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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Agricultura y producción alimentaria

Desde 1972, la producción alimentaria en aumento es el principal factor de la presión ejercida sobre los recursos de tierras. En 2002, se necesitan alimentos para aproximadamente 2.220 millones más de personas que en 1972 (United Nations Population Division 2001). La tendencia durante el decenio de 1985-1995 reveló un crecimiento demográfico que superaba aceleradamente a la producción alimentaria en muchas partes del mundo, especialmente en África: en 64 de los 105 países en desarrollo estudiados durante ese periodo, la producción alimentaria estaba rezagada con respecto al crecimiento demográfico (UNFPA 2001).

La tierra destinada a la agricultura (definida como tierra utilizada para el cultivo más los cultivos permanentes) aumentó a un ritmo constante en la regiones en desarrollo, pero no en las desarrolladas (véase el gráfico). La disminución en las regiones desarrolladas parece deberse menos a la disponibilidad de recursos de tierras que a fuerzas económicas, como la sobreproducción de productos básicos importantes y la disminución de precios para los productos agrícolas.

Superficie de uso agrícola y con cultivos permanentes (en millones de ha)
Superficie de regadío (en millones de ha)
Consumo de fertilizantes (kg/cápita/año)

Los gráficos superiores muestran tendencias de 30 años en tres variables agrícolas principales: superficie agrícola, superficie de regadío y el consumo per cápita de fertilizantes. Este último ha disminuido en Europa y América del Norte, pero continúa ascendiendo, aunque lentamente, en todas las otras regiones.

Fuente: recopilación a partir de FAOSTAT 2001 y United Nations Population Division 2001.

El fracaso de las políticas y las prácticas agrícolas deficientes contribuyen a ejercer más presión sobre la tierra. Por ejemplo, el empleo excesivo de fertilizantes y otros productos químicos causan la degradación del suelo y la contaminación del agua. Entre 1972 y 1988, el uso mundial de fertilizantes aumentó una media anual de 3,5 por ciento o más de 4 millones de toneladas por año (FAO 2001). Hasta el decenio de los ochenta, se pensaba en el mantenimiento y mejora de la fertilidad se relacionaba fundamentalmente con la adición de abonos minerales, de manera que los subsidios a la agricultura incrementaron aún más el empleo de fertilizantes. Las políticas gubernamentales apoyaron a los agricultores subsidiando los insumos agrícolas tales como riego, fertilizantes y plaguicidas. Un estudio realizado por la FAO sobre 38 países en desarrollo reveló que 26 de ellos subsidiaban la utilización de fertilizantes (FAO/IFA 1999).

Los plaguicidas se siguen utilizando de manera indiscriminada (algunas veces en forma ilegal) en ciertos lugares y se los elimina displicentemente. Un estudio publicado por la FAO sobre países en África y el Cercano Oriente informaba sobre existencias de plaguicidas indeseables o prohibidos que alcanzaban más de 16.500 toneladas en unos 1.000 sitios correspondientes a 49 países (FAO 1995a).

El riego contribuyó de manera importante, y aún lo sigue haciendo, a la producción agrícola, pero el potencial para el crecimiento futuro cambió. La eficacia de muchos regímenes de riego es baja y los problemas de degradación de tierras están generalizados. Los regímenes de riego diseñados e implementados en forma deficiente pueden ser causa de sobresaturación, salinización y alcalinización de los suelos. Aproximadamente entre 25 y 30 millones de los 255 millones de hectáreas de tierras de regadío del planeta se degradaron gravemente debido a la acumulación de sales, según cálculos de la FAO de 1995. Se informó que otros 80 millones de hectáreas están afectados por la salinización y la sobresaturación (FAO 1995b). En el decenio de los ochenta, se calculó que se abandonaban alrededor de 10 millones de hectáreas de tierras de regadío por año (WCED 1987) aunque el total de las zonas de regadío siguió aumentando (véase el gráfico arriba).