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Desastres naturales

Grandes desastres naturales en cifras anuales, 1950-2001

El gráfico muestra la tendencia creciente en la frecuencia de «grandes» desastres naturales. Las catástrofes están clasificadas como grandes si la capacidad de la región para ayudarse a sí misma está sobrecargada, lo que hace necesaria la ayuda interregional o internacional, como sucede normalmente cuando mueren miles personas, cientos de miles quedan sin hogar o cuando un país sufre pérdidas económicas considerables.

Fuente: Munich Re 2001.

Las personas y el medio ambiente sufren cada vez más los efectos de los desastres naturales. Existe una serie de razones que lo explican, tales como el elevado crecimiento y densidad de la población, la migración y la urbanización no planificada, la degradación ambiental y posiblemente el cambio climático mundial. El gran alcance de las repercusiones socioeconómicas de los desastres naturales ocasionó un cambio en el enfoque político para tratar el concepto de riesgo en las sociedades modernas.

Al comparar los dos últimos decenios, el número de personas que murieron en desastres naturales y de otra índole fue más alto en el decenio de los ochenta (86.328 por año) que en el de los noventa (75.252 por año). No obstante, más personas resultaron afectadas por los desastres en el decenio de los noventa; la cifra aumentó de un promedio de 147 millones por año en el decenio de los ochenta a 211 millones por año en el de los noventa. Mientras que el número de desastres geofísicos se mantuvo bastante constante, el de desastres hidrometeorológicos (aquellos causados por el agua y el tiempo meteorológico) aumentó (véase la figura). En el decenio de los noventa, más del 90 por ciento de los que perdieron la vida en desastres naturales murió en sucesos hidrometeorológicos tales como sequías, tormentas de viento e inundaciones. Mientras que las inundaciones fueron la causa de que más de dos terceras partes de las personas resultaran afectadas por los desastres naturales, son menos mortales que otros tipos de desastres y son responsables de sólo el 15 por ciento de las muertes (IFRC 2001).

Los costos sociales y económicos de los desastres difieren ampliamente y son difíciles de calcular a nivel mundial. Las declaraciones de daños podrían inducir a error para calcular el impacto económico de los desastres. Si se consideran las declaraciones de daños a las compañías de seguros correspondientes a las inundaciones de 1999 en Austria, Alemania y Suiza, al menos el 42,5 por ciento de los daños estaban protegidos por pólizas de seguro contra desastres. Sin embargo, ese mismo año en Venezuela, el porcentaje asegurado fue sólo del 4 por ciento de los daños causados por inundaciones (CRED-OFDA 2002). Existe la necesidad de contar con datos confiables y sistemáticos sobre los desastres para ayudar a evaluar sus repercusiones socioeconómicas y ambientales tanto en el corto como en el largo plazo. No obstante, aunque las comunidades de los países en desarrollo sufren de numerosos desastres a escala local tales como incendios forestales, inundaciones de pequeña envergadura, sequías e infestación de plagas, a menudo no quedan reflejados en las estadísticas relativas a desastres.

Costos económicos de los grandes desastres naturales (miles de millones de dólares), 1950-2000

En comparación con el decenio de los sesenta, las pérdidas económicas durante el decenio de los noventa se multiplicaron casi por nueve.

Nota: el gráfico muestra sólo el costo de las «grandes» catástrofes naturales, véase la definición más adelante.

Fuente: Munich Re 2001.

Los desastres más costosos en términos puramente financieros y económicos son las inundaciones, terremotos y tormentas de viento, pero sucesos tales como las sequías y hambrunas pueden ser más devastadores en lo que respecta a los seres humanos. Aunque los terremotos representaron el 30 por ciento de los daños estimados, causaron sólo el 9 por ciento del total de víctimas mortales por desastres naturales. En contraste, la hambruna causó la muerte del 42 por ciento, pero representó solamente el 4 por ciento de los daños durante el último decenio (IFRC 2001). En 1999, se calculó que las pérdidas pecuniarias mundiales por causa de sucesos catastróficos naturales superaron los 100 mil millones de dólares, la segunda cifra más alta que se haya documentado hasta la fecha. Se registró un total de 707 sucesos de gran envergadura en comparación con 530 a 600 sucesos en los años anteriores. Es aún más sorprendente que el número de sucesos catastróficos principales durante el último decenio se haya triplicado en comparación con el registro del decenio de los sesenta, mientras que en lo que respecta a pérdidas económicas su monto se multiplicó casi por nueve durante el mismo período (Munich Re 2001).

Entre 1995 y 1997, las repercusiones de los riesgos naturales le costaron a Estados Unidos 50.000 millones de dólares como mínimo por año, o el equivalente a cerca de 1.000 millones de dólares por semana (IDNDR 1999a). Las pérdidas económicas de Estados Unidos debidas al fenómeno de El Niño de 1997-98 se calcularon en 1.960 millones de dólares o el 0,03 por ciento de PIB. Ecuador sufrió pérdidas pecuniarias equivalentes, pero representaron el 11,4 por ciento de su PIB. Las inundaciones en China en 1991, 1994-95, y 1998 causaron pérdidas que oscilaron entre 20.000 y 35.000 millones de dólares (CNC-IDNDR 1999). La pérdida anual por desastres naturales durante el período de 1989 a 1996 se calcula que va del 3 al 6 por ciento del PIB de China, con un promedio del 3,9 por ciento. En diciembre de 1999, las tormentas Anatol, Lothar y Martin provocaron pérdidas en el norte de Europa que ascendieron a 5.000-6.000 millones de dólares (Munich Re 2001). En caso de desastre, los países menos desarrollados con una diversidad económica limitada e infraestructura insuficiente están obligados a depender en gran parte de la ayuda externa, y además sus economías necesitan más tiempo para recuperarse. En las economías desarrolladas, los gobiernos, comunidades e individuos tienen mayores capacidades para hacer frente a los desastres, las pérdidas económicas son, hasta cierto grado, absorbidas por una economía diversificada, y la mayoría de los bienes se encuentran asegurados.

Desastres recientes causados por sucesos naturales extremos

El año 2000

  • Los pastores mongoles tuvieron el invierno más crudo en 30 años: 2,4 millones de cabezas de ganado murieron y el 45 por ciento de la población del país fue afectada.
  • En febrero y marzo, las inundaciones en Mozambique mataron a 650 personas y dejaron a más de medio millón sin hogar. Las intensas lluvias afectaron asimismo a Botswana, Swazilandia y Zimbabwe.
  • Los ciclones Eline (mediados de febrero) y Gloria (principios de marzo) causaron que 184.000 personas necesitaran socorro inmediato del total de 737.000 personas afectadas en Madagascar. A principios de abril, un tercer ciclón, el Hudah, azotó el norte de la isla.
  • Las inundaciones acaecidas en septiembre y octubre en Asia Sudoriental, especialmente en Viet Nam y Tailandia, dejaron un saldo de 900 muertos y 4 millones de personas sin hogar o sin refugio suficiente. Las pérdidas se calcularon en 460 millones de dólares.
  • En octubre, el huracán Keith provocó ocho muertos y afectó a 62.000 personas en Belice. Las pérdidas directas se calcularon en 520 millones de dólares.
  • A mediados de octubre, las intensas lluvias causaron inundaciones en los Alpes italianos y suizos, provocaron la muerte de 38 personas y pérdidas económicas estimadas en 8.500 millones de dólares
  • Seis personas murieron en inundaciones similares, que dejaron 1.500 millones de dólares en pérdidas en el mes de noviembre en el Reino Unido.

El año 2001

  • De mediados a fines de enero, las intensas lluvias que cayeron sobre la provincia de Zambezia causaron el desborde del río Licungo e inundaciones en Mozambique. Casi 500.000 personas resultaron afectadas.
  • En marzo, las inundaciones devastaron una extensa área en el noreste de Hungría, el noroeste de Rumania y el oeste de Ucrania. Ello forzó el desplazamiento de decenas de miles de personas.
  • Crecidas repentinas golpearon inesperadamente partes de Pakistán el 23 de julio. Las ciudades de Islamabad y Rawalpindi fueron las más afectadas y 132 personas perdieron la vida.
  • A mediados de noviembre, 576 Viet Namitas murieron por causa de desastres naturales, principalmente inundaciones y tifones. Las pérdidas materiales ascendieron a más de 200 millones de dólares.
  • Una sequía persistente plurianual en Asia Central y Sudoccidental había afectado a cerca de 60 millones de personas para noviembre de 2001.
  • Después de varios meses de sequías, inundaciones devastadoras afectaron Argel, la capital argelina, y causaron la muerte de 751 personas. Miles resultaron heridas y cerca de 40.000 quedaron sin hogar.

Fuente: ReliefWeb (2002), Munich Re 2001.

Veinticuatro de los 49 países menos desarrollados enfrentan niveles elevados de riesgo de desastres; al menos seis de ellos fueron afectados por entre dos y ocho desastres importantes por año en los últimos 15 años, con consecuencias a largo plazo para el desarrollo humano (UNDP 2001). Desde 1991, más de la mitad del total de desastres registrados sucedieron en países con niveles medios de desarrollo humano (véase «Aspectos socioeconómicos»). Sin embargo, dos terceras partes de las personas que murieron provenían de países con niveles bajos de desarrollo humano, mientras que el 2 por ciento era procedente de países altamente desarrollados. El efecto del desarrollo en los desastres es drástico: en promedio, mueren 22,5 personas en cada desastre registrado en los países altamente desarrollados, 145 mueren en cada desastre sucedido en los países con desarrollo humano medio y 1.052 personas mueren en cada desastre ocurrido en los países con bajos niveles de desarrollo (IFRC 2001).

Varios expertos asocian la tendencia actual en los sucesos meteorológicos de intensidad extrema con un aumento de la temperatura media mundial. Muchas partes del mundo sufrieron importantes olas de calor, inundaciones, sequías y otros fenómenos meteorológicos extremos. Mientras que los sucesos individuales, como por ejemplo los fenómenos relacionados con El Niño (véase el recuadro), no pueden relacionarse directamente con los cambios climáticos antropógenos, se pronostica que la frecuencia y magnitud de esos tipos de sucesos aumentarán en un mundo más cálido. Es «muy probable» que los cambios en la temperatura media mundial afecten a parámetros tales como la distribución de las precipitaciones, la velocidad del viento, la humedad del suelo y la cubierta vegetal, los cuales aparentemente influyen en la incidencia de tormentas, huracanes, inundaciones, sequías y deslizamientos de tierras (IPCC 2001). Por ejemplo, el grado de daños causados por las mareas de tormentas puede asociarse directamente con las variaciones del nivel del mar.

Efectos socioeconómicos de El Niño de 1997-98

El Niño de 1997-98 afectó prácticamente a todas las regiones: África Oriental sufrió sequía y precipitaciones excepcionalmente intensas; Asia Sudoriental y América del Norte, períodos inusitadamente cálidos; Asia Meridional, sequía; América Latina y el Caribe, precipitaciones excepcionalmente intensas y sequía; y las islas del Pacífico, precipitaciones inusitadamente fuertes. Las repercusiones socioeconómicas mundiales fueron diversas:

  • Más de 24.000 personas murieron debido a fuertes vientos, inundaciones o mareas de tormenta que ocurrieron durante las intensas tormentas.
  • Más de 110 millones de personas resultaron afectadas y más de 6 millones fueron desplazadas ya que se perdieron infraestructuras comunitarias, tales como viviendas, depósitos de alimentos, transporte y comunicaciones durante las tormentas.
  • Las pérdidas económicas directas superaron los 34.000 millones de dólares. Waterlogging of fields reduced agricultural production in many regions; in others, the absence of storms and rain led to prolonged dry spells, loss of crops and reduction in water supplies.
  • La sobresaturación de los campos redujo la producción agrícola en muchas regiones; en otras, la ausencia de tormentas y lluvias causaron prolongados periodos secos, pérdidas de cultivos y disminución del aprovisionamiento de agua.
  • Los incendios forestales fueron más frecuentes y generalizados durante los períodos secos prolongados.
  • Un mayor índice de enfermedad siguió al prolongado trastorno causado por el régimen meteorológico y el de precipitaciones que trajeron como resultado la contaminación de las reservas de agua o un entorno más favorable para los insectos que actúan como vectores de enfermedades.

Fuentes: WMO 1999, UNU 2001.

El cambio y la variabilidad del clima por sí solos no explican el aumento en las repercusiones relacionadas con los desastres. El calificativo de «natural» puede ser una descripción engañosa para desastres tales como sequías, inundaciones y ciclones que aquejan gran parte del mundo en desarrollo. Hace mucho tiempo que deberían haberse identificado las causas profundas inducidas por el hombre y haberse propugnado cambios estructurales y políticos que las combatan (IFRC 2001). Por ejemplo, la destrucción del medio ambiente natural debido a la explotación forestal y la utilización inadecuada de la tierra para obtener ganancias económicas en el corto plazo es uno de los principales factores que estimulan las inundaciones o deslizamientos de tierras tales como los que golpearon a Venezuela en diciembre de 1999. Del mismo modo, la migración de la población hacia zonas urbanas y costeras aumenta la vulnerabilidad humana a medida que las densidades demográficas aumentan, la infraestructura se sobrecarga, las áreas habitables se acercan a las industrias potencialmente peligrosas, y se construyen más asentamientos en zonas vulnerables tales como llanuras aluviales o zonas proclives a los deslizamientos de tierras. Como consecuencia, las catástrofes naturales afectan a más personas y las pérdidas económicas aumentan. Por ejemplo, a pesar del hecho de que la actividad sísmica se mantuvo constante en los últimos años, los efectos de los terremotos en las poblaciones urbanas parecen estar incrementándose.