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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Pesquerías

La Conferencia de Estocolmo calculó que la captura anual casi duplicaría los niveles de 1970 a «algo más de 100 millones de toneladas» (UN 1972b), aunque también se reconoció el agotamiento de las pesquerías por sobreexplotación. En el mismo año, la pesquería más grande del mundo, la anchoa del Perú, se redujo de manera espectacular como resultado de años de cosechas no sostenibles precipitadas por un fuerte episodio de El Niño. La captura en las pesquerías marinas sí aumentó aunque no alcanzó los 100 millones de toneladas, al fluctuar entre 80 y 90 millones de toneladas desde mediados del decenio de los ochenta (véase el gráfico). Contrario a las indicaciones de que la captura en las pesquerías mundiales es estable, un estudio reciente reveló que en realidad ha disminuido durante más de un decenio (Watson y Pauly 2001). El estudio muestra que los informes exagerados sobre las capturas que llevan a cabo algunos países, combinadas con la pesca intensiva y en extremo fluctuante de la anchoa peruana, han ofrecido una imagen falsa de la salud de los océanos. La producción de acuicultura, en cambio, se ha incrementado de manera considerable, pero está totalmente dominada por Asia y el Pacífico (véase el gráfico).

Captura anual de peces, moluscos y crustáceos (millones de toneladas) por región
Captura anual per cápita de peces, moluscos y crustáceos (kg) por región
Producción anual de acuicultura (millones de toneladas) por región

Las capturas mundiales de peces, moluscos y crustáceos parecen haberse estabilizado en aproximadamente 90 millones de toneladas, pero los valores per cápita han disminuido en Europa y América del Norte; nótense las variaciones en América Latina por las fluctuaciones en la captura de la anchoa del Perú. La producción de acuicultura ha aumentado considerablemente desde hace más de un decenio, en especial en Asia y el Pacífico.

Fuente: Recopilación a partir de Fishstat 2001 y United Nations Population Division 2001.

La Conferencia de Estocolmo recomendó dos enfoques básicos a la gestión de las pesquerías: el mejoramiento de la información de la gestión por medio de investigación, evaluación y vigilancia, por un lado, y la cooperación internacional, por el otro. A pesar de un avance importante en la calidad y el alcance de la información sobre las pesquerías, no se ha logrado mejorar en general la gestión de las mismas. Se ha observado una tendencia mundial casi inexorable hacia una explotación y un agotamiento cada vez mayores de las poblaciones de peces (véase la figura), tres cuartas partes de las cuales se explotan al máximo (FAO 2001), y muchas se han desplomado. Los convenios mundiales relativos a la explotación sostenible de las pesquerías incluyen la adopción en 1995 de un Acuerdo sobre la Conservación y Ordenación de Poblaciones de Peces Transzonales y Poblaciones de Peces Altamente Migratorias y del Código de Conducta de la FAO para la Pesca Responsable.

Tendencias mundiales en las poblaciones de peces (%)

Está disminuyendo el porcentaje mundial de poblaciones de peces en el mundo subexplotadas o moderadamente explotadas; las poblaciones agotadas, sobreexplotadas o en recuperación cada vez son más comunes.

Fuente: FAO 2001.

Hace treinta años, los problemas de las pesquerías se consideraban casi completamente en términos económicos y políticos. Hoy día, las actividades de las pesquerías se consideran como problemas ambientales en el sentido más amplio. La expansión mundial en cuanto a productividad ha corrido a cargo de la pesca de especies progresivamente menores en niveles inferiores de la red alimentaria marina (cuyos efectos en cadena no se comprenden cabalmente), toda vez que los predadores más importantes se han ido agotando (Pauly y otros 1998). La captura incidental mundial de muchos millones de toneladas (Alverson y otros 1994) incluye no sólo animales carismáticos como delfines y tortugas, sino muchas otras especies. Los efectos en los ecosistemas marinos y costeros son poco conocidos, pero bien pueden ser sustanciales (Jennings y Kaiser 1998, McManus, Reyes y Nañola 1997). También se producen efectos negativos en los ecosistemas como resultado de cierto tipo de mecanismos de pesca (como la pesca a la rastra) y otras prácticas destructoras (como la pesca con explosivos) que causan daños físicos al hábitat. El reconocimiento de las complejas interrelaciones entre la pesca y los ecosistemas marinos, y la necesidad de tomar estos últimos en cuenta en la gestión de las pesquerías de captura, se refleja en la Declaración de Reikiavik de la FAO (2001) sobre la Pesca Responsable en el Ecosistema Marino.

Si bien los alimentos marinos son la fuente primordial de proteínas para muchas poblaciones costeras, en especial los sectores pobres, la desaparición mundial de las pesquerías no sólo ha sido producto de necesidades nutricionales. La mayor parte de la captura se destina a alimentos suntuarios, o se procesa como alimento para ganado. La «tragedia de los comunes» -la ausencia de una causa racional para restringir la captura de especies al alcance de todos- es una causa primordial de la pesca excesiva, mientras que en el otro extremo del espectro está la llamada «pesca excesiva malthusiana» (Pauly 1990), cuando la población desesperadamente pobre no tiene más opción que recoger lo que queda de los recursos. Muchos intentos por gestionar las pesquerías de manera sostenible han degenerado en una «división del botín» (Caldwell 1996). Los imperativos políticos de mantener el empleo, la competitividad internacional o los derechos soberanos de acceso han llevado a destinar subsidios para la pesca calculados en 20.000 millones de dólares anuales (Milazzo 1998), aunque probablemente está cifra esté disminuyendo en la actualidad.