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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Desarrollo económico

La economía mundial, en términos agregados, ha crecido considerablemente durante las tres décadas pasadas a pesar de registrar fluctuaciones significativas. El producto interno bruto (PIB) del mundo aumentó a más del doble, al pasar de aproximadamente 14,3 billones de dólares en 1970 a unos 29 billones 995 mil millones de dólares en 1999 (Costanza y otros 1997, World Bank 2001). Sin embargo, estas cifras no incluyen el valor de los bienes y servicios del medio ambiente, de importancia fundamental para los sistemas de sustentación de la vida en la Tierra, que contribuyen al bienestar humano aunque están fuera del mercado. La estimación del valor económico de estos servicios de ecosistemas varía entre 16 y 54 billones de dólares, con un promedio de 33 billones de dólares anuales. Esta estimación debería ser considerada como un mínimo debido a la naturaleza de las incertidumbres (Costanza y otros 1997).

Producto interior bruto per cápita (dólares de 1995/año), 1972-1999

A pesar del crecimiento económico mundial, la brecha entre ricos y pobres ha aumentado al ampliarse las diferencias entre países desarrollados y en desarrollo; con excepción de Europa y América del Norte, los ingresos per cápita han aumentado sólo marginalmente.

Fuente: recopilación a partir de World Bank 2001.

El producto interno bruto (PIB) de la economía del mundo creció un 3,1 por ciento al año entre 1980 y 1990, y en un 2,5 por ciento anualmente entre 1990 y 1998, con una tasa de crecimiento anual per cápita de 1,4 y 1,1 por ciento respectivamente (UNCTAD 2000). Sin embargo, se han verificado variaciones regionales significativas durante ese periodo, con tasas de crecimiento mucho más altas en Asia y el Pacífico, región que contiene más de la mitad de la población mundial. El PIB per cápita (en dólares constantes de 1995) casi se duplicó en el Pacífico Noroccidental y Asia Oriental durante 1972-99, con un crecimiento anual promedio de 2,4 por ciento (recopilación a partir de World Bank 2001); en contraste, tal indicador disminuyó en África subsahariana.

A pesar del crecimiento económico global, la brecha entre ricos y pobres se ha ampliado, tanto entre países desarrollados y en desarrollo, como al interior de los diferentes países, especialmente en América Latina y África subsahariana (UNDP 2001). Los ingresos per cápita han crecido tan sólo marginalmente en la mayoría de las regiones, con la excepción de Europa y América del Norte (véase el cuadro). Actualmente, 3.500 millones de personas en países de bajos ingresos ganan menos del 20 por ciento de los ingresos mundiales mientras que 1.000 millones de personas que viven en los países desarrollados ganan el 60 por ciento (UN 2000). La relación entre los ingresos obtenidos por los países con el 20 por ciento de la población más rica y los ingresos de los países con el 20 por ciento de los más pobres del mundo, también se ha agrandado, al pasar de 30 a 1 en 1960, a 60 a 1 en 1990 y a 74 a 1 en 1997 (UNDP 1999).

Tanto el crecimiento en el uso de energía (véase el cuadro) como en el transporte son indicadores de desarrollo económico, y ambos tienen serios efectos sobre el medio ambiente. El uso de transporte automotor privado se ha convertido en un estilo de vida firmemente arraigado entre aquellos que cuentan con los medios necesarios. Desde los años setenta, aproximadamente 16 millones de vehículos se han sumado anualmente a las carreteras del mundo (UNDP, UNEP, World Bank y WRI 1998) y los automóviles de pasajeros participan con el 15 por ciento del consumo mundial de energía (Jepma y otros 1995).

Tendencias en la producción y consumo mundiales de energía

La energía es de importancia clave para el desarrollo socioeconómico. Es también fundamental para alcanzar las metas económicas, sociales y ambientales del desarrollo sostenible. El aprovechamiento de la energía ha expandido enormemente las opciones de la población, permitiéndoles a aquellos que tienen acceso a ella a disfrutar de productividad, movilidad y comodidad sin precedentes. Empero, el uso de electricidad per cápita es evidencia de una gran disparidad. El promedio anual de consumo de la OCDE de 8.053 kilovatios-hora (kWh) per cápita es aproximadamente 100 veces más alto que el de los países menos desarrollados, de 83 kWh per cápita (UNDP/UNDESA/WEC 2000).

La tasa anual de crecimiento del uso de energía entre 1972 y 1999 tuvo un promedio de 2 por ciento, pero disminuyó de un 2,8 por ciento en los años setenta a 1,5 por ciento en los años ochenta y 2,1 por ciento en los años noventa (IEA 1999). Esta disminución fue causada por el débil rendimiento económico de las economías en transición de Europa en los años noventa, agravada por la crisis financiera mundial de 1997-98 (UNDP/UNDESA/WEC 2000).

Los beneficios que aportan el consumo y la producción de energía a la humanidad tienen con frecuencia un efecto negativo sobre el medio ambiente, lo que a su vez puede amenazar la salud humana y la calidad de vida. Los efectos en la composición atmosférica, la deforestación que resulta en erosión y embanque de las masas de agua, la eliminación de deshechos de combustibles nucleares, y ocasionalmente accidentes catastróficos como el de Chernóbil, son algunos de los problemas ampliamente reconocidos.

A nivel mundial, el consumo per cápita ha variado relativamente poco durante los últimos 30 años a pesar de que el consumo total creció en un 70 por ciento aproximadamente durante el periodo 1972-99. A nivel regional, el consumo per cápita se redujo en América del Norte, el mayor consumidor, y creció considerablemente en Asia Occidental. La reducción en el consumo de energía de combustibles fósiles en regiones de consumo alto, y el logro de un consumo per cápita más equilibrado dentro y entre los países son imperativos ambientales para el siglo XXI.

Consumo per cápita de energía (equivalente a toneladas de petróleo/año)
Consumo total de energía (equivalente en millones de toneladas de petróleo/año)
Fuente: recopilación a partir de IEA 1999 y United Nations Population Division 2001.

Las desigualdades de ingreso se reflejan también en la disparidad de consumo material (véase la «Huella ecológica»). Se estima que el 20 por ciento de la población mundial más rica es responsable del 86 por ciento del total de gastos de consumo privados, consume el 58 por ciento de la energía mundial, 45 por ciento de toda la carne y el pescado, 84 por ciento del papel y posee 87 por ciento de los automóviles y de 74 por ciento de los teléfonos. En contraste, el 20 por ciento de los más pobres del mundo consumen el 5 por ciento, o menos, de cada uno de esos bienes y servicios (UNDP 1998).

La huella ecológica

La huella ecológica es una estimación de la presión humana sobre los ecosistemas mundiales, expresada en «unidades de área». Cada unidad corresponde al número necesario de hectáreas de tierra biológicamente productiva para producir los alimentos y la madera que la población consume y la infraestructura que utiliza, y para absorber el CO2 producido durante la quema de combustibles fósiles; por consiguiente la huella toma en cuenta el impacto total que la población produce sobre el medio ambiente.

La huella ecológica mundial es una función del tamaño de la población, del consumo promedio de recursos per cápita y la intensidad de los recursos tecnológicos utilizados. Durante el periodo 1970-96, la huella ecológica mundial aumentó de un total de 11.000 millones a más de 16.000 millones de unidades de área. La huella mundial promedio permaneció relativamente constante entre 1985-96 en 2,85 unidades de área per cápita.

Huellas ecológicas regionales (1996, unidades de área per cápita)

Nota: no todas las regiones corresponden exactamente a las regiones GEO.

Fuente: WWF y otros 2000.

Para muchos países en desarrollo la pobreza, el desempleo y la baja productividad son motivo de gran preocupación. En el conjunto de los países en desarrollo el sector informal proporciona el 37 por ciento de los empleos, y en África llega al 45 por ciento (UNCHS 2001). En los años ochenta el Banco Mundial introdujo programas de ajuste estructural (SAP, por su sigla en inglés) para rectificar desequilibrios económicos subyacentes y mejorar la eficiencia económica mediante reformas. Los SAP han tenido diversos efectos económicos, sociales y ambientales, e incluso repercuciones negativas sobre la estabilidad social y la sostenibilidad del medio ambiente (Reed 1996). La pobreza, el desempleo y niveles de vida en declinación surgieron también como problemas importantes para los países en transición en los años noventa.

Una cuestión fundamental es la de la deuda externa, que alcanzó 2 billones 572.614 millones de dólares en 1999 (World Bank 2001). La Iniciativa para los países pobres muy endeudados (PPME) fue lanzada en 1996, y para noviembre de 2001 los paquetes de reducción de deuda alcanzaban un total de 36.000 millones de dólares beneficiando a 24 países (principalmente en África) (IMF 2001). Sin embargo, dicha iniciativa causó cierta desilusión y muchos de los países que recibieron programas de alivio de la deuda en el marco de la Iniciativa PPME siguen gastando más en el servicio de sus deudas que en educación básica o salud (Oxfam 2001).