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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Pérdida y degradación del hábitat

Como consecuencia de la conversión y pérdida de hábitat, 31 de las 178 ecorregiones de la región se encuentran en estado crítico de conservación, 51 están en peligro y 55 son vulnerables (Dinerstein y otros 1995). La mayoría de las ecorregiones en peligro están localizadas en el norte y centro de los Andes, en América Central, en las zonas de estepas y lluvias de invierno del Cono Sur, en el Cerrado y otros bosques secos al sur de la cuenca del Amazonas, y en el Caribe (Dinerstein y otros 1995). Myers y otros (2000) ubicaron en la región 7 de los 25 sitios críticos del mundo (lugares donde concentraciones excepcionales de especies endémicas están sufriendo una pérdida excepcional de hábitat).

En los Neotrópicos se encuentran 6 de los 12 países del mundo donde hay concentración de especies de aves amenazadas mundialmente; de esos seis, Brasil y Colombia tienen el más alto número de especies en dicha categoría (BirdLife International 2000). Brasil, Colombia, Perú y México, tomados en conjunto, alojan el 75 por ciento de las especies de aves amenazadas en las Américas (BirdLife International 2000).

Número de vertebrados amenazados: América Latina y el Caribe

Nota: en peligro crítico (riesgo extremadamente alto de extinción en el futuro inmediato); en peligro (riesgo muy alto de extinción en un futuro próximo); vulnerables (alto riesgo de extinción a mediano plazo).

Los datos incluyen todas las especies de vertebrados amenazadas mundialmente que tienen un registro por país en la base de datos de PNUMA-WCMC (UNEP-WCMC 2001a).

No se incluyen las especies marinas registradas por océanos.

Los bosques nubosos y otros tipos de bosques montanos húmedos han sido identificados como uno de los tipos de hábitat más amenazados en la región. Estos bosques se encuentran donde hay una cobertura persistente de nubes en contacto con la ladera de las montañas, a una altura de 1.000 a 3.000 metros, y tienen un papel decisivo en la provisión de agua pura a las poblaciones humanas de las tierras bajas. Los bosques húmedos montanos albergan también los parientes silvestres y la reserva genética de muchos de los cultivos propios del Nuevo Mundo, como papas, maíz y frijoles (Debouck y Libros Ferla 1995).

Las presiones principales a que están sometidos los bosques nubosos son el desmonte que las comunidades rurales realizan con fines de subsistencia y agricultura comercial, y el desmonte que se realiza en algunas regiones para cultivar narcóticos. El crecimiento de la población humana y la pobreza impulsan estos procesos, pero la construcción de caminos y el aumento de las conexiones con los mercados comerciales han estimulado también los cultivos comerciales. Entre otros factores de presión cabe mencionar la deforestación para la cría de ganado, apoyada en el pasado por políticas gubernamentales.

Los bosques ombrófilos tropicales de tierras bajas han sido motivo de especial preocupación en materia de conservación, pues constituyen el hábitat donde se concentra la mayor riqueza de especies y donde grandes extensiones se convierten a otros usos de la tierra. La región amazónica brasileña, que alcanzó a tener en el pasado un área forestada de 4 millones de km2, contiene el mayor bosque pluvial tropical del mundo. Hasta 1998 se conservaba 86,3 por ciento de esta área, pues 377.200 km2 fueron desmontados en los 20 años precedentes (Fearnside 1999). El ritmo promedio de desmonte se aceleró durante los años 1990 y se calcula actualmente que el área total afectada por la fragmentación, el desmonte y los efectos de borde abarca un tercio de la región amazónica brasileña (Laurance 1998).

La deforestación de la región amazónica brasileña está impulsada por varios procesos. Un factor importante de presión es el crecimiento de la población, que ha aumentado diez veces en esa región desde 1960 (Goodman y Hall 1990). A ello se agregan, como factores importantes de deforestación, la tala industrial, la minería y las redes de caminos que les están asociadas, las cuales permiten que nuevas extensiones de bosques se hagan accesibles para colonizadores y rancheros. Cerca del 6 por ciento de la región está incluida en la categoría de estrictamente protegida. Se han hecho grandes esfuerzos en el campo de la certificación de madera y la preservación de bosques a fin de revertir el proceso de pérdida de diversidad biológica (UNEP-ECLAC 2001). Los incendios causados por humanos se han transformado en un fenómeno generalizado, especialmente en zonas taladas y fragmentadas (Laurance 1998).

Los bosques de la costa oriental de Brasil están considerados como uno de los hábitat en mayor peligro del mundo, razón por la cual se les ha acordado la más alta prioridad en materia de conservación de la diversidad biológica (Bibby y otros 1992). Contienen 7.000 plantas endémicas y 779 vertebrados endémicos, que representan el 2,7 y el 2,1 por ciento del total mundial, respectivamente (Myers y otros 2000). En la región de Bahía sólo el 0,4 por ciento de la cubierta forestal continua subsiste de los 215.436 km2 del área original de bosque (Mendonça y otros 1994). Las amenazas provienen del desarrollo costero y de la tala, la agricultura y la producción de carbón incontroladas.

En conjunto, más del 10 por ciento de la zona está actualmente protegida (véase el gráfico). Además, el carácter atractivo de los bosques nubosos y el reconocimiento de su valor por parte de individuos interesados ha llevado a la creación de muchas reservas forestales en la región, asociadas a menudo con programas de investigación científica y proyectos de ecoturismo. Otra tendencia similar en los años 1990 ha sido la creación de reservas forestales montanas manejadas por la comunidad.

Un nuevo enfoque para promover la conservación de los bosques montanos en la región consiste en compensar a los propietarios de bosques por los servicios ambientales que sus bosques prestan a la sociedad; la compensación se financia a menudo cobrando una pequeña sobrecarga a los usuarios del agua que se origina en los bosques. Tales esquemas se están considerando en varios países de América Latina y se los ha puesto a prueba en Costa Rica (Campos y Calvo 2000). Entre las numerosas iniciativas de conservación forestal que se han emprendido en la región amazónica cabe mencionar la planificación del uso de la tierra, el establecimiento de zonas protegidas unidas por corredores, y las reservas de extracción y de poblaciones indígenas. La más ambiciosa de ellas es el Programa Piloto para la Conservación de Bosques Tropicales, que cuenta con el apoyo de los países del G-7. Pero al mismo tiempo se están planificando actualmente nuevos proyectos de infraestructura mayor, de agricultura industrial, de minería y de explotación forestal para la región amazónica (Laurance y otros 2001).

Zonas protegidas: América Latina y el Caribe

Nota: el número de zonas protegidas incluye las categorías I a VI de la UICN.

Fuente: recopilación a partir de UNEP-WCMC 2001b.

El CDB ha tenido un papel importante en la elaboración de respuestas a la pérdida de diversidad biológica. Mientras que algunos países han incorporado los objetivos del CDB en una legislación general, otros lo han hecho por medio de leyes sectoriales. Entre los primeros se cuentan Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú y Venezuela. Por ejemplo, Brasil estableció un Programa Nacional de Biodiversidad en 1994, acompañado de un proyecto para la conservación y uso sostenible de la diversidad biológica brasileña (PROBIO), en el cual se identifican las zonas y medidas de conservación prioritarias mediante una serie de evaluaciones. En el Perú, la Ley sobre la Conservación y Aprovechamiento Sostenible de la Diversidad Biológica, que cubre la mayoría de los compromisos asumidos en el CDB, entró en vigor en 1997. Se espera que los nueve países del Caribe que están actualmente preparando estrategias sobre diversidad biológica implementarán el CDB promulgando leyes, estableciendo mecanismos institucionales y proveyendo recursos adecuados (UNEP 2000). Entre los países que están modificando sus leyes sectoriales cabe mencionar a Cuba, Honduras, México, Nicaragua y Panamá. Pero la legislación promulgada para implementar el CDB no incluye a menudo referencia a otros convenios relacionados con la diversidad biológica, como la CITES, la Convención sobre la conservación de especies migratorias de animales silvestres o el Convenio Ramsar.

Se han establecido programas nacionales de financiación, como el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza, como parte de los esfuerzos nacionales por implementar el CDB. Entre las fuentes adicionales de financiamiento se cuentan el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, así como otros organismos internacionales, ONG y organismos bilaterales de cooperación.

Entre 1988 y 1999, el Grupo del Banco Mundial aprobó 74 proyectos sobre diversidad biológica en la región que fueron declarados coherentes con las metas y objetivos del CDB. Sumas importantes (más de 700 millones de dólares) se han distribuido entre distintas iniciativas regionales de conservación de la diversidad biológica, especialmente desde 1995. Como se anticipaba, la mayor parte de los recursos fue a los países más grandes. Brasil recibió el 56 por ciento del total, pero este beneficio no se distribuyó de manera igual entre los ecosistemas, ya que la mayor parte de los recursos se destinó a la región amazónica y a los bosques ombrófilos de la costa atlántica.