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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Cambio climático y atmosférico mundial

Parte de la captura incidental inadvertida de la industria pesquera: una foca enredada en una red de pescar rota.

Fuente: PNUMA, L.K. Nakasawa, Topham Picturepoint.

El rápido calentamiento de la Tierra causado por cambios atmosféricos inducidos por el hombre, calculado por el IPCC, podría tener efectos dramáticos en el océano (IPCC 2001) al representar una amenaza para los valiosos ecosistemas costeros y los sectores económicos que dependen de ellos. Otras probables consecuencias son complejas y poco comprendidas. El calentamiento polar y el derretimiento de los casquetes glaciares podrían frenar la geoconvección mundial de la atmósfera y los océanos, al alterar potencialmente el flujo de las principales corrientes marinas (Broecker 1997). El calentamiento de las capas superficiales de los océanos y un incremento en el aporte de agua dulce podrían reducir la corriente ascendente de nutrientes en la que se sustenta mucha de la productividad del océano. Por otro lado, podría intensificarse la corriente ascendente altamente productiva del lado oriental de algunos océanos, según algunos pronósticos, de ocurrir un calentamiento relativamente mayor (Bakun 1996). El IPCC estima que aumentará la frecuencia e intensidad de las tormentas y otros fenómenos meteorológicos extremos (IPCC 2001), lo que aumentará las alteraciones naturales en los ecosistemas costeros y quizás reduzca su capacidad de recuperación.

Revisten un interés especial los posibles efectos del calentamiento de la Tierra en los arrecifes de coral. Durante el intenso episodio de El Niño de 1997/1998, se registró un extenso descoloramiento del coral en los arrecifes coralinos de todo el mundo (Wilkinson 1998, Wilkinson y otros 1999). Mientras que algunos arrecifes se recuperaron rápidamente, otros, en particular en el Océano Índico, Asia Sudoriental y el extremo occidental del Pacífico, sufrieron una mortalidad significativa, en algunos casos de más de 90 por ciento (Wilkinson 1998, 2000).

Algunos modelos predicen un cambio a largo plazo a mayores y más frecuentes episodios de El Niño o condiciones similares. De ser así, el descoloramiento también podría ocurrir con más frecuencia y mayor intensidad, con daños irreversibles a los arrecifes. Hay indicios de que una reducción a largo plazo de los arrecifes en el remoto archipiélago de Chagos en el Océano Índico se relaciona tanto con episodios de El Niño como con un incremento en la temperatura del agua de superficie (Sheppard 1999). En el año 2000, también se observó el descoloramiento masivo de los corales en diversas partes del mundo, lo que representa un posible indicio de que ese fenómeno se está volviendo más frecuente. Otra amenaza que se cierne sobre los arrecifes es el incremento en la concentración de CO2 en el agua de mar, que vulnera la deposición de sus esqueletos calizos.

Las medidas de protección propuestas para resolver el aumento del nivel del mar causado por el cambio climático pasaron de construcciones sólidas como rompeolas a una combinación de medidas de protección suaves (como el aumento de las playas y la creación de zonas pantanosas), planes de adaptación (como nuevos códigos de construcción) y revocación de medidas, como el cese de nuevas construcciones costeras (IPCC 2001). Algunas de las propuestas para resolver el cambio climático mundial son en sí motivo de preocupación, en particular la de interrumpir la transferencia natural de CO2 procedente de la atmósfera al océano, mediante la fertilización de extensas zonas de la superficie oceánica con nitrógeno o hierro para propiciar el crecimiento del fitoplancton, o la de inyectar CO2 directamente en aguas profundas. Los efectos de estas medidas de gran escala no son predecibles, pero potencialmente pueden resultar enormes.

Los pequeños estados insulares en desarrollo (SIDS, según sus siglas en inglés) y las zonas costeras bajas son especialmente vulnerables a los efectos del aumento del nivel del mar y a condiciones climáticas más extremas. Por otra parte, su naturaleza es completamente costera y, por lo tanto, son más dependientes de los recursos costeros y marinos. El reconocimiento de esta vulnerabilidad especial en la Agenda 21 de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (CNUMAD) llevó a la adopción en 1994 del Programa de Acción de Barbados para el Desarrollo Sostenible de los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo.

Medusas en el Mar Negro

Los efectos de la invasión de medusas en el Mar Negro es uno de los ejemplos mejor documentados de las consecuencias económicas y ecológicas de gran envergadura que puede acarrear la introducción de una especie extraña en un medio ambiente que favorece su expansión casi ilimitada.

La medusa en peine, (Mnemiopsis leidyi), es originaria de los litorales occidentales tanto de América del Norte como de América del Sur. Abunda en los puertos y es impulsada hacia los barcos de carga por el agua de lastre. Estas medusas pueden vivir entre 3 y 4 semanas sin comida reduciendo el tamaño de su cuerpo, de modo que sobreviven fácilmente al trayecto de 20 días al Mar Negro. Se las encontró por primera vez en 1982, en las aguas al sudeste de Crimea.

Las actividades humanas nocivas, que incluyen la pesca excesiva, la contaminación, la extracción de agua y las presas de agujas en ríos que desembocan en el mar, les allanaron el camino.

La pesca excesiva y la eutrofización parecen haberse combinado para acabar con sus principales depredadores como el rodaballo, el pez azul y la foca monje, y diezmar severamente la población de peces que se alimenta de plancton, lo que abre un nicho a las medusas. Mientras tanto, el plancton proliferaba.

Hermafrodita y autofertilizante, la población de medusas se disparó a partir de 1988, no así la de plancton, toda vez que sirvió de alimento a la especie invasora. La población de peces se redujo, en parte porque las medusas los privaron de su alimento y devoraron sus huevos y larvas. La pesca de los estados de la antigua Unión Soviética disminuyó de manera brusca de 250 000 a sólo 30 000 toneladas por año, y prácticamente ocurrió lo mismo en Turquía. Por lo menos se perdieron 300 millones de dólares en ingresos pesqueros entre mediados del decenio de los ochenta y principios de los del noventa, con graves consecuencias económicas y sociales. Las embarcaciones pesqueras se ofrecieron a la venta y los pescadores abandonaron el mar.

Fuente: GESAMP 2001b.