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GEO-3: GLOBAL ENVIRONMENT OUTLOOK  
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El reclamo del mercado: la necesidad de seguridad

El impulso del desarrollo sostenible, tan prometedor en el decenio de los noventa, se desvanece gradualmente por una gran variedad de razones. Las voces que instan al mundo a aprovechar este impulso y alcanzar las metas previstas no son escuchadas, porque prevalece la creencia de que los mercados libres por sí solos pueden ofrecer contrapesos suficientemente flexibles para enfrentar problemas de justicia social y de cuidado del medio ambiente. Esta complacencia también refleja preocupaciones opuestas, como las crisis fiscales recurrentes y la contracción de las economías nacionales, los ciclos de actividad terrorista y represalias y la continuación de conflictos armados en varias partes del mundo. De ahí que el primer decenio del nuevo siglo sea en muchas maneras un periodo para salir del paso sin saber bien cómo.


En África, el decenio se caracteriza por conflictos civiles prolongados que afectan a muchas naciones y que, con frecuencia, se introducen en países vecinos. En estos casos, poco se avanza en cuanto a lograr que los gobiernos sean más transparentes y responsables. Al mismo tiempo, la pandemia de SIDA continúa, frenando los progresos económicos aun en aquellos países que gozan de estabilidad política.

Siguen estallando conflictos en partes de Asia Occidental, que a veces hierven con intensa violencia. Las disputas por el agua, el petróleo y otros recursos se intensifican con estos conflictos y los incitan. La inestabilidad del precio del petróleo, debido a las fluctuaciones de la demanda y a la incapacidad de controlar el suministro en la región y en otras partes del mundo, frena el crecimiento de la región.

Los problemas económicos siguen siendo importantes en muchas partes de la región de Asia y el Pacífico. Caídas que recuerdan la crisis a fines de los años noventa resurgen periódicamente y afectan a un mayor número de países. También en este caso, los conflictos internos y externos siguen captando la atención y desviando valiosos recursos.

«Domina el desarrollo mundial una visión universal que sitúa en primer plano los principios de mercado y las preocupaciones sobre la seguridad».

En América Latina y el Caribe, los problemas generados por el constante crecimiento de megalópolis atormentan a muchos países, mientras que persisten conflictos internos relacionados con frecuencia con el narcotráfico. Al mismo tiempo, ante la presión que ejercen los países de América del Norte y algunas empresas multinacionales, la constante expansión del libre comercio en la región, más que las preocupaciones sociales y ambientales, constituye el foco de atención de muchos políticos.

La seguridad es una preocupación desgastante en América del Norte que provoca temor no sólo ante la amenaza de ataques físicos directos, sino también por la dependencia hacia proveedores extranjeros para obtener recursos estratégicos. Este temor incrementa la presión por explotar recursos en la región, incluidas partes de la región ártica. Los recursos del Ártico son más accesibles ya que el calentamiento climático extiende los periodos sin hielo en el norte. El acceso es más fácil por una ola de privatización en la región, que se extiende al control de los recursos naturales.

«En todas las regiones y a nivel mundial, entidades grandes no estatales influyen cada vez más en la agenda política y la impulsan. Dichas entidades incluyen a las empresas multinacionales, pero también a las bandas delictivas».

Brotes similares de explotación de recursos están ocurriendo también en las zonas árticas de la Federación de Rusia y los países nórdicos. En Europa, gran parte del esfuerzo de los responsables de la formulación de políticas se centra en el manejo de la expansión de la Unión Europea. Unos cuantos países más tienen cabida en la Unión, pero las tensiones persistentes relacionadas con impuestos, subsidios, inmigración, libertad de tránsito y otras cuestiones, frenan este proceso. Los desacuerdos también rondan entre un núcleo central de países que aspira a lograr una integración mucho mayor y otros que prefieren una unión más laxa. Mientras tanto, en Europa Oriental, los países generalmente logran poco progreso económico y sufren tensiones y conflictos internos adicionales.

En todas estas regiones y a nivel mundial, entidades grandes no estatales influyen cada vez más en la agenda política y la impulsan. Dichas entidades incluyen a las empresas multinacionales, pero también a las bandas delictivas. Por lo general se sabe que el nivel de corrupción dentro de los gobiernos va en aumento, aunque comprobarlo no es fácil, si bien se ha verificado un ligero incremento en la transparencia y rendición de cuentas.

El inicio del segundo decenio del nuevo siglo avizora un mundo que funciona en una atmósfera más laissez faire que antes. Las empresas ejercen un gran poder, pero siguen centradas en incrementar el valor que recibe el accionista, toda vez que creen que es labor de los gobiernos resolver los problemas ambientales y sociales. Sin embargo, dedican recursos a integrar fuerzas de seguridad privadas para proteger sus bienes en zonas con recursos estratégicos, en especial en países donde la protección se considera no confiable.