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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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Examen del avance

Voltear la vista tres decenios atrás produce sentimientos encontrados. Mucho se ha logrado, pero resta mucho por hacer. Aunque no todos los objetivos de largo plazo se han alcanzado, el mundo sigue la dirección adecuada. Queda claro, sin embargo, que existen diferencias en el camino hacia las distintas metas en las diferentes regiones.

«Las poblaciones en crecimiento (aunque en proceso de estabilización) y la mejora en la calidad de vida siguen intensificando las demandas de agua, alimentos, recursos forestales y espacio».

Se han alcanzado grandes éxitos en la reducción de la pobreza extrema, la educación primaria universal, la equidad de género, la reducción de la mortalidad infantil y el mejoramiento de la salud reproductiva. El desahogo de la deuda internacional ha contribuido a la financiación requerida para cumplir con estos objetivos en muchos países en desarrollo. Persiste la preocupación por algunas zonas, como gran parte de África, donde 10 por ciento de la población padece hambruna en la mayoría de las subregiones. Pero incluso esto representa reducciones de dos terceras partes y de tres cuartas partes durante el periodo de 30 años considerado. De manera similar, se ha demostrado que los objetivos ambientales más dependientes de la tecnología, como un uso más eficiente de materiales y mayores reducciones en las descargas de materiales tóxicos, son viables.

El sector privado ha representado un papel clave al aceptar una gran responsabilidad y reinvertir utilidades en investigación y desarrollo y en coaliciones empresariales mundiales y regionales. Estas nuevas agrupaciones han respaldado activamente la transferencia de tecnología a los países en desarrollo. El efecto de las iniciativas del sector privado se refleja aún más en el logro de metas como mejorar la calidad del aire urbano y brindar acceso al agua apta para el consumo.

En cuanto a las metas relacionadas con el estrés hídrico, degradación de la tierra, deforestación y pesca marítima excesiva, se han hecho avances significativos aunque costosos, pero persisten riesgos considerables. Las poblaciones en crecimiento (aunque en proceso de estabilización) y la mejora en la calidad de vida siguen intensificando las demandas de agua, alimentos, recursos forestales y espacio. Los cambios climáticos han contribuido a incrementar estas preocupaciones. Mientras que el porcentaje de la población que vive en zonas de elevado estrés hídrico permanece estable, ha aumentado el número total de personas potencialmente afectadas.

«Las medidas que han debido aplicarse para que el planeta alcance las metas de largo plazo han sido onerosas con frecuencia y no siempre populares».

Las crisis se han evitado gracias a desarrollos de infraestructura onerosos y políticas de precios, que representan una mayor carga financiera para los usuarios finales. La extensión de tierra en riesgo por la degradación del suelo provocada por el agua ha aumentado de manera significativa por la expansión agrícola hacia tierras marginales y por los cambios climáticos. Pero la velocidad a la que la degradación está teniendo lugar realmente ha disminuido de manera sustancial en el periodo gracias a que los agricultores han puesto en práctica medidas más estrictas para la conservación de la tierra en respuesta a nuevos regímenes impositivos y de subsidios. Para el año 2032, prácticamente ya no hay un avance neto en la degradación.

Se ha logrado poner freno a la deforestación. Se ha incrementado la superficie total de bosques en la mayoría de las regiones, en parte debido a que las zonas con plantaciones se han expandido. Sin embargo, el nivel de explotación forestal sigue aumentando. De manera similar, el crecimiento de la acuicultura y una mejor gestión de los sistemas de pesquerías (incluidos controles más estrictos para la pesca marítima) han evitado una disminución mayor en la mayoría de las poblaciones de peces, pero en términos generales la explotación no ha disminuido significativamente.

Por último, la escala y la naturaleza de los esfuerzos necesarios para abordar el cambio climático y la disminución de la diversidad biológica han sido enormes. Las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero por unidad de actividad económica han disminuido de manera importante en todo el mundo y los niveles absolutos se han reducido en las regiones más ricas. El desarrollo económico más rápido y el constante crecimiento demográfico en otras regiones han provocado el incremento de las emisiones absolutas, aunque las emisiones per cápita en tales regiones permanecen relativamente bajas. El resultado neto es un constante aumento en las emisiones mundiales.

Las concentraciones atmosféricas de CO2 siguen aumentando, lo que indica que se requerirán medidas muchos más estrictas en el futuro para que disminuyan de nuevo a los niveles fijados como objetivo. La temperatura mundial se ha incrementado casi 0,75 °C desde principios de siglo y sigue aumentando, aunque los modelos indican que, al tener efecto las reducciones ya negociadas, este ritmo de incremento ha llegado a un tope y empezará a disminuir en algunos decenios. Las manifestaciones regionales del cambio climático y el desarrollo de la infraestructura que ha tenido lugar para satisfacer las crecientes necesidades humanas y lograr las demás metas han puesto muchos sistemas humanos y naturales en un riesgo creciente.

En resumen, las fuerzas que impulsan al mundo en direcciones insostenibles, si bien no están necesariamente controladas, parecen estar en vías de ser aplacadas. No todas las tendencias alarmantes se han revertido, aunque en los peores casos «la situación está empeorando a un ritmo menor» (Meadows 2000). Las medidas que han debido aplicarse para que el planeta alcance las metas de largo plazo han sido onerosas con frecuencia y no siempre populares.

Detener la deforestación, la degradación de la tierra y la pesca marítima excesiva ha supuesto medidas drásticas, en ocasiones hasta prohibiciones totales a la actividad humana en algunas zonas.

La seguridad primero
La hipótesis da por sentado un mundo de disparidades sorprendentes en el que prevalecen la desigualdad y el conflicto. Las tensiones socioeconómicas y ambientales dan lugar a olas de protesta y oposición. A medida que tales problemas se hacen más persistentes, los grupos más poderosos y ricos se centran en la autoprotección, creando enclaves parecidos a los «barrios privados» de hoy. Tales islas privilegiadas proporcionan un mayor grado de seguridad y de beneficios económicos a las comunidades dependientes en sus alrededores inmediatos, pero excluyen a la masa de personas menos aventajadas. Los servicios sociales y órganos reguladores caen en desuso, pero las fuerzas del mercado siguen operando fuera de esas fortalezas.

Los esfuerzos por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero han requerido incrementos importantes en los impuestos a la mayoría de las fuentes de energía y ciertos productos químicos industriales, así como cambios onerosos en las prácticas agrícolas. Existe el interrogante sobre cuánto más puede lograrse con políticas similares, aun con los avances tecnológicos. También se ha puesto un signo de interrogación a cuánto tiempo más las empresas y el público en general seguirán aceptando tales políticas. Sin cambios fundamentales en el comportamiento y las demandas de los seres humanos, lograr la sostenibilidad bien podría significar un mundo mucho más controlado, burocrático, tecnocrático y, en última instancia, más deshumanizado.

En los primeros años del siglo, una visión universal que sitúa en primer plano los principios de mercado y las preocupaciones sobre la seguridad domina al desarrollo mundial. Lo anterior se refleja a nivel internacional en el tono desganado de los debates en la WSSD y otras reuniones similares. Las negociaciones sobre el cambio climático y otros acuerdos multilaterales sobre el medio ambiente avanzan a paso lento.

Cuando se presentan avances a nivel internacional, ocurren en zonas con un enfoque más económico, como el comercio internacional y la inversión extranjera. Aun en este ámbito, las iniciativas prometedoras como el Pacto Mundial, el GRI y la ronda de negociaciones comerciales de Doha en el seno de la OMC, toman mucho tiempo para cumplir la promesa de sentar las bases para una globalización equitativa y sostenible.

Tras los ataques terroristas en Estados Unidos y la respuesta armada inicial en Afganistán, se pone el acento en brindar seguridad con medios más tradicionales, como el poderío militar y el control de armas y flujos financieros. Poca atención se presta a las cuestiones sociales y ambientales que según muchos conducen a la actividad terrorista.