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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Conclusiones

Los niveles de riesgo y vulnerabilidad humana cambian con el tiempo. En una sociedad resistente, con intervenciones apropiadas, la recuperación y mitigación pueden hacer retroceder la vulnerabilidad a un nivel anterior (de referencia) o reducirla a un nivel más bajo, aunque un ritmo de cambio demasiado rápido podría exceder la capacidad de la sociedad para adaptarse. Los cambios ambientales, que por su naturaleza son de largo plazo, pueden significar que una potencial vulnerabilidad futura sea tan importante como una presente. La capacidad de adaptación puede ser más importante para determinar la vulnerabilidad humana a largo plazo que la aptitud para controlar las situaciones críticas presentes.

Al parecer, el grado y alcance de la vulnerabilidad está aumentando debido a una combinación de factores, como el creciente impacto de las actividades humanas en el medio ambiente, la reducción en el funcionamiento eficiente de los ecosistemas, la menor capacidad del medio ambiente para proporcionar bienes y servicios, la población creciente y más concentrada en un espacio, así como el mayor asentamiento humano en zonas de alto riesgo. A medida que aumentan los efectos de las actividades humanas en el medio ambiente, disminuyen las opciones de la población. Así, la vulnerabilidad humana al medio ambiente se incrementa a pesar de muchos casos de capacidad de control adecuada.

La evaluación contribuye a tomar decisiones con mayor información acerca de las actividades de preparación, mitigación, alivio y rehabilitación, pero hay un desfase entre el tiempo necesario para efectuar dichas evaluaciones y el tiempo óptimo para una respuesta. Existe una brecha creciente entre el rápido ritmo de la degradación ambiental y el lento avance de la respuesta social. Esta brecha amenaza con mermar los activos y opciones del medio ambiente para las generaciones futuras, además de incrementar los costos de los sustitutos para los recursos faltantes (Kasperson y otros 1999). Por lo tanto, se le debe conceder una alta prioridad a la evaluación rápida de la vulnerabilidad, así como al diseño de respuestas iniciales de protección, como sistemas de alerta temprana, al tiempo que se ponen en práctica medidas correctivas a un plazo más largo. La restauración ambiental, con las posibilidades que ofrece de reducir la vulnerabilidad, entonces se convertirá en un componente importante del desarrollo sostenible.

La complejidad de los procesos de cambio hace que resulte altamente especulativa la medición y evaluación de la vulnerabilidad humana a largo plazo o ante los futuros cambios ambientales, por lo que resulta difícil determinar el tipo de inversión más efectiva para afrontar las amenazas en cuestión. Es necesario tener una idea más amplia de la interacción entre los factores sociales y físicos que determinan la vulnerabilidad humana para así poder aumentar la capacidad de mitigar los posibles impactos dañinos producto de los cambios ambientales. Se debe estudiar el vínculo entre las causas y los efectos. Los modelajes de sistemas y análisis de sensibilidad pueden ayudar a determinar la naturaleza y oportunidad de las mejores medidas según un criterio de costo-beneficio, para anticiparse a las amenazas en donde priman la incertidumbre y las relaciones complejas.

El retraso de una respuesta a una amenaza ambiental con frecuencia proviene de la incertidumbre o falta de conocimiento. Mejorar el proceso evaluatorio puede ayudar a resolver esta situación aunque en ocasiones, aun conociendo los riesgos, no se emprenden acciones inmediatas. Sin embargo, los estudios regionales sugieren que la falta de respuestas se puede atribuir más que a una apatía o falta de conciencia de parte del público, a ciertas políticas gubernamentales de corta visión cuyo único propósito es el crecimiento económico, combinadas con una falta de voluntad política, la tolerancia del gobierno ante un daño en zonas marginales y a la población vulnerable, y una extendida corrupción política (Kasperson y otros 1999). Todas estas cuestiones constituyen asignaturas pendientes.

En el pasado reciente, las respuestas a la vulnerabilidad humana han pasado de la atención de problemas únicos mediante medidas individuales (como el control de inundaciones mediante la construcción de diques), al desarrollo de una combinación de medidas para fines múltiples (proyectos de construcción de represas con propósitos múltiples, sistemas de alerta, seguros, zonificación del uso de las tierras, gestión integrada de cuencas hídricas). En la actualidad, estas cuestiones se aprecian en el contexto más amplio del desarrollo sostenible (Mitchell 2000). Para poder apoyar estas nuevas maneras de formular políticas los enfoques deben integrarse aún más con el fin de aumentar la posibilidad de captar todos los aspectos de la vulnerabilidad humana.

Marco para la evaluación del riesgo

En 1987 la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo se pronunció por el cumplimiento de los siguientes puntos:

  • identificación de las amenazas principales para la supervivencia, seguridad o bienestar de todos o la mayoría de las personas, tanto en el plano mundial como en el regional;
  • evaluación de las causas y posibles consecuencias humanas, económicas y ecológicas de esas amenazas, con informes regulares y públicos sobre los resultados;
  • disposición para buscar asesoría de expertos sobre lo que debe hacerse para evitar, reducir o adaptarse a esas amenazas, y
  • disposición para buscar fuentes adicionales de consulta para los gobiernos y organizaciones intergubernamentales, en materia de políticas y programas para enfrentar esas amenazas.

Desde que se publicó el informe de la Comisión, el IPCC ha organizado grupos de trabajo sobre vulnerabilidad y se iniciaron el Sistema de Investigación y Capacitación en Análisis (START) y el Proyecto sobre Zonas en Situación Ambiental Crítica. Estos estudios demostraron que la capacidad de control difiere considerablemente de un país a otro. El IPCC afirma que la vulnerabilidad y la capacidad de control están inversamente relacionadas y difieren de una sociedad a otra.

Fuentes: WCED 1987, IPCC 1996.

En un número cada vez mayor de zonas, el daño ambiental puede ser ya irreversible, o la restauración y reducción de la amenaza pueden requerir tanto tiempo que la adaptación debe acompañar cualquier medida correctiva. Junto con las medidas de gestión y prevención de desastres a corto plazo, se debe preparar a la población para adaptarse a dichas situaciones, especialmente cuando el cambio puede acelerarse en el futuro. La adaptación es una cuestión vital cuando parecen inevitables los impactos a los que la población es vulnerable.

La participación de los afectados directos es importante para responder a la vulnerabilidad humana, con el fin de asegurar la capacidad de control en situaciones reales y de aumentar las posibilidades de éxito al involucrar a tantos interesados como sea posible para aplicar mecanismos de control (IFRC 1999). Son ellos quienes deben examinar y reforzar sus capacidades para la preparación y aplicación de medidas correctivas con el fin de aumentar la capacidad de control y poder participar, después de examinado un suceso, en iniciativas nuevas que puedan reducir las pérdidas en el futuro. Las comunidades que cuentan con estrategias eficaces de acciones de mitigación pueden encontrar formas de ayudar a otras poblaciones en riesgo cuando se enfrenten a amenazas similares. En todos los casos, la evaluación de las condiciones de la comunidad ofrecerá a los responsables correspondientes toda la información relevante que necesitan para tomar decisiones estratégicas dirigidas a contrarrestar la vulnerabilidad.

Esta perspectiva de la vulnerabilidad humana ha demostrado que la pérdida continua de las defensas ambientales y el cambio mundial acelerado están aumentando las amenazas para el bienestar del ser humano, además de poner en riesgo el desarrollo sostenible. Las evidencias sugieren que muchas zonas del mundo se encaminan directamente a una crisis y que queda poco tiempo para crear respuestas eficaces si se pretende estabilizar la situación en deterioro (Kasperson y otros 1999). Las personas son cada vez menos las víctimas indefensas de actos de «fuerza mayor» y cada vez más las víctimas de actos de «fuerzas humanas». Sin embargo, la creciente comprensión de los procesos ambientales y una capacidad en aumento para emitir alertas tempranas ayudarán a detectar las amenazas y los riesgos, y ofrecer las respuestas adecuadas. Asimismo, en la actualidad hay mejores medios para prevenir y reducir el daño a las personas y las consecuencias negativas para las economías y las comunidades. Una mayor inversión ahora en una sólida gestión ambiental, en la preparación de la comunidad y en la reducción de la vulnerabilidad se traducirá en importantes ahorros para el futuro.