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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Calidad del aire

Los niveles de contaminación atmosférica en las ciudades más densamente pobladas se cuentan entre los más altos del mundo, tienen consecuencias muy serias para la salud humana y afectan a los ecosistemas acuáticos y terrestres. El transporte es una fuente significativa, a menudo la fuente principal, de contaminación atmosférica urbana. Las otras fuentes son las emisiones industriales, la quema de combustibles sólidos y líquidos para la producción de energía eléctrica, y la combustión de biomasa y otros combustibles como carbón de leña para usos domésticos. En algunas pocas ciudades los niveles de contaminación han disminuido. Por ejemplo, en Japón los altos precios de los combustibles, los avances tecnológicos y las normas estrictas en vigor han reducido las emisiones de SO2 y de partículas en suspensión y han eliminado las emisiones de plomo causadas por el transporte. Sin embargo las emisiones de NOx en Tokio y en Osaka no han disminuido lo suficiente a causa del aumento del número de vehículos. Esta situación es común en ciudades con niveles crecientes de transporte privado (UN-ESCAP/ADB 2000).

Vehículos de pasajeros/1.000 habitantes (1996)

A pesar de la gran contaminación de las ciudades asiáticas, el número de vehículos per cápita es muy inferior al promedio mundial en todas las subregiones, con excepción de Australia y Nueva Zelandia.

Fuente: World Bank 2000.

El tránsito se ha transformado en un gran contaminador atmosférico en las grandes ciudades, aunque los países asiáticos en su mayoría tienen un índice de propiedad de vehículos per cápita más bajo que el promedio mundial (World Bank 2000). Pero el parque automotor (véase el cuadro de barras) ha estado creciendo rápidamente. Por ejemplo, el número de automotores privados se duplicó en Sri Lanka entre 1975 y 1992 (Government of Sri Lanka 1994) y en la India el número de automóviles se ha duplicado cada siete años durante los últimos 30 años (ADB 1999). Este hecho, combinado con el mal estado de las carreteras y vehículos y con la baja calidad de los combustibles, hace que la contaminación atmosférica causada por vehículos sea un problema alarmante.

Muchos países han establecido sus propias normas de calidad para los contaminantes principales, así como normas de emisión para centrales eléctricas, ciertas industrias y vehículos. Para reducir la contaminación muchos países introdujeron la gasolina sin plomo, los convertidores catalíticos obligatorios y los combustibles para motores con bajo contenido de azufre. También se está considerando, especialmente en la India y en la República Islámica del Irán, la introducción de tecnologías alternativas, como los vehículos eléctricos o los que funcionan con gas comprimido. Se han aprobado incentivos fiscales en Nepal y Pakistán para alentar el uso de vehículos a gas o a baterías.

Con excepción de los países desarrollados de las subregiones del Asia Nororiental y partes del Pacífico Meridional, la preocupación acerca del medio ambiente comenzó a crear demanda de una mejor protección ambiental ya en los años ochenta. En los años noventa se han logrado avances significativos en el establecimiento de las instituciones y de las herramientas normativas necesarias para enfrentar problemas ambientales urgentes. No obstante, el aumento continuo del consumo de energía y la dependencia respecto de combustibles con contenido relativamente alto de carbono, como el carbón y el petróleo, aumentarán inevitablemente las emisiones a menos que se aprueben políticas más agresivas.

Contaminación atmosférica urbana en Asia
El aire en las ciudades de Asia es uno de los más contaminados del planeta. Doce de las quince ciudades del mundo que tienen los niveles más elevados de materia particulada están situadas en Asia (ADB 1999). Para colmo, seis de esas ciudades tienen también los niveles más elevados de SO2 atmosférico. Los niveles de contaminación superan substancialmente las directrices internacionales en materia de calidad del aire recomendadas por la OMS. Ciudades como Beijing, Calcuta, Yakarta, Nueva Delhi, Shanghai y Teherán son notorias por sus altos niveles de partículas en suspensión, y entre ellas Nueva Delhi bate el récord con un máximo de 420µg/m3 (UN-ESCAP/ADB 2000 y ADB2001). Teherán ha registrado también niveles de SO2 que superan cuatro veces las directrices de la OMS (World Bank 2001).

La contaminación atmosférica en lugares cerrados es a menudo un peligro más grave para la salud que la contaminación atmosférica exterior. La mayoría de los habitantes en zonas rurales de la región utilizan ramas, hierbas, estiércol seco de animales, residuos de cosechas, madera, leña y queroseno como combustibles domésticos. Esto, unido a una ventilación inadecuada, da como resultado un aire interior altamente contaminado. Los altos niveles de emisiones nocivas y el elevado número de gente que utiliza combustibles tradicionales para cocinar —Asia produce casi la mitad de la leña que se produce en el mundo (FAOSTAT 20019)— hacen que la escala de la exposición sea muy grande. Entre los efectos nocivos para la salud cabe mencionar infecciones respiratorias agudas en los niños, enfermedades crónicas obstructivas de los pulmones, resultados negativos de los embarazos y cáncer de pulmón en las mujeres. Las enfermedades respiratorias agudas predominan en las zonas rurales o montañosas de Afganistán, Bangladesh, Bhután, India, Nepal, Pakistán y Sri Lanka, donde la contaminación atmosférica en lugares cerrados es muy alta. Aproximadamente el 40 por ciento de la mortalidad infantil mundial debida a neumonía ocurre en Bangladesh, India, Indonesia y Nepal; muchas de estas muertes son causadas por contaminantes provenientes de la utilización de combustibles tradicionales (ADB 2001). Se calcula que en India el uso doméstico de combustibles sólidos causa cerca de 500.000 muertes prematuras por año en mujeres y niños menores de cinco años. Hay indicios de que la tuberculosis y la ceguera pueden estar asociadas con la contaminación atmosférica en lugares cerrados. También se culpa a esta contaminación de ser responsable del 5 al 6 por ciento del total nacional de enfermedades en mujeres y niños en la India (Holdren y Smith 2000).

Las áreas clave de intervención son: el uso de combustibles más limpios, como gas de bajo nivel de propano y queroseno; el desarrollo de biocombustibles de alto poder calorífico; la mejora del diseño de cocinas y mayor difusión de las mismas; la mejora en las condiciones de alojamiento; una mayor toma de conciencia y una mejor educación en materia de medio ambiente. Para hacer frente al problema de la contaminación del aire en los ambientes cerrados en la India, se han instalado aproximadamente 3 millones de fábricas de biogás y más de 22 millones de cocinas optimizadas en zonas rurales y remotas del país, lo que ha permitido que se ahorre el equivalente de 21 millones de toneladas de leña por año (Times of India 2000).

La neblina y la lluvia ácida han sido problemas regionales cuya importancia ha crecido durante el último decenio, especialmente en Asia, a causa de que China e India dependen enormemente del carbón. En la Cuenca del Sichuan, en China, la lluvia ácida dañó cerca de 280.000 hectáreas de tierras forestales. Se calcula que las emisiones de SO2 en Asia han aumentado de cerca de 26,6 millones de toneladas en 1985 a cerca de 39,2 millones en 1997 (Streets y otros 2000). Entre 1995 y 2000 hubo en China una reducción de 3,7 millones de toneladas (15,8 por ciento) en las emisiones de SO2 (SEPA 2001). Por lo menos dos tercios de las deposiciones ácidas en la región son causadas por centrales eléctricas a carbón cuyos equipos de control de la contaminación son obsoletos.

La nube marrón asiática

En la primavera de 1999, los científicos que trabajaban en el proyecto Experimento del Océano Índico (INDOEX) descubrieron que una densa capa pardusca de neblina producida por contaminación cubría la mayor parte de Asia Meridional y Sudoriental, así como la región tropical del Océano Índico. Los investigadores rastrearon la neblina en un área de aproximadamente 10 millones de km2, y piensan que se forma en gran parte del continente asiático. La neblina es una mezcla de contaminantes, principalmente de hollín, sulfatos, nitratos, partículas orgánicas, cenizas volátiles y polvo de minerales, formada por la quema de combustibles fósiles y biomasa rural. La neblina reduce hasta en un 10 por ciento la luz solar sobre la superficie del Océano Índico tropical, a miles de kilómetros de su fuente, y produce una reducción aun mayor sobre el subcontinente de India. Simulaciones realizadas con modelos del clima mundial señalan que la neblina podría afectar en gran medida la circulación de los monzones, las pautas de las precipitaciones pluviales regionales y el perfil vertical de la temperatura de la atmósfera.

Con el apoyo del PNUMA se ha lanzado un programa conocido por su sigla en inglés ABC (Asian Brown Cloud). El objetivo principal de la primera fase de este programa es estudiar los efectos de la neblina asiática sobre una serie de parámetros, entre ellos el cambio de los monzones, el balance hídrico, la agricultura y la salud. Los científicos tienen el plan de establecer una red de estaciones de observación terrestres a través del continente asiático a fin de estudiar la composición y la configuración estacional de la neblina. El PNUMA se ha comprometido a facilitar la continuidad del programa de investigaciones y, a largo plazo, a ayudar en la coordinación de las respuestas normativas que se formulen para hacer frente al problema.

Fuente: PNUMA (2001) y C4 y PNUMA (en prensa).

Los problemas causados por la neblina predominan también en la región debido a los incendios de bosques en Asia Sudoriental. El caso más grave ocurrió en 1997, cuando los efectos de los incendios de bosques en Indonesia se extendieron a los países vecinos, entre ellos Brunei Darussalam, Papúa-Nueva Guinea, Filipinas, Singapur y Tailandia (UNEP 1999). En 1995, funcionarios de alto rango responsables del medio ambiente de la ASEAN establecieron un grupo técnico especial en neblina, el Haze Technical Task Force, y en 1997 se aprobó un plan de acción regional sobre la neblina (ASEAN 2001).

La Red de seguimiento de los depósitos ácidos en Asia Oriental (EANET), en la que participan diez países de Asia Oriental, comenzó la fase preparatoria de la vigilancia de las deposiciones ácidas en abril de 1998. En octubre de 2000 la Red decidió comenzar la vigilancia regular a partir de enero de 2001 (EANET 2000). En Asia Meridional, ocho países de la región adoptaron en 1998 la Declaración de Malé sobre el control y la prevención de la contaminación atmosférica y sus posibles efectos transfronterizos.