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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Sucesos hidrometeorológicos

El suceso hidrometeorológico más conocido es el fenómeno de El Niño, cuyas repercusiones pueden ser serias. Por ejemplo, después de El Niño de 1983, el PIB de Perú cayó en un 12 por ciento, principalmente debido a una reducción en la producción agrícola e industria pesquera. La economía nacional tardó una década para recuperarse. Los daños en los países de la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) ocasionados por El Niño de 1997/98 se calcularon en más de 7.500 millones de dólares (CEPAL 1999).

El Niño y las enfermedades epidémicas

Las variaciones cíclicas de la temperatura y precipitaciones asociadas con El Niño son especialmente importantes ya que pueden favorecer el desarrollo y la proliferación de vectores de enfermedades epidémicas tales como el paludismo, el dengue, la fiebre amarilla y la peste bubónica (WHO 1999). En América del Sur, los brotes más graves de paludismo generalmente ocurren un año después del comienzo de un episodio de El Niño, ya sea que estén asociados con un aumento de las precipitaciones (como en 1983 en Bolivia, Ecuador y Perú) o con una disminución de las precipitaciones y escorrentías (como en Colombia y Venezuela).

Se indicó una vinculación similar entre el calentamiento de las aguas oceánicas superficiales por causa de El Niño, la proliferación de algas marinas y la aparición del cólera en América del Sur en 1992. El impacto de los extremos en las precipitaciones (tanto excesivas como escasas) es igualmente importante en la propagación de las enfermedades transmitidas por el agua tales como el cólera, las infecciones gastrointestinales y diversos tipos de diarrea. Ocurrieron brotes de cólera en 1997–98 en Honduras, Nicaragua y Perú relacionados con el aumento en las precipitaciones, que se asocia con El Niño (WHO 1999, PAHO 1998).

La mayoría de los países en América Central y el Caribe se encuentran dentro de la zona de huracanes, tanto del lado de las costas del Atlántico como del Pacífico. El huracán Mitch, que azotó la región en 1998 y afectó principalmente a Honduras y Nicaragua, provocó la muerte de más de 17.000 personas y dejó a tres millones sin hogar mientras que los daños se calcularon en 3.000 millones de dólares. El huracán también cobró vidas y causó serios daños ambientales y económicos en Costa Rica, El Salvador, Guatemala y República Dominicana (CRED-OFDA 2002).

Las inundaciones de 1999 en la costa norte de Venezuela tuvieron también efectos intensos: los daños se estimaron en más de 3.200 millones de dólares o el 3,3 por ciento del PIB del país (World Bank 2000). En el estado de Vargas, la zona más asolada, se perdieron más de 230.000 puestos de trabajo. El estado de Miranda también resultó muy perjudicado: la ruptura de la presa El Guapo causó escasez de agua y se informó de la pérdida del 60 por ciento de los cultivos (MoPD Venezuela 2000). Se calcula que el saldo fue de 30.000 muertos, de 30.000 familias sin hogar y más de 81.000 viviendas destruidas (IFRC 2002).

Efectos ecológicos y sociales de los terremotos en El Salvador

La serie de terremotos que sacudió El Salvador a principios de 2001 comenzó con uno de 7,6 grados en la escala de Richter que, en principio, se consideró como un suceso aislado. Sin embargo, fue sólo parte de una serie que se prolongó por semanas y demostró las complejas repercusiones sociales y ecológicas de ese tipo de sucesos. Además de la pérdida de vidas e infraestructura durante la sucesión original de terremotos, el impacto ha sido duradero en las personas y los ecosistemas. Por ejemplo, la pesca artesanal perdió una parte esencial de su estructura de amarre al igual que infraestructura de servicio para el procesamiento y transporte del pescado al mercado en tierra. Un total de 30.772 fincas resultaron dañadas y los agricultores se vieron forzados a esperar las lluvias durante tres meses ya que no tenían fondos para reparar los sistemas de riego averiados. La destrucción del 20 por ciento de las plantas de procesamiento de café del país perjudicó gravemente los puestos de trabajo y el ingreso de miles de familias rurales en un país que también había sufrido los efectos del huracán Fifi en 1974, los conflictos civiles entre 1978 y 1992, el terremoto de 1986 y el huracán Mitch en 1998.

Fuente: UNICEF 2001.