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el cambio |
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Mamphela Ramphele explica por qué recolectar y quemar leña y biomasa perjudica la salud de las mujeres y el medio ambiente, y cómo la electricidad en la casa revoluciona su vida. |
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Cuando nos enfermamos, muchos de nosotros recibimos tratamiento de médicos con tecnología avanzada. Recibimos las drogas más modernas. Y si nuestro médico lo necesita, puede investigar en sofisticadas bases de datos, simplemente apretando unos botones, para consultar a quien quiera en el mundo. Pero como todos sabemos, la mayor parte del mundo no posee tal acceso. En efecto, hasta en los países más ricos, mucha gente carece de acceso a atención médica adecuada. El acceso a los servicios médicos críticos es determinado socialmente.
Nos hemos hecho más conscientes de la íntima conexión entre el medio ambiente y los resultados para la salud. La interrupción de la infraestructura de agua, saneamiento y electricidad en Iraq --y los efectos anticipados sobre la salud de una población predominantemente urbana-- dan motivo de seria preocupación. Por otra parte, también hemos sido recordados recientemente de la importancia de contar con una fuerte estructura de salud pública y funciones básicas, por la respuesta efectiva e inmediata al síndrome respiratorio agudo severo (SARS) en Viet Nam, que logró limitar el brote de la enfermedad en ese país a través de la combinación de enfoques clínicos y de salud pública. Los riesgos medioambientales afectan los hogares pobres en forma desproporcionada, y son los niños y las mujeres pobres quienes soportan una parte injusta de esta carga. La tarea de conseguir y usar combustible de biomasa y forraje para el hogar puede llevar entre dos y nueve horas por día en países en desarrollo. En Lombok, en el sur de Indonesia, las mujeres pasan unas tres horas por día cocinando, y cuatro horas cada semana recolectando leña o residuos agrícolas para usar como combustible. En algunas regiones de Kenia, las mujeres pasan siete horas por día en tareas similares. En las regiones rurales de la India existen enormes diferencias entre la carga de trabajo de hombres y mujeres. Las mujeres están ocupadas seis horas diarias en la tarea de recolectar leña y forraje, y preparar la comida, mientras los hombres sólo se ocupan una décima parte de ese tiempo en estas tareas. En algunas regiones, este trabajo rutinario sumamente duro causa serios problemas de salud reproductiva y trastornos mentales en las mujeres.
Aparte del costo físico de la recolección --y los efectos que esto tiene tanto para la salud de las mujeres como para la disminución de los recursos naturales--, el uso de fuentes de energía tradicionales de bajo costo como el carbón y la biomasa (leña, estiércol, residuos de cultivos) para cocinar y calentar la casa resulta en una alta incidencia de enfermedades respiratorias y problemas oculares. La mitad de los habitantes del mundo están expuestos a la contaminación en locales cerrados, principalmente debido a la quema de combustibles sólidos para cocinar y calentar las casas. La biomasa sigue siendo la principal fuente de energía para 60 a 90% de los hogares en los países en desarrollo, o sea unos 2.500 millones de personas. Y son las madres y sus hijos, predominantemente en zonas rurales, quienes están más expuestos que nadie a los efectos de la mala ventilación del combustible de biomasa con el uso de estufas y cocinas primitivas, y quienes pagan el precio en forma de enfermedades y muerte prematura. Así por ejemplo, se han documentado muchas pruebas que asocian la quema de ese combustible con la incidencia de bronquitis crónica en mujeres, y de infecciones respiratorias agudas en los niños. En algunos países latinoamericanos con alta mortalidad, tales como Guatemala, se ha calculado que el humo interior de combustibles sólidos causa 10.000 muertes por año, con la pérdida de 298.000 años de vida. En un programa llevado a cabo en ese país, las estufas mejoradas han tenido un importante impacto sobre la vida de la gente. Los participantes reportaron que los beneficios más apreciados --aparte de quitar el humo de la casa-- eran el uso de menos leña, y la reducción del tiempo dedicado a cocinar. Dada la monótona y pesada tarea cotidiana de recolectar leña y cocinar, estos también son importantes beneficios para la mujer rural. Las políticas para las zonas rurales que alientan la adopción de combustibles de petróleo y el uso eficiente de los combustibles de biomasa pueden contribuir de manera efectiva a la solución de los problemas de contaminación en locales cerrados y el trabajo físico de las mujeres. Pero es necesario que las mujeres participen en el planeamiento de estas políticas e intervenciones, a fin de asegurar que sean implementadas con éxito y de manera sostenible. Las políticas y proyectos energéticos por sí mismos no cambiarán la difícil situación de la mujer en la sociedad, pero pueden utilizarse como puntos de entrada para reducir una carga evitable de muerte y enfermedad entre las mujeres y para fomentar una mayor justicia en la distribuión de oportunidades y recursos entre los sexos. La efectividad de encarar este problema que pone en peligro la vida de tantas mujeres depende de tres consideraciones clave, a saber:
Los programas gubernamentales deben incluir un componente para informar, educar y comunicar las consecuencias para la salud, ambientales, energéticas y financieras de la contaminación en lugares cerrados y las diferentes intervenciones que reducen la exposición a la misma. Por lo general, hay tres tipos de tales intervenciones:
Las soluciones sostenibles a largo plazo requieren la plena participación del gobierno local, la sociedad civil, el sector comercial y las comunidades locales, en particular de las mujeres. Un estudio de mercado energético rural, auspiciado conjuntamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Programa de Asistencia de Gestión Energética del Banco Mundial (ESMAP), reveló prometedores resultados respecto al impacto de la electrificación de las viviendas sobre la vida de las mujeres. Una encuesta entre 5.048 mujeres de seis estados de la India en 1996 reveló que el acceso a electricidad afecta directamente la cantidad de tiempo libre de que disponen, y ofrece canales para aumentar sus conocimientos y su conciencia facilitando la lectura y mirando la televisión. El estudio también halló que las mujeres de hogares que usan electricidad con mayor probabilidad pasarán menos tiempo recolectando combustible y usarán combustibles menos debilitantes para su salud. Como promedio, estas mujeres llevan una vida más sana y más productiva que sus contrapartes en viviendas que no usan electricidad. Por ejemplo, tanto la lectura como la televisión pueden educar y ampliar el horizonte de las mujeres que viven en una aldea y, a la larga, lograr que se produzca un cambio social. Si bien es necesario reforzar las pruebas empíricas, el hecho de tener electricidad en los hogares rurales al parecer cambia su ambiente general en tal manera como para alentar estilos de vida más sanos, incluso mejores sistemas para cocinar los alimentos. Hoy día, la electricidad está disponible en casi todas las aldeas en la India. No obstante, de acuerdo al sondeo de ESMAP, que estudió 6 de entre los 20 estados de la India, alrededor del 60% de los hogares no tienen electricidad de la red de suministro nacional. Basado en un censo de la India llevado a cabo en 2001, el porcentaje puede bajar a un 40% del país con viviendas con acceso a electricidad.
Según subraya el Consejo de Salud Mundial, nos enfrentamos hoy con una tarea de enormes proporciones. Cada año, en todas partes alrededor del mundo, decenas de millones de seres humanos mueren innecesariamente y cientos de millones de vidas son destruidas por mala salud. El mundo posee los recursos para reducir esta pérdida y este sufrimiento de forma considerable. Cuando es cuestión de salud mundial, no puede tratarse de ellos, sólo de nosotros
La Dra Mamphela Ramphele es la Directora Ejecutiva saliente del Banco Mundial y Asesora Superior de su Presidente. Foto: PNUMA/Topham |
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