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la pobreza |
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Eveline Herfkens dice que el agua y el saneamiento pueden hacer posible alcanzar los Objetivos de desarrollo para el milenio |
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La crisis del agua y el saneamiento no es objeto de grandes titulares en los diarios, pero muchas más personas sufren a causa de ella que de los problemas que aparecen en primera plana. Cada año, las enfermedades relacionadas con el agua cobran más de 5 millones de víctimas, en su mayor parte en Africa y Asia. Cada 15 segundos muere un niño de enfermedades causadas en su mayor parte por mal saneamiento y agua contaminada. Esto equivale a 2 millones de muertes infantiles evitables cada año. Muchas niñas en Tanzanía no pueden asistir a la escuela porque necesitan ayudar a su madre yendo a buscar agua a varios kilómetros de distancia.
En septiembre de 2000, en la Declaración del Milenio, los líderes mundiales de 189 naciones reconocieron la urgencia de liberar a sus conciudadanos de la extrema pobreza. De la Declaración surgieron los Objetivos de desarrollo para el milenio, que comprometen firmemente a los gobiernos a una ambiciosa serie de metas para el año 2015, incluso la de disminuir a la mitad los habitantes sin acceso sostenible a agua potable segura. Dos años más tarde, la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible reafirmó los Objetivos y comprometió a la comunidad humana a ampliar la provisión de saneamiento para los pobres. La promesa de la Declaración de asegurar que la globalización se convertirá en una fuerza positiva para todo el mundo continúa sin cumplir. Basta con considerar la patente disparidad en el uso del agua. Los habitantes en las naciones ricas como promedio consumen 400 a 500 litros por día, comparados con 20 litros en los países pobres. En el correr de los años, la demanda mundial anual aumentará, más vidas se perderán, más enfermedades se propagarán y el desarrollo de los países pobres seguirá tambaleante. Cuando el agua es controlada por unos pocos a exclusión de la mayoría, el resultado es impotencia y desigualdad. El mundo de hoy posee los recursos, la tecnología y los conocimientos para sacar de la pobreza a millones de personas. Lo que nos impide alcanzar los Objetivos es la falta de una fuerte voluntad por parte de los líderes mundiales de cumplir sus promesas. Si reconciliaran la retórica con la acción, sería posible alcanzar las metas de agua y saneamiento. Y alcanzar esas metas aceleraría el progreso en alcanzar otros Objetivos de desarrollo para el año 2015. El conjunto de Objetivos para el milenio contiene promesas sin precedente para sostener el desarrollo, erradicar la pobreza y mejorar la condición humana y el medio ambiente. Los Objetivos se diferencian de otras metas internacionales, especialmente por su sinergía e interdependencia. El progreso en uno de los Objetivos nos hace más fácil hacer progreso en otros. Las metas de agua y saneamiento están tan inextricablemente vinculadas con otras facetas de desarrollo humano, que priorizarlas significa lograr progresos en toda una variedad de otros frentes.
A las claras, las metas para agua y saneamiento constituyen un punto de entrada crítico para la comunidad de desarrollo para acelerar el progreso hacia el logro de los Objetivos para el milenio. Pero alcanzarlas dependerá en gran parte de la gobernanza, de si todos podemos valorar y manejar mejor unos escasos recursos hídricos al nivel individual y al nivel colectivo mediante una ordenación integrada de los recursos hídricos y mejores mecanismos de suministro de servicios de agua, a través de un enfoque participatorio, a todos los niveles de la sociedad.
¿Qué progreso hemos logrado? De acuerdo al Informe del Banco Mundial para 2003 a su Comité de Desarrollo, las políticas y la gobernanza de los países pobres jamás han sido más fuertes; empero, las acciones de las naciones ricas no coinciden con sus promesas. Es necesario que se impongan plazos concretos y metas específicas para llevar a la práctica sus compromisos bajo este Objetivo.
Sabemos que un acceso más equitativo al agua segura y a saneamiento son las claves para el alivio de la pobreza, un desarrollo sostenible y la futura seguridad del mundo. El reto consiste ahora en asegurar que se implementen los compromisos políticos contraídos en la Cumbre del Milenio y otras reuniones subsiguientes. El tiempo es corto, y si no actuamos ahora mismo pondremos en peligro nuestras oportunidades de alcanzar las Objetivos para el milenio.
El agua es asunto de todos, y todos debemos concentrarnos ahora en cumplir estas grandes promesas. Los crecientes retos del agua en el siglo XXI únicamente podrán enfrentarse con la participación de los gobiernos y la sociedad a todos los niveles. La nuestra es la primera generación que posee los conocimientos y los recursos para erradicar la pobreza. Negámonos a perder esta oportunidad
Eveline Herfkens es la Coordinadora Ejecutiva del Secretario General de las Naciones Unidas para la Campaña de los Objetivos de desarrollo para el milenio. FOTO: Zeng Fei/PNUMA/Topham |
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