valerse de lo que es políticamente posible para alcanzar progresos concretos y decididos.

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