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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Grupos vulnerables

Aunque todos somos vulnerables a impactos ambientales de algún tipo, la capacidad de las personas para adaptarse al cambio y controlarlo es muy variada. Los países en desarrollo, en particular los menos desarrollados, tienen menos capacidad para adaptarse al cambio y son más vulnerables a las amenazas ambientales y a los cambios del planeta, así como a otras presiones. Esta situación es más extrema entre los pueblos más pobres (IPCC 2001) y los grupos en mayor desventaja, como las mujeres y los niños.

La capacidad de control de la sociedad humana es una combinación de todas las características naturales y sociales, y de los recursos disponibles en un lugar particular que se pueden aprovechar para reducir el impacto de los riesgos (IATFDR 2001). Entre éstos se incluyen factores tales como riqueza, tecnología, educación, información, habilidades, infraestructura, acceso a los recursos y capacidad administrativa. En dos o tres ocasiones, cuando mucho, se informó sobre desastres en Estados Unidos en 1999, al igual que en India o Bangladesh, pero el número de decesos fue mayor 14 y 34 veces respectivamente en India y Bangladesh que en Estados Unidos (UNEP 2000). El factor fundamental detrás de estas estadísticas radica en las ventajas que disfrutan los habitantes de Estados Unidos en cuanto al nivel de su capacidad de control (véase también el Capítulo 2, «Desastres»). Por lo tanto, no hay una correlación directa entre los sucesos extremos y su nivel de impacto humano.

En muchos casos una capacidad de control que fue adecuada en el pasado no se ha acompañado el ritmo de los cambios ambientales. Esto puede suceder cuando se reducen o eliminan las opciones tradicionales (el asentamiento de nómadas, la introducción de reglamentaciones que restringen el aprovechamiento de recursos anteriormente libres) o cuando surgen nuevas amenazas para las que no hay un mecanismo de control, cuando faltan recursos y la tecnología y habilidades resultan insuficientes.

Algunos grupos están más expuestos que otros a riesgos ambientales particulares: las poblaciones urbanas están expuestas a altos niveles de contaminantes y materia particulada del aire, los habitantes de barrios marginales con frecuencia carecen de la infraestructura mínima de protección, los trabajadores pueden estar expuestos a peligros particulares en el lugar de trabajo, y quienes carecen de información simplemente pueden desconocer las amenazas que los rodean. Una amplia variedad de factores sociales y económicos tiene repercusiones directas e indirectas para la vulnerabilidad humana a los cambios ambientales, entre los que se cuentan la pobreza y la desigualdad, así como la disponibilidad de los recursos naturales. Sin embargo, no existe un marco de referencia común para identificar todos estos factores.

Por lo general, la pobreza se reconoce como una de las causas más importantes de vulnerabilidad a las amenazas ambientales debido a que los pobres tienden a tener una capacidad de control más baja y, por lo tanto, sufren consecuencias desproporcionadas por los efectos de los desastres, conflictos, sequías, desertificación y contaminación. Pero la pobreza no es la única razón. La población más joven, ancianos, las mujeres y los niños con frecuencia son identificados como grupos especialmente vulnerables. Los refugiados, los emigrantes y otros grupos de desplazados carecen de los recursos físicos y la estructura social necesaria para responder a las amenazas, aunque, paradójicamente, al principio se pueden beneficiar de la alta exposición de su penuria. Los pobres urbanos, por otro lado, por lo general viven en la oscuridad, y en ocasiones de desastres sus cifras pueden incrementarse de modo impactante. Los mosaicos de la vulnerabilidad parecen tan complejos que se duda de cualquier intento de describir pautas y estimar tendencias a escala mundial e incluso regional. La decadencia económica general o gradual puede afectar a los grupos vulnerables de manera desproporcionada, creando dificultades severas pero ocultas en gran medida (Downing y Bakker 2000).

La dimensión cultural es importante. Las comunidades indígenas, con estilos de vida únicos, íntimamente adaptados al clima, la vegetación y la vida silvestre característicos de un lugar, pueden resultar particularmente amenazadas por los cambios ambientales (véase el recuadro). Tradicionalmente, muchas comunidades indígenas desarrollaron mecanismos de control altamente especializados para dominar su medio ambiente y los sucesos extremos que se presentaban con cierta periodicidad. Dichos mecanismos de control incluyeron un comportamiento de adaptación, tal como una emigración estacional y regular o una reubicación excepcional en tiempos de inundaciones o sequías, y cambios en las prácticas, como el cultivo y recolección de alimentos específicos; por ejemplo, frutos y alimentos que normalmente no se consumen en tiempos de buenas cosechas, se pueden aprovechar en tiempos de malas cosechas. Con el derrumbe de las pautas sociales y la reducción de opciones para conservar los estilos de vida indígenas, dichos mecanismos de control también están quedando atrás o desapareciendo.

La cultura y el cambio climático
La cultura de los pueblos indígenas de la cuenca del río Mackenzie, en el noroeste de Canadá, se encuentra bajo las amenazas de los cambios climáticos. Durante los últimos 35 años las temperaturas han aumentado rápidamente cerca de 1° C por década, lo que ha tenido como consecuencia que el permafrost se derrita, aumentando así el número de deslaves y de incendios forestales, y disminuyendo los niveles de agua subterránea. Los incendios forestales más frecuentes reducirán especies terrestres, acuáticas y de aves de importante tradición. Debido a la disminución de la disponibilidad del agua, las ratas almizcleras ya desaparecieron en el delta de los ríos Peace y Athabasca. Cambios como éstos en el ecosistema y en la base de recursos ponen en peligro la sostenibilidad de estilos de vida tradicionales que dependen de la flora y fauna silvestres obtenidos mediante la caza, la pesca y la captura como fuente principal de alimentos, ingresos y vestimentas tradicionales.

Fuentes: Cohen y otros 1997.

Se considera que las comunidades pobres o indígenas son las más vulnerables a los sucesos relativos al clima, como tormentas, inundaciones y sequías, debido a deficiencias en los servicios de asistencia social y en los sistemas, como la infraestructura para el suministro del agua (IPCC 2001). También resultan más afectadas por plagas y enfermedades, especialmente las transmitidas por vectores, respiratorias y otro tipo de enfermedades infecciosas (Woodward y otros 1998, Braaf 1999). Además, ya que muchos pobres habitan entornos rurales aislados o en las periferias de grandes poblaciones y ciudades, se encuentran más expuestos a problemas sociales asociados con la inseguridad económica, el suministro inadecuado de agua y los niveles de salud más bajos.