About UNEP UNEP Offices News Centre Publications Events Awards Milestones UNEP Store
GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
UNEP Website GEO Home Page
UNEP Website GEO Home Page

Especies foráneas

Zonas protegidas: Asia y el Pacífico

Nota: el número de zonas protegidas incluye las de las categorías I-VI de UICN.

Fuente: recopilación a partir de UNEP-WCMC 2001b.

Desde hace tiempo se reconoce que la introducción de especies foráneas constituye una amenaza para las especies autóctonas, particularmente para las especies endémicas de un solo país o de islas pequeñas. Por ejemplo, las plantas autóctonas compiten en las principales islas de Nueva Zelandia con una variedad de plantas introducidas y se han visto afectadas considerablemente por la introducción de mamíferos terrestres, uno de los cuales, el possum cola peluda de Australia, es una amenaza seria. Se ha gastado anualmente decenas de millones de dólares neozelandeses en los años 1990 para controlar el possum, reducir la pérdida de hábitat y controlar la tuberculosis bovina que puede transmitirse del possum al ganado doméstico (MFE 1997). Las aves, los reptiles y los anfibios de Nueva Zelandia están también bajo la presión de depredadores introducidos, tales como los armiños, ratas y gatos, pero actualmente se pone mucho énfasis en programas de control de especies invasoras en pequeñas islas, donde es posible el control a largo plazo. El petirrojo Petroica traversi estaba antes muy difundido en las islas Chatham, pero su presencia se redujo mucho a fines del siglo XIX. Ya en los años 1970 la especie estaba restringida a la isla Little Mangere, donde la parcela de bosque que quedaba estaba siendo destruida por plantas invasoras. Un programa de conservación ha dado por resultado que actualmente la población ascienda a cerca de 200 pájaros, todos descendientes de la misma pareja (MFE 1997).

La serpiente marrón de árbol Boiga irregularis se difundió ampliamente en Guam, a partir de los años 1950, luego de haber sido introducida accidentalmente por un avión militar. Ha tenido un efecto grave sobre la fauna autóctona de aves, una de cuyas especies se considera extinta, otra se ha extinguido en la naturaleza y finalmente otra ha sido clasificada como en peligro crítico. Los moluscos de Moorea (Islas Sociedad, Polinesia Francesa) son otro ejemplo sorprendente de los efectos potenciales de las especies introducidas. Un caracol carnívoro de Florida, Euglandina rosea, fue introducido para controlar la población del caracol de tierra gigante africano Achatina fulica, que se había convertido en una plaga para la agricultura luego de haber sido a su vez introducido en la isla. El carnívoro que se introdujo se alimentó principalmente de los caracoles endémicos autóctonos del género Partula, cuyas siete especies se extinguieron en la naturaleza, aunque sobreviven en cautiverio (Wells 1995).