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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Carga de nutrientes

Los aportes de nutrientes a los ecosistemas marinos y costeros han aumentado de manera considerable en los últimos treinta años por el importante crecimiento demográfico, la utilización de combustibles fósiles, los aportes de aguas residuales, la producción de ganado y la utilización de fertilizantes (EC 2000). Estas actividades liberan nitrógeno y fósforo, que pueden intensificar el crecimiento de las plantas en los sistemas acuáticos y conducir al agotamiento del oxígeno y a efectos múltiples en el ecosistema, como la destrucción de hábitat de peces, la contaminación costera y la proliferación tóxica de algas (EC 1999, 2000).

En muchas partes de América del Norte, los nutrientes de fuentes difusas proceden principalmente de las escorrentías de fertilizantes y estiércol. En los últimos 30 años, la utilización de fertilizantes aumentó alrededor de 30 por ciento, mientras que una tendencia a criar ganado en corrales de engorde intensivos ha generado la liberación de grandes cantidades de estiércol a las aguas superficiales y costeras (Mathews y Hammond 1999). Los aportes atmosféricos de nitrógeno derivados del estiércol, así como de vehículos y plantas generadoras de electricidad, también son importantes (NOAA 1998a).

Desde principios del decenio de los setenta, la legislación para combatir la contaminación ha reducido en gran medida las fuentes localizadas de nitrógeno y fósforo, principalmente de la descarga de aguas residuales municipales y desechos industriales y por el control de los fosfatos en los detergentes para ropa (NOAA 1998a, EC 2000). Sin embargo, la mayor parte de las aguas residuales municipales descargadas en las aguas costeras canadienses siguen siendo aguas no tratadas o sólo tratadas parcialmente (EC 2000). Los estuarios canadienses en América del Norte están afectados menos severamente por las cargas de nutrientes que los más meridionales debido, en parte, a un clima más frío y al lavado por infiltración de las aguas costeras (NOAA 1998b). A lo largo de la costa septentrional del Atlántico, las fuentes difusas de nitrógeno son unas nueve veces mayores que los aportes de las plantas de tratamiento de aguas residuales (EC 2000).

En 1998, más de 60 por ciento de los ríos y las bahías de la costa estadounidense estaban moderada o seriamente degradados por la contaminación con nutrientes, y se descubrió que el nitrógeno era la peor amenaza ambiental en algunos lugares «problema» de la costa atlántica (NOAA 1998b, Howarth y otros 2000). Tanto la Ley de Agua Limpia de EE.UU. como la Ley de Manejo de las Zonas Costeras orientaron a los países a formular planes de gestión para las fuentes de contaminación difusas y destinaron fondos e incentivos para su aplicación (NRC 2000). El Programa Nacional de Estuarios de Estados Unidos persigue la reducción de la contaminación regional por nutrientes (véase el recuadro).

Bahía de Chesapeake
El Programa para la Bahía de Chesapeake de 1987 se formuló al amparo del Programa Nacional de Estuarios de Estados Unidos. Se trata de una asociación en la que participan autoridades federales, estatales y municipales para reducir 40 por ciento la carga de nitrógeno y fósforo a la Bahía. Esta región tiene una población de más de 15 millones de habitantes, importantes capturas comerciales de peces y crustáceos, y es una parada importante para algunas especies de aves migratorias. A finales del decenio de los noventa, sólo se había cumplido la meta de reducir el fósforo. El crecimiento de la población y el desarrollo han impedido avanzar en la reducción de los nutrientes.

El enriquecimiento de nutrientes probablemente es un factor que contribuye al alarmante y reciente incremento en intensidad, frecuencia y extensión espacial de la proliferación de algas o mareas rojas, causa de pérdidas económicas y de efectos en la salud cada vez mayores. El número de sitios en costas y estuarios de Estados Unidos con mayor recurrencia de incidentes de proliferación tóxica de algas se duplicó entre 1972 y 1995 (US Senate 1997).

Los efectos de la proliferación tóxica de algas incluyen enfermedades y muertes humanas por ingerir pescado o crustáceos contaminados, mortandad masiva de peces silvestres y cultivados, y cambios en las redes alimentarias marinas. En respuesta a los incidentes contra la salud humana ocasionados por crustáceos contaminados, tanto Canadá como Estados Unidos han desarrollado programas de ensayo y de control de la calidad del agua para identificar toxinas de fitoplancton y proporcionar información al público al respecto.

La legislación oceánica de ambos países (1997 en Canadá y 2000 en Estados Unidos) establece marcos de referencia para mejorar la administración de las aguas costeras y oceánicas de América del Norte (EC 1999). Desde 1996, la Comisión de América del Norte para la Cooperación Ambiental ha fomentado la aplicación regional del Programa mundial de acción para la protección del medio marino frente a las actividades realizadas en tierra en América del Norte (CCA 2000b).

Hasta ahora no hay una estrategia regional para resolver el problema de la carga de nutrientes en las aguas costeras de América del Norte y es inadecuada la coordinación entre las diversas dependencias responsables de su gestión (NRC 2000). Hay evidencias que indican que la situación es reversible, pero se requieren una mayor intervención política y cambios en las actividades realizadas en las cuencas atmosféricas e hidrográficas que alimentan las corrientes y los ríos de las costas.