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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Degradación de tierras

La expansión de la agricultura durante los últimos tres decenios comprendió el cultivo de tierras marginales, o el desmonte de importantes hábitat naturales, tales como bosques y humedales. Esa conversión es una de las principales causas de la degradación de la tierra. En las islas del Océano Índico Occidental, por ejemplo, la competencia para obtener tierras es tan intensa que los humedales costeros fueron destruidos deliberadamente, y se han drenado los pantanos interiores y utilizado como emplazamientos de obras (UNEP 1999b). Numerosas comunidades rurales africanas sobreviven al desplazar su ganado y cultivos a medida que bajan las aguas de las inundaciones y dejan expuestos fondos y llanuras aluviales enriquecidos. Más de 1,5 millones de personas en Malí, Mauritania, Senegal y Sudán dependen de ese recurso al igual que vastos números de especies herbívoras silvestres (Maltby 1986). El drenaje de los humedales con fines agrícolas amenaza no sólo los hábitat y la diversidad biológica sino también los medios de subsistencia de los pastores y de la fauna y flora silvestre.

La pérdida del hábitat natural redujo la cubierta vegetal y dejó expuestos los suelos a la erosión eólica e hídrica. Esos tipos de erosión son de consideración en muchas partes de África, donde cerca del 25 por ciento del territorio es proclive a la erosión hídrica y alrededor del 22 por ciento, a la eólica (Reich y otros 2001).

La erosión del suelo causa también mayores índices de embanque de represas y ríos, y un elevado riesgo de inundaciones en ríos y estuarios. En Sudán, por ejemplo, la capacidad total del embalse de la central hidroeléctrica de Roseires, que genera el 80 por ciento de la electricidad del país, ha decaído un 40 por ciento en el transcurso de 30 años debido al embanque del Nilo Azul (Conway 2001).

La erosión del suelo disminuye la productividad de la tierra y se requiere así que los agricultores apliquen cada vez más fertilizantes y otros productos químicos que ayudan a frenar el decaimiento de la productividad. No obstante, los pequeños agricultores no pueden costear esos insumos y, por ende, obtienen bajos rendimientos.

Vulnerabilidad a la desertificación: África

El mapa de África sobre la vulnerabilidad a la desertificación sitúa el 46 por ciento de la superficie en riesgo, del cual el 55 por ciento corre un riesgo alto o muy alto.

Fuente: Reich y otros 2001.

Como consecuencia de que cada vez se reconoce más el agotamiento de nutrientes del suelo, se estableció en 1996 una iniciativa relativa a la fertilidad de los suelos en el África subsahariana (donde el problema está particularmente generalizado) (New Agriculturalist 2001). Su objetivo consiste en fortalecer la acción de parte de los organismos participantes para mejorar la productividad y aumentar los ingresos agrícolas mediante la combinación de reformas normativas y adaptación tecnológica. Actualmente, se están elaborando planes de acción nacionales relativos a la fertilidad de los suelos en 23 países subsaharianos. Los sistemas de agricultura orgánica ofrecen una gran esfera de acción para abordar los problemas relativos a la fertilidad de los suelos, así como para aumentar los ingresos agrícolas.

En general, las políticas sobre ordenación de tierras no han conseguido tratar las causas profundas de la degradación de tierras que se originan en los desequilibrios coloniales en la distribución de tierras, en la falta de incentivos para la conservación, en un régimen inseguro de tenencia de tierras y en la falta de previsión de sistemas diversificados de producción rural (Moyo 1998). La Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD) señala que la degradación de la tierra está intricadamente ligada a la pobreza y que abordar ese problema exige la participación de los usuarios de los recursos y, donde corresponda, se les debe proporcionar opciones de medios de subsistencia alternativos. Muchas naciones africanas firmaron y ratificaron la convención, y 15 países presentaron programas de acción nacionales en 2000. La Unión del Magreb Árabe, la Comunidad de Desarrollo de África Meridional, la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental y el Comité Permanente Interestatal de Lucha contra la Sequía en el Sahel presentaron también planes subregionales. Ello sirvió para concientizar al público sobre cuestiones relativas a la sostenibilidad del medio ambiente y de los recursos, pero los medios necesarios para hacer cumplir esos planes con frecuencia no han sido suficientes (UNCCD 2001). Un estudio reciente calculó que los procesos de desertificación afectan al 46 por ciento de África, y el 55 por ciento de esa superficie corre un riesgo alto o muy alto. Las zonas más perjudicadas se ubican a lo largo de las márgenes del desierto (véase el mapa) y cerca de un total de 485 millones de personas están afectadas (Reich y otros 2001).

El éxito de los programas de conservación de tierras depende de varios factores y está estrechamente relacionado con las condiciones socioeconómicas. Es fundamental mejorar la distribución de la riqueza, el acceso a los recursos y a las posibilidades económicas (SARIPS 2000). La paz y la estabilidad política son vitales para mejorar la seguridad alimentaria y de recursos, tal cual queda demostrado por la baja producción alimentaria per cápita en los países donde existen conflictos. La seguridad de recursos es necesaria para implementar y mantener los programas de conservación. Otros requisitos esenciales para el desarrollo agrícola sostenible son la mejora de los servicios de divulgación y del acceso a tecnología adecuada y asequible, planes de crédito para el sector rural y asistencia en la comercialización, y la superación de los obstáculos al comercio.