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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Agotamiento del ozono estratosférico

Producción mundial de los principales clorofluorocarbonos (toneladas por año)

La producción mundial de los tres CFC principales alcanzó su punto máximo alrededor de 1988 y desde entonces ha descendido hasta niveles muy bajos.

Fuente: AFEAS 2001.

La protección de la capa de ozono de la Tierra se ha presentado como uno de los mayores desafíos de los últimos treinta años, y es un problema que se extiende al medio ambiente, el comercio internacional y el desarrollo sostenible. La disminución de la capa de ozono amenaza la salud humana favoreciendo enfermedades como el cáncer de la piel, cataratas en los ojos y deficiencias inmunitarias, afecta a la flora y a la fauna, e influye también en el clima del planeta. El agotamiento del ozono es causado por varias sustancias químicas conocidas como sustancias agotadoras de ozono (SAO), las más notorias de las cuales son los clorofluorocarbonos (CFC). En 1974 se hicieron públicos los resultados de estudios científicos que relacionaban el agotamiento del ozono estratosférico con la liberación en la estratósfera de iones de cloruro provenientes de CFC (Molina y Rowland 1974). Las SAO se utilizan en refrigeradores, acondicionadores de aire, atomizadores de aerosoles, espumas aislantes y de muebles, equipos de lucha contra incendios. A medida que la demanda por dichos productos fue creciendo, también lo hizo la producción de SAO, la cual alcanzó su punto más alto a fines de los años 1980 (véase el gráfico).

El agotamiento de la capa de ozono de la Tierra ha alcanzado ahora niveles récord, especialmente en la región Antártica, y más recientemente también en el Ártico. En septiembre de 2000 el agujero de ozono en la Antártida cubría más de 28 millones de kilómetros cuadrados (WMO 2000, NASA 2001). El promedio de pérdidas de ozono en la actualidad es del 6 por ciento en las latitudes intermedias del Hemisferio septentrional durante el invierno y la primavera, del 5 por ciento en las latitudes intermedias del Hemisferio meridional durante todo el año, del 50 por ciento durante la primavera antártica y del 15 por ciento durante la primavera ártica. Estas pérdidas dan como resultado un aumento de radiaciones nocivas UV-B del 7 por ciento, 6 por ciento, 130 por ciento y 22 por ciento respectivamente (UNEP 2000a).

Pero, gracias a los esfuerzos continuos de la comunidad internacional, el consumo mundial de SAO ha disminuido notablemente y se predice que la capa de ozono comenzará a recuperarse en uno o dos decenios y que retornará a los niveles anteriores a 1980 para mediados del siglo XXI, si todos los países se adhieren a las medidas de control futuras del Protocolo de Montreal (UNEP 2000a).

La cooperación internacional ha sido la clave para proteger la capa de ozono estratosférico. Los países acordaron en principio abordar este problema mundial antes de que sus efectos se hicieran manifiestos o que su existencia estuviera científicamente probada, lo que fue probablemente el primer ejemplo de aceptación del enfoque basado en el principio de precaución (UNEP 2000a).

El agujero de la capa de ozono antártico alcanza un nuevo récord

El agujero de la capa de ozono alcanzó un nuevo record en septiembre de 2000 con 28,3 millones de km2, el triple de la extensión de Estados Unidos. Las zonas marcadas en azul oscuro registran un alto nivel de agotamiento del ozono.

Fuente: NASA 2001.

Reimpreso con autorización de Paul A. Newman

La acción internacional comenzó seriamente en 1975, cuando el Consejo de Administración del PNUMA convocó a una reunión para coordinar las actividades de protección de la capa de ozono. Al año siguiente se estableció un Comité Coordinador sobre la Capa de Ozono cuya finalidad es realizar un análisis científico anual. En 1977 Estados Unidos prohibieron el uso de CFC en los aerosoles no esenciales. Canadá, Noruega y Suecia pusieron en vigor medidas de control semejantes. La Comunidad Europea (CE) contuvo la capacidad de producción de aerosoles y comenzó a limitar su uso. Estas medidas, aunque útiles, sólo dieron un alivio temporal. Luego de disminuir durante varios años, el consumo de CFC comenzó a aumentar nuevamente en los años ochenta, como resultado del incremento del uso de los CFC que no vienen en forma de aerosol, como las espumas, solventes y refrigerantes. Se hizo necesaria la adopción de medidas de control más estrictas y el PNUMA, juntamente con varios países desarrollados, tomó la iniciativa de proponer la firma de un tratado mundial sobre la protección de la capa de ozono estratosférico (Benedick 1998).

El Convenio de Viena para la protección de la capa de ozono fue finalmente firmado por 28 países en marzo de 1985. En él se alienta la cooperación internacional en materia de investigación científica, observación sistemática de la capa de ozono, vigilancia de la producción de SAO, e intercambio de información. En septiembre de 1987, 46 países adoptaron el Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono. En diciembre de 2001, 182 Partes habían ratificado el Convenio de Viena y 181 el Protocolo de Montreal.

El Protocolo original sólo requería que para diciembre de 1999 se lograra una reducción del 50 por ciento en el consumo de cinco CFC ampliamente usados y que se contuviera el consumo de tres halones. Evaluaciones científicas hechas regularmente constituyeron la base de enmiendas y ajustes posteriores al Protocolo que se introdujeron en Londres (1990), Copenhague (1992), Viena (1995), Montreal (1997) y Beijing (1999). Para el año 2000, 96 sustancias químicas estaban sujetas a control (Sabogal 2000).

La mayoría de las SAO, con inclusión de todas las mencionadas en el Protocolo original, habían sido eliminadas en los países industrializados para fines de 1995. Como aplicación concreta del principio de responsabilidad común pero diferenciada, el Protocolo acuerda a los países en desarrollo un periodo de gracia de diez años y les brinda un mecanismo financiero (el Fondo Multilateral para la Aplicación del Protocolo de Montreal) que les permite enfrentar los costos de eliminar las SAO. Hasta el año 2000, el Fondo Multilateral había desembolsado más de 100 millones de dólares en la creación de capacidad y proyectos destinados a eliminar las SAO en 114 países en desarrollo.

Casi todas las Partes signatarias del Protocolo de Montreal han adoptado ya medidas para eliminar las SAO, lo que ha dado como resultado que, en el año 2000, el consumo de SAO se hubiera reducido en un 85 por ciento (UNEP 2000b).