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Una oportunidad única

Dr. Yemi Katerere
Director de la Secretaría del Programa ONU-RED

Conseguir una reducción de las emisiones de carbono tal vez sea la razón de ser de la Reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación (REDD+). Sin embargo, como se reconoce ampliamente, también presenta la oportunidad de afrontar muchos de los retos relacionados con los factores subyacentes que causan las pérdidas de bosques tropicales en el mundo. Por tanto, se trata de un poderoso instrumento normativo para influir en la manera en que se manejan y se valoran los bosques tropicales. No obstante, pese a esta opción que aparentemente beneficia a todos, o tal vez precisamente por ello, sigue suscitando un vivo debate sobre la forma en que debería formularse y aplicarse el mecanismo de REDD+.

Una explicación radica en su complejidad. Cada país tiene su única arquitectura y capacidad institucional, compromiso político y dotación de recursos forestales. Todos estudian la manera en que, a través de REDD+, puedan equilibrar los objetivos sociales y medioambientales y, al mismo tiempo, reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La singularidad de cada nación requiere comprender la relativa importancia de los distintos factores que causan la deforestación y los papeles que los diversos interesados desempeñan en los mismos. En efecto, no hay respuestas o soluciones sencillas a dichas cuestiones.

Al mismo tiempo, hay crecientes expectativas de que REDD+ pueda beneficiar por igual a todos los bosques, circunscripciones y países, y que esos beneficios pueden ser considerables. Algunos creen, por ejemplo, que ofrece fondos sin precedentes para la conservación de bosques y la biodiversidad. La reciente ampliación del alcance del mecanismo de REDD+ de los objetivos originales de reducir las emisiones de la deforestación y la degradación de bosques, para incluir la conservación y el aumento de las existencias de carbono de los bosques y el manejo sostenible de los mismos –es decir, añadir el símbolo “+” a “REDD+” – se ha considerado que ofrece a más países la posibilidad de participar y beneficiarse del mecanismo. Sin embargo, reconciliar todas las expectativas será una tarea ardua, sobre todo que, en algunos contextos nacionales, REDD+ tal vez no sea de “bajo costo” como en un momento se supuso: esto es particularmente cierto donde los pequeños agricultores tal vez no trabajen en un sistema de mercado que funcione correctamente y no estén muy dispuestos a correr el enorme riesgo de renunciar a sus actuales fuentes de ingresos por futuros pagos por carbono que hasta ahora nadie puede garantizar. Si añadimos las preocupaciones de que la financiación de REDD+ sigue siendo menos de la necesaria para reducir las emisiones procedentes de los bosques, nos queda un mecanismo que probablemente comporte decisiones difíciles.

Destacar dichos retos para el mecanismo es a la vez sano e importante, al igual que obligar a todos los interesados en las etapas iniciales de formularlo y aplicarlo a pensar en toda la gama de cuestiones conexas. Efectivamente, gracias a esa transparencia el valor general del mecanismo se mantiene firme, sustentado por la experiencia adquirida en las primeras etapas por los países que elaboraron las estrategias de REDD+. Para avanzar, es importante que todos los interesados estén dispuestos a abandonar modelos normales consolidados.

REDD+ ha vuelto a poner los bosques en una posición central, lo cual forzó a debatir y reexaminar las cuestiones relacionadas con el manejo sostenible de los bosques. Por ejemplo, ha avanzado rápido y ha obtenido más consenso que prácticamente cualquier otra opción de mitigación en las negociaciones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) de los últimos dos años. Además, el mecanismo REDD+ ha movilizado considerables recursos financieros inmediatos, que facilitan un nuevo planteamiento a los retos relacionados con la manera en que pueden manejarse los bosques para que contribuyan a reducir las emisiones mundiales y, al mismo tiempo, beneficien a las personas y los servicios de los ecosistemas forestales. En efecto, habilita a los países a ir más a fondo y definir la función de los bosques en su desarrollo económico, la cantidad de bosques que deben conservar y la transformación de sus economías en una con bajas emisiones de carbono.

En los países ricos en bosques, por ejemplo, puede ser el catalizador para “negociar” un equilibrio entre mantener los bosques intactos y fomentar el desarrollo económico mediante concesiones de tierras para emplearlas en grandes plantaciones de caucho, aceite de palma y azúcar, con un potencial considerable en materia de empleo, ingresos y exportaciones. Del mismo modo, puede provocar una mirada crítica a las decisiones difíciles que deben adoptar los gobiernos entre las distintas opciones de normativa.

REDD+ también podría ofrecer oportunidades para lograr sinergias entre los beneficios ambientales y sociales. Ha servido de plataforma para numerosos pueblos indígenas y comunidades dependientes de los bosques, permitiéndoles participar en los planos nacional e internacional. Si bien los avances iniciales tal vez no hayan estado a la altura de las expectativas, el mecanismo facilita el diálogo y la creación de confianza entre ellos, el Estado y las organizaciones de la sociedad civil.

En definitiva, las cuestiones que son esenciales para el éxito de REDD+ son las que deben tratar los países para lograr la sostenibilidad, existiera o no existiera el mecanismo. Independientemente de si un país comercia o no una sola tonelada de carbono, debe emprender un debate nacional sobre dónde encajan sus bosques en las políticas de desarrollo nacionales: REDD+ está resultando un catalizador fundamental para dicho debate.

La puesta en marcha del concepto de REDD+ en 2008 fue oportuna y visionaria. La formulación del mecanismo y los acuerdos de Cancún son indicativos del nivel del compromiso de la comunidad internacional. Por tanto, presenta una oportunidad única para responder al reto de reducir las emisiones de carbono de los bosques, limitando al mismo tiempo las posibles repercusiones negativas para el medio ambiente y las personas que puedan derivarse de su formulación y aplicación.

El Programa ONU-REDD es la iniciativa de colaboración de las Naciones Unidas sobre la Reducción de las emisiones derivadas de la deforestación y la degradación (REDD+) en los países en desarrollo. El Programa, iniciado en 2008, toma como fundamento la función de convocatoria de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). El Programa ONU-REDD respalda los procesos nacionales de REDD+ y fomenta la participación fundamentada y significativa de todos los interesados, en particular los pueblos indígenas y otras comunidades dependientes de los bosques, en la aplicación de REDD+ a nivel nacional e internacional.

 

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