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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Atmósfera: las regiones polares

Los problemas atmosféricos más importantes en el Ártico y el Antártico son el agotamiento de la capa de ozono estratosférico, el transporte de contaminantes atmosféricos a gran distancia y el calentamiento relacionado con los cambios climáticos. Estos problemas son causados principalmente por actividades antropógenas en otras partes del mundo.

El agotamiento estacional del ozono estratosférico sobre la Antártida, y más recientemente sobre el Ártico, ha sido uno de los motivos de mayor preocupación ambiental desde que fue percibido en 1985 (Farman y otros 1985). La profundidad, el área y la duración del agujero de ozono sobre la Antártida no han cesado de aumentar, alcanzando el récord de 29 millones de km2 en septiembre de 2000 (WMO 2000, NASA 2001).

Los niveles promedio anuales de ozono en el Ártico en los años 1990 han disminuido en un 10 por ciento con respecto a los niveles de fines de los años 1970, lo que hace que los habitantes de la región corran mayores riesgos de ceguera producida por el reflejo de la nieve, quemaduras de sol como consecuencia del bajo acimut del sol y del reflejo de la cubierta de nieve. La exposición a radiación ultravioleta nunca ha sido muy alta porque el acimut del sol es bajo y el aumento de la radiación nociva (tanto para la vida animal como vegetal) es proporcionalmente mayor que en las latitudes medias.

Niveles mensuales medios de ozono en la Bahía Halley, Antártida (unidades Dobson)

Niveles mensuales medios de ozono en el sitio de Bahía Halley a comienzos de la primavera antártica.

Fuente: BAS 2000.

El restablecimiento de la capa de ozono estratosférico en las regiones polares depende principalmente de la implementación del Protocolo de Montreal sobre las sustancias que agotan la capa de ozono. Es por ello que los esfuerzos para suprimir el uso de las SAO que realizan los países, por distantes que sean, son de extrema importancia para las regiones polares (UNEP 2000).

Los ecosistemas naturales de las regiones polares tienen poca capacidad de adaptación y son altamente vulnerables a los cambios climáticos. Se considera que en las regiones polares estos cambios serán más severos que en cualquier otra parte del mundo (ya se ha observado una tendencia al calentamiento de hasta 5° C en extensas áreas terrestres del Ártico, aunque hay algunas zonas del este de Canadá donde las temperaturas han disminuido), y tendrán probablemente repercusiones físicas, ecológicas, sociales y económicas de gran importancia tanto en el Ártico como en el Antártico (IPCC 2001 a y b). La temperatura de la atmósfera en la Antártida está experimentando cambios, ya sea debido a una oscilación natural o como resultado de los cambios climáticos mundiales. En la Península Antártica se ha manifestado una tendencia clara al calentamiento que ha producido la pérdida espectacular de barreras de hielo y el incremento de la cubierta de vegetación en terrenos más elevados, aunque, tal como ocurre en el Ártico, hay también zonas de marcado enfriamiento, por ejemplo el Polo Sur (Neff 1999).

Es casi seguro que los cambios climáticos son responsables de la disminución de la extensión y espesor del hielo marino en el Ártico, así como del deshielo del permafrost, la erosión costera, los cambios en las capas y barreras de hielo y la alteración de la distribución y abundancia de especies en las regiones polares (IPCC 2001a). Entre otros efectos de la tendencia al calentamiento cabe mencionar el 15 por ciento de aumento de las precipitaciones registrado en el Ártico, la mayor frecuencia de tormentas, las primaveras tempranas y el comienzo tardío de las condiciones de congelamiento, y la disminución de la salinidad marina (AMAP 1997). El deshielo del permafrost puede, por su parte, agravar los problemas causados por los cambios climáticos. Por ejemplo, las emisiones de metano en la tundra podrían aumentar, y la reducción de la extensión de la cubierta de hielo y nieve altamente reflectora contribuirá a aumentar el calentamiento. Estos fenómenos pueden prolongarse por siglos, hasta mucho tiempo después que se hayan estabilizado las concentraciones de gases de efecto invernadero, y pueden causar efectos irreversibles en las capas de hielo, la circulación oceánica mundial y el aumento del nivel del mar (IPCC 2001a).

«La zona de permafrost cubre el 38 por ciento del territorio de la Federación de Rusia. Numerosos asentamientos humanos, plantas industriales e instalaciones de infraestructura están ubicados en esta zona. Dada la tendencia actual al calentamiento, la frontera de la zona de permafrost podría desplazarse entre 300 y 400 km hacia el norte antes de 2100».

- Interagency Commission 1998.

Como la mayoría de los países industriales están en el hemisferio norte, el Ártico está más expuesto a la contaminación atmosférica antropógena que la Antártida. Los vientos predominantes transportan sustancias contaminantes, entre ellas metales pesados, COP y a veces radionúclidos, hasta el Ártico, donde pueden quedar suspendidas en el aire durante semanas o meses y ser transportadas a grandes distancias (Crane y Galazo 1999). Los niveles de ciertos tipos de contaminantes son tan altos sobre gran parte del Ártico que es imposible atribuirlos a fuentes internas de la región; tales contaminantes provienen de fuentes situadas mucho más al sur.

Las principales fuentes de radionúclidos antropógenos en el Ártico son la precipitación proveniente de ensayos nucleares, los escapes de plantas de reprocesamiento de combustible nuclear, y las precipitaciones causadas por el accidente ocurrido en la central eléctrica nuclear de Chernóbil en 1986. Luego del accidente de Chernóbil se registró un aumento significativo de radioactividad en las poblaciones indígenas del Ártico, particularmente en aquellas que consumían cantidades importantes de alimentos que concentran radiocesio, como carne de reno, peces de agua dulce, hongos y bayas. El fenómeno se observó principalmente entre 1986 y 1989 en los Saami de Noruega y Suecia y hasta en 1991 en la población indígena de la Península Kola, en la Federación de Rusia. Desde entonces los niveles han disminuido gradualmente hasta alcanzar los niveles anteriores al accidente (AMAP 1997).

Transporte de contaminantes a gran distancia hasta las regiones polares
Algunas sustancias tóxicas persistentes, como los COP y el mercurio, pueden hacerse volátiles en el aire caliente y ser transportadas por las masas de aire. Después de su deposición pueden entrar nuevamente en la atmósfera y continuar su recorrido, transformándose así en contaminantes a gran distancia. El proceso puede continuar hasta que llegan a las zonas frías polares, donde se condensan en el aire como partículas o copos de nieve que finalmente caen al suelo. Debido a su baja solubilidad en agua y su alta solubilidad en grasas, se incorporan fácilmente en la red alimentaria polar, muy rica en grasas, y se acumulan en la biota. La combinación de condiciones climáticas severas con las propiedades físico-químicas de las sustancias tóxicas hace que las regiones polares, el Ártico en particular, se transformen en sumidero de dichas sustancias, con el resultado de que los niveles de concentración de las mismas en las regiones polares son más elevados que en las regiones de origen (AMAP 1997). La implementación del Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes, firmado en mayo de 2001, puede conducir a la reducción de las deposiciones de COP en las regiones polares.

Contaminación radioactiva después de Chernóbil

Niveles de cesio 137 (1.000 bequerelios por m2) en Escandinavia, Finlandia y la región de Leningrado en Rusia luego de la explosión de Chernóbil en 1986.

Fuente: AMAP 1997.

Los complejos industriales de la Federación de Rusia han sido una fuente mayor de contaminación atmosférica en el Ártico. Las emisiones de compuestos de azufre y de metales pesados procedentes de fundiciones han causado una importante degradación forestal en la Península Kola y han provocado la disminución del número de especies en la región. La extensión de las zonas severamente afectadas por contaminación atmosférica alrededor de las fundiciones de níquel en Pechenga y Varanger aumentó de 400 km2 en 1973 a 5.000 km2 en 1988 (AMAP 1997). Las emisiones de las fundiciones rusas han disminuido o se han estabilizado desde 1990, principalmente a causa de la contracción económica.

El nivel de contaminación atmosférica en el Ártico es tan elevado que la «calina Ártica» se ha transformado en un problema mayor. El término fue acuñado en los años cincuenta para describir una insólita reducción de visibilidad que las tripulaciones de los aviones de reconocimiento meteorológico en América del Norte experimentaban cuando volaban en altas latitudes del Ártico. Esta bruma, que es estacional y alcanza su mayor densidad en primavera, se origina en fuentes de emisiones antropógenas ubicadas fuera del Ártico. Los aerosoles que constituyen la calina son principalmente sulfurosos (hasta un 90 por ciento) y se generan por la combustión de carbón que tiene lugar en latitudes medias septentrionales, especialmente en Europa y Asia. Las partículas tienen aproximadamente el mismo tamaño que la longitud de onda de la luz visible, lo que explica que la calina sea tan visible a simple vista.

La mejora del estado del medio ambiente polar depende principalmente de las políticas y medidas que implementen quienes viven no sólo dentro sino también fuera de las regiones polares. Los países Árticos han tomado varias medidas para mejorar la calidad del aire. Entre ellas cabe mencionar la firma del Convenio sobre la Contaminación Atmosférica Transfronteriza a Gran Distancia y sus correspondientes protocolos, y el apoyo a la elaboración del Convenio de Estocolmo sobre contaminantes orgánicos persistentes. Además, las medidas reglamentarias internas adoptadas en Estados Unidos y Canadá han reducido las emisiones de ciertos COP, metales pesados y compuestos de azufre. El éxito de las iniciativas emprendidas para hacer frente al agotamiento del ozono estratosférico depende de la implementación del Protocolo de Montreal por parte de todas los países (UNEP 2000).

Si se tiene en cuenta el aumento de la temperatura media mundial que se predice, cabe temer que los cambios climáticos someterán las regiones polares a presiones importantes durante el siglo XXI. Las repercusiones del fenómeno se exacerbarán probablemente debido a la alta vulnerabilidad y baja capacidad de adaptación de los ecosistemas polares y de algunas de las comunidades indígenas tradicionales. A pesar de la intensa actividad registrada tanto en el nivel nacional como internacional, pocas son las medidas que se han adoptado para hacer frente a los cambios climáticos mundiales. Por consiguiente, el principal desafío para la región es mejorar el potencial de adaptación al cambio, lo que permitirá mitigar los efectos adversos del mismo. Los países del Ártico han comenzado una evaluación del impacto climático en la región, Artic Climate Impact Assessment, que se debe completar en 2003. Dicha evaluación se integrará en los estudios regionales del IPCC (ACIA 2001).

Importancia de la calina ártica
El descubrimiento de la calina ártica puso término a la noción anterior de que la contaminación de aerosoles sólo podía ser local o regional. El aire frío y seco de las regiones polares permite que las partículas permanezcan suspendidas en el aire durante semanas en lugar de días, lo que a su vez hace posible que los contaminantes de azufre se esparzan desde las fuentes industriales en Eurasia por todo el Ártico y en América del Norte. Las partículas de la calina pueden transportar metales y otros contaminantes hasta la región polar y dentro de la misma, y causan la deposición de estos contaminantes mediante precipitaciones que caen sobre grandes áreas oceánicas que rodean el Ártico (AMAP 1997).