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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Desastres causados por las actividades humanas

Con la excepción de Finlandia, todos los países que lindan con la zona del Ártico poseen terminales petroleras o importantes rutas de transporte de petróleo o materiales peligrosos en sus zonas árticas. Entre otras actividades humanas cabe mencionar la explotación de petróleo y recursos minerales por parte de todos los países excepto Finlandia y Suecia. Islandia tiene un vertedero de materiales peligrosos y la Federación de Rusia posee varios sitios nucleares y vertederos de desechos radiactivos en su zona ártica. En un estudio del riesgo ambiental que plantean las actividades humanas en el Ártico, realizado bajo los auspicios del Consejo del Ártico, se llegó a la conclusión de que la mayor amenaza consistente en la descarga de un contaminante que exija reacción en casos de emergencia es el transporte y almacenamiento de petróleo. Los sitios nucleares, aunque están evaluados en general como menos que una amenaza, podrían afectar a zonas muchos más extensas (EPPR 1997).

Las rupturas y pérdidas en los oleoductos, tales como los ocurridos en la zona de Usinsk, en Rusia, en 1994, cuando se derramaron 116 millones de litros de petróleo crudo (Oil Spill Intelligence Report 2002), y el accidente del buque petrolero Exxon Valdez en Alaska, en 1989, en el que se derramaron casi 50 millones de litros de petróleo crudo (NOAA 2001), son ejemplos de efectos ambientales catastróficos en la región. Muchos accidentes de menor envergadura, como los pozos surgentes sin control y el vertido accidental de lodo contaminado durante la perforación, también traen como resultado la contaminación ambiental (AMAP 1997).

Vertederos de desechos nucleares: Ártico

El mapa muestra los lugares de vertimiento de desechos radiactivos sólidos y líquidos en las zonas árticas de la Federación de Rusia.

Fuente: AMAP 1997.

Tanto las actividades del pasado como las del presente, en las cuales se manipulan materiales radiactivos en el Ártico generan un alto riesgo potencial de accidentes, aunque aún no se ha producido una contaminación radiactiva a gran escala. Por ejemplo, los accidentes tales como el hundimiento del submarino nuclear soviético Komsomolets en 1989, el del submarino nuclear ruso Kursk en 2000, y el accidente en el que un avión estadounidense con armas nucleares se estrelló cerca de Thule, Groenlandia, en 1968, no descargaron sustancias radiactivas en el medio ambiente.

La Unión Soviética vertió desechos radiactivos de nivel elevado, medio y bajo en los mares de Kara y Barents entre 1959 y 1991 (véase el mapa), que comprendían, entre otros, seis reactores nucleares de submarino y un ensamblaje de protección procedente del reactor de un rompehielos que contenía combustible nuclear agotado (AMAP 1997). Desde entonces, la investigación y los datos recogidos han indicado que no han migrado cantidades significativas de materiales radiactivos desde el vertedero y solamente las muestras muy locales muestran niveles elevados de radionúclidos. Los riesgos principales pueden ser a largo plazo a medida que los contenedores se corroen.

La contaminación radiactiva proveniente de las plantas de reprocesamiento europeas en el decenio de los setenta y los ensayos atmosféricos de armas nucleares en el decenio de los sesenta contribuyeron a la contaminación actual de nivel bajo del Ártico (AMAP 1997, OTA 1995). Existen datos limitados sobre cuánto material radiactivo se vertió o dónde se lo descargó en el Ártico y cualquiera de esos sitios podría ser «un desastre latente» (AMAP 1997).

Los gobiernos, empresas y organizaciones internacionales están todos emprendiendo acciones para aumentar la preparación en casos de desastre en la región. La cooperación intergubernamental se realiza tanto en forma bilateral como multilateral, especialmente por medio del Consejo del Ártico. Dos de los programas del mencionado Consejo, el de prevención de emergencias, preparación y respuesta (EPPR, según su sigla en inglés), y el de Protección del Medio Marino del Ártico (PAME, según su sigla en inglés), produjeron información y directrices importantes sobre los riesgos ambientales en el Ártico. Por ejemplo, en 1997, el EPPR elaboró las Directrices para la explotación mar adentro de gas y petróleo en el Ártico dirigidas a los organismos reguladores. El PAME elaboró una directriz sobre la transferencia de productos derivados del petróleo desde los buques a tierra y de buque a buque (Arctic Council 2001). La UICN y la Asociación de Productores de Petróleo y Gas elaboraron pautas para la protección ambiental en el Ártico y el subártico (IUCN y E&P Forum 1993).