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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Sequías

La sequía de 1998-99 en los países del Mashreq tuvo graves repercusiones en el ganado ovino y sus propietarios, muchos de ellos se vieron forzados a vender sus rebaños a precios bajos por falta de pastizales.

Fuente: PNUMA, Topham Picturepoint.

Aparentemente, las lluvias están disminuyendo en algunos países que limitan con el mar Mediterráneo. Durante los últimos 100 años, las precipitaciones decrecieron en más de un 5 por ciento en gran parte de las tierras que bordean el Mediterráneo con algunas pocas excepciones tales como Libia y Túnez (IPCC 1996). La región sufrió sequías durante los años treinta, sesenta y noventa. En los inviernos de 1991-2 y 1992-3, la caída de nieve fue poco frecuente en numerosas zonas del este del Mediterráneo (WMO y UNEP 1994). Los ciclos de sequía se han tornado intensos y más frecuentes. La sequía de 1998-9 afectó a muchos países y Siria fue la que sufrió en mayor medida al experimentar la peor sequía en 25 años (FAO 1999).

Los efectos más directos de la sequía fueron la mala cosecha y un descenso en la producción pecuaria y de cereales. En Iraq, por ejemplo, la producción de cereales decayó en un 20 por ciento en comparación con el año anterior y en un 40 por ciento comparado con la producción media del quinquenio precedente (FAO 1999). El informe de una misión de la FAO/PMA en Siria expresaba que una gran parte de la población de los pastores nómadas se enfrentaba a «una ruina financiera» ya que había 4.700 hogares seriamente vulnerables a sufrir escasez de alimentos y que tenían la apremiante necesidad de recibir ayuda alimentaria. La producción de cereales quedó seriamente perjudicada también. La cosecha de cebada se calculó en sólo 380.000 toneladas, menos de la mitad del total de 1998 y un 72 por ciento menor al promedio quinquenal anterior. Se tuvieron que satisfacer las necesidades locales por medio de importaciones. La reducción en la producción de trigo fue menos grave (28 por ciento debajo de la media) ya que el 40 por ciento de los trigales de Siria es irrigado. Jordania resultó perjudicada también por la sequía, que causó la disminución de la producción nacional de trigo y cebada en un 88 por ciento en 1999 (WFP 2001).

Algunos de los 600 pozos petrolíferos incendiados deliberadamente durante la segunda Guerra del Golfo en enero de 1999.

Fuente: PNUMA, Sandro Pintras, Topham Picturepoint.

Las sequías traen como consecuencia problemas económicos, sociales y ambientales. Las dificultades económicas se intensifican durante las sequías y pueden conducir a conflictos sociales entre los usuarios de la tierra, especialmente en los países del Mashreq y en Yemen donde predomina una economía basada en la agricultura. La sequía es asimismo un importante factor que limita el desarrollo económico de la región ya que afecta al desenvolvimiento de los regímenes agrícolas e hídricos y, en última instancia, a la producción alimentaria.

El forraje y pienso escasean en los pastizales durante las sequías. Además, el descenso en la producción de cereales y la disponibilidad limitada de rastrojos empeoran los efectos de las sequías en el ganado ovino y, por consiguiente, en el bienestar de los seres humanos. La pérdida de ganado ovino y el precio elevado del pienso suplementario condujeron a una caída significativa en el ingreso de los agricultores y muchas familias se vieron forzadas a vender sus animales y otros bienes a precios bajos (FAO 1999).

La degradación de tierras, principalmente en forma de desertificación, es uno de los problemas más serios de la región. Aunque a menudo se responsabiliza de la desertificación a las prácticas deficientes en la utilización de tierras, las sequías aumentan los efectos y expanden la superficie propensa a desertificarse para abarcar zonas que normalmente no estarían bajo ningún riesgo. La disminución en la cubierta vegetal debida a las sequías puede aumentar también la erosión y conducir a una pérdida casi irreversible del potencial de producción y, posteriormente, llevar a la desertificación (Le Houérou 1993, Parton y otros 1993).

Las naciones han reaccionado ante las sequías mejorando los esfuerzos nacionales para combatir la desertificación e integrándose a los concertados internacionalmente con la misma meta, como la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. Bajo los auspicios de ese tratado internacional, se elaboraron programas de acción nacionales y se adoptó un programa de acción subregional para luchar contra la desertificación y la sequía en 2000 (UNCCD 2001).

A nivel nacional, las acciones y medidas adoptadas incluyen modificar las políticas agrícolas e hídricas y dar prioridad a las zonas afectadas por las sequías.