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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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La región ártica

El Ártico tiene una diversidad biológica considerable (véase el cuadro, más abajo). Existen también poblaciones robustas de plancton en el medio ambiente marino. La pesca en el Ártico es un recurso importante: la pesca solamente en el Mar de Bering representa la mitad de la captura de peces en los EE.UU. y entre el 2 y el 5 por ciento de la captura mundial (CAFF 2001).

Diversidad Biológica en el Ártico: número de especies conocidas
 
Mundial
Ártico
Ártico %
Hongos
65 000
5 000
7,6
Líquenes
16 000
2 000
12,5
Musgos
10 000
1 100
11,0
Hepáticas
6 000
180
3,0
Helechos
12 000
60
0,5
Coníferas
550
8
1,2
Plantas florales
270 000
3 000
1,2
Arácnidos
75 000
1 000
1,2
Insectos
950 000
3 000
0,3
Vertebrados
52 000
860
1,6
Peces
25 000
450
1,8
Reptiles
7 400
4
>0,1
Mamíferos
4 630
130
2,8
Aves
9 950
280
2,8
Fuente: CAFF 2001.

Durante siglos el Ártico ha atraído cazadores de mamíferos como ballenas, focas, morsas, osos polares y nutrias. A menudo muchas especies se han visto llevadas al borde de la extinción y algunas están por debajo de los límites de seguridad biológica. La caza continúa, pero está ahora reglamentada más estrictamente. Aun así las poblaciones de mamíferos marinos como la ballena Beluga, la morsa, el león marino de Steller, la foca común, el oso marino ártico, y el rorcual común han disminuido. No se conoce la tendencia de la población de muchos otros mamíferos marinos.

La población de varias especies de aves y de peces está en disminución. Entre las de peces cabe mencionar las poblaciones locales de bacalao del Atlántico, el bacalao del Ártico, el halibut de Groenlandia y los lobos de mar.

Poblaciones de oso polar en el Ártico

Las poblaciones de oso polar estables se indican en azul claro, las que están en aumento en azul oscuro. En las zonas grises las tendencias no se conocen. Las figuras grandes de osos indican poblaciones de 3.500 ejemplares, las más pequeñas, de 500.

Fuente: CAFF 2001.

Muchas poblaciones de animales silvestres han sufrido hambre debido a actividades humanas como la pesca excesiva. Por ejemplo, a mediados de los años 1980 se produjo el colapso de la población de capelanes en el Mar de Barents como resultado de la pesca excesiva, lo que a su vez causó la muerte por inanición de cientos de miles de focas de Groenlandia. Por lo menos 50.000 más se ahogaron al quedar atrapadas en redes de pesca. Noruega prohibió la pesca de capelanes entre 1987 y 1990, lo que permitió que se recuperara su población y que se reasumiera la pesca, pero a niveles más sostenibles (NCM 1993). Otra víctima han sido los frailecillos, aves marinas que alimentan su cría principalmente con alevines de arenques. A finales de los años 1970, alrededor de 1,4 millones de parejas de frailecillos construían sus nidos en la extremidad sudoeste de las Islas Lofoten. Durante los años 1980 la colonia se contrajo a un ritmo del 10-15 por ciento anual. En 1995 tenía apenas la mitad de su tamaño original porque la mayoría de las crías había muerto de hambre como consecuencia de la pesca excesiva de arenques desde 1960. A mediados de los años 1990 la colonia no se había todavía recuperado a pesar del aumento en la población de arenques que siguió a la reglamentación de su pesca (Bernes 1996).

La reducción de la explotación y otras respuestas semejantes han tenido consecuencias positivas en otras poblaciones. Por ejemplo, la prohibición de la pesca de arenque del Atlántico impuesta por Islandia entre 1972 y 1975 ayudó a que la población de esta especie se recuperara gradualmente y actualmente se considera que ya está dentro de los límites de seguridad biológica. En los años 1940, la población del ganso Barnacle en el archipiélago Svalbard se había reducido a sólo 300 ejemplares. Se procedió entonces a protegerlo en las zonas donde inviernan en el Reino Unido y se estableció una reserva natural. Hoy la población en el archipiélago Svalbard asciende a 23.000 aves. Aumentos semejantes han tenido lugar en Groenlandia y en Rusia (CAFF 2001, Bernes 1996).

Las otras presiones que se ejercen sobre la diversidad biológica en el Ártico son los cambios climáticos y la pérdida y fragmentación de hábitat. La tendencia al calentamiento está reduciendo el hábitat de hielo de especies como el oso polar y la morsa, y está causando fenómenos climáticos más severos como tormentas de hielo que aumentan la tasa de mortalidad (CAFF 2001, Crane y Galazo 1999). Los países árticos han lanzado un proyecto importante de evaluación de las repercusiones del cambio climático sobre el Ártico, conocido por sus siglas en inglés ACIA (Artic Climate Impact Assessment) cuya finalidad es formular recomendaciones sobre lo que debe hacerse ante los efectos del calentamiento de la Tierra en el Ártico. Estos países han adoptado también varias medidas para reducir la pérdida de hábitat y evitar la fragmentación. Una de las respuestas importantes fue aumentar el número de zonas protegidas de 280 en 1994 a 405 en 2001, con una cobertura que pasó de 2 millones de km2 a 2,5 millones de km2. Este aumento es resultado de acciones emprendidas en el ámbito nacional por cada uno de los países árticos, sin que haya habido mayor colaboración circumpolar. En 1996 los países árticos acordaron colaborar en la implementación de una Estrategia y Plan de Acción para una Red Circumpolar de Zonas Protegidas Árticas, pero hay pocas pruebas de que se progrese en la implementación (AC 2000).