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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Desastres causados por las actividades humanas

Una serie de accidentes importantes con productos químicos y materiales radiactivos atrajo la atención del mundo entero hacia los peligros de una mala gestión, especialmente en el sector de transporte, de productos químicos y de energía nuclear. Esos sucesos frecuentemente tienen efectos que trascienden las fronteras nacionales; ponen de relieve también el hecho de que las cuestiones relativas a la seguridad tecnológica no conciernen sólo a los países desarrollados.

Algunos desastres trajeron como consecuencia la introducción de reglamentos voluntarios u obligatorios diseñados para prevenir acontecimientos similares. La preocupación pública después de la explosión ocurrida en 1976 en una planta de plaguicidas en Seveso, Italia, donde se liberó tetraclorodibenzodioxina 2, 3, 7, 8 (TCDD), condujo a la introducción en 1982 de una directiva europea relativa a los riesgos de accidentes graves en determinadas actividades industriales. Del mismo modo, otros accidentes importantes, tales como la pérdida de isocianato de metilo en Bhopal, India, en 1984 y el incendio en el depósito de la empresa suiza Sandoz en Basilea en 1989, estimularon la creación de legislación en muchos países para prevenir y controlar los incidentes con productos químicos. Influenciada por el accidente de Bhopal, en particular, la Oficina Internacional del Trabajo elaboró en 1993 el Convenio Nº 174 sobre la Prevención de Accidentes Industriales Mayores y la Recomendación Nº 181 sobre la Prevención de Accidentes Industriales Mayores. Esos documentos exigen un intercambio internacional de información pertinente, la elaboración de políticas dirigidas a tratar los riesgos y peligros de los accidentes de gran envergadura y sus consecuencias, y la admisión de que un accidente grave puede tener serias consecuencias para la vida humana y el medio ambiente.

El terremoto de 1999 en Izmit, Turquía

El 17 de agosto de 1999, un terremoto con una magnitud de 7,4-7,8 grados en la escala de Richter azotó la ciudad de Izmit, Turquía, y zonas aledañas. Los daños causados por el terremoto se calcularon en más de 13.000 millones de dólares. Más de 15.000 personas perdieron la vida, otras 25.000 resultaron heridas y 600.000 quedaron sin hogar. Se acusó al terremoto de ser el responsable de aumentar el déficit de las cuentas nacionales en unos 3 mil millones de dólares en 1999-2000 (equivalente a alrededor de 1,5 por ciento del PNB).

Se podría haber evitado una parte significativa de los daños si los códigos de construcción locales se hubieran implementado con eficacia. Numerosos edificios nuevos no habían sido diseñados adecuadamente, no se habían construido sobre cimientos lo suficientemente fuertes para resistir terremotos y no se habían emplazado en zonas donde los efectos de los terremotos habrían sido atenuados.

Fuente: ISDR 1999.


Edificio de apartamentos partido en dos por el terremoto de 1999 en Izmit, Turquía.

Fuente: Alexander Allmann, Munich Re.

Los accidentes nucleares graves tales como los acaecidos en Three Mile Island, Estados Unidos, en 1979, y en Chernóbil, en 1986, no sólo han generado acciones para fortalecer la seguridad nuclear y la preparación para situaciones de emergencia, sino que además forzaron a numerosos países a abandonar o restringir severamente el desarrollo del sector de la energía nuclear. Después del accidente de Chernóbil, se adoptaron dos tratados internacionales importantes: la Convención sobre Asistencia en Caso de Accidente Nuclear o Emergencia Radiológica y la Convención sobre la Pronta Notificación de Accidentes Nucleares. En años recientes, se adoptaron la Convención sobre la Seguridad Nuclear de 1994, que compromete a las partes a un nivel más alto de seguridad nuclear, y la Convención Conjunta sobre Seguridad en la Gestión del Combustible Gastado y sobre Seguridad en la Gestión de Desechos Radiactivos de 1997.

El derrame de petróleo del Exxon Valdez de 1989 en Alaska trajo como resultado daños descomunales para el medio ambiente y la economía, y produjo la elaboración de los «Principios de Valdez», un código de conducta voluntario para regir el comportamiento de las empresas hacia el medio ambiente, por parte de la Coalición para Economías Ambientalmente Responsables (CERES). Los «Principios de Valdez» orientan a las empresas en el establecimiento de políticas ecológicamente racionales y exigen la mejora de normas empresariales de seguridad ambiental, así como la toma de responsabilidad del posible daño ambiental causado por las mismas (Adams 1994).